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El próximo sábado vuelve a abrir sus puertas "Mi Casita Inclusiva"

Se trata del comedor de barrio La Calera que surgió debido a la situación que provocó la pandemia. Además prevén incorporar talleres de diferentes temáticas

Frente a la caída de ingresos y el desempleo, los comedores comunitarios deben asistir a cada vez más personas. Redes, solidaridad y lucha diaria. Historias de supervivencia en la ciudad de Villa María.

“Habíamos frenado todo por el calor ya que la casa no tiene espacio físico para que las personas puedan alojarse bajo techo, no quería exponer a la gente al calor y esperar en la vereda; ahora que está próximo a llegar el frío queremos retomar con la actividad”, dijo Martina González, la responsable del comedor solidario.

“Mi casita inclusiva” funcionó durante el año 2020 en una vivienda particular de barrio La Calera; el espacio donde se otorgaban alimentos todos los sábados tuvo una importante convocatoria de vecinas y vecinos que se acercaron debido a la necesidad que presentó la pandemia por Covid-19.

“Tuvo mucha repercusión el comedor y queremos abastecernos para varios sábados y no cansar a la gente ya que sabemos que también está complicada la situación y cuesta todo”, dijo Martina González.

González anticipó que “Mi casita inclusiva” abre sus puertas el próximo sábado y para la apertura necesitan algunos elementos. “Como cerramos en diciembre los elementos que usábamos para cocinar los devolvimos y estamos necesitando una garrafa para poder cocinar”, explicó la referente del lugar.

“Según las cosas que se junten vamos a ir preparando los menús pero seguramente realizaremos algo con salsa para la gente que se acerque, pero los que quieran donar para colaborar lo pueden hacer a mi domicilio, Arenales 820, y si no al número de teléfono 154774958”, indicó.

“Pueden acercar todo lo que sea útil para cocinar, todo es bienvenido y es útil, carne y verdura siempre es bienvenido, puré de tomate y aceite que vamos a usar este sábado”, señaló.

“Como mujer trans pasé muchas situaciones feas y difíciles, pero creo que nada es imposible, se puede remar y luchar por un sueño, el mío es ser concejal por el colectivo trans y por los que menos tienen, devolver un poco de todo lo que me han dado en estos años”, dijo Martina González.

Solidaridad

Ante el panorama de incertidumbre que generó la pandemia el año pasado, los comedores y merenderos se volvieron espacios claves donde la gente acudía en busca de ayuda, ya sea de alimentos, ropa y contención.

En ese sentido, “Mi casita inclusiva” surgió como un espacio solidario en la casa de la villamariense Martina González, quien puso a disposición el espacio físico todos los sábados para entregar los alimentos.

“Los que me conocen en el barrio y las compañeras de la militancia trans saben cómo soy y que yo no vivo de esto, no me importa lo que muchos puedan pensar al respecto, lo importante es dar y colaborar”, dijo Martina.

Además, agradeció la colaboración de los vecinos y vecinas del barrio, “yo agradezco la oportunidad que me dan ellos, que conocen mi otro yo y saben muy bien mis raíces, quiénes son mi madre y mi padre, que son nacidos en el barrio”, explicó.

Y agregó: “Estoy muy contenta por sumar a las chicas trans en los talleres de autoayuda económica para poder enseñar a las familias prevención, conducta sobre el medioambiente, poder dar charlas sobre violencia de género, que tan necesarias son”.

Gran convocatoria

El espacio social de barrio La Calera comenzó funcionando con 60 personas y finalizaron en el mes de diciembre con más de 120; “este año queremos sumar mucha gente más ya que se presenta una situación más complejo aún”, sostuvo; “no teníamos tanto conocimiento debido a la pandemia que recién llegaba el año pasado, hoy en día ya sabemos manejarnos un poco más y seguir cuidándonos, con el distanciamiento y las medidas de bioseguridad”, remarcó.

La mujer, que milita en el colectivo trans ya hace varios años en la ciudad, dijo que el objetivo es que más familias se acerquen con su recipiente a buscar la comida los sábados. “Las vecinas consultaban cuándo volvíamos, la realidad es que yo no vivo de esto, soy empleada pública y lo hago con amor”.

“La mayoría eran mujeres y algunos hombres de barrio Felipe Botta y Las Playas que venían con sus recipientes, ya están todos avisados y esperemos que no esté frío para que sea más cómodo para todos”, dijo González.