Si realizáramos un viaje en el tiempo a los orígenes de la Generación Dorada, el nombre de Leandro Palladino asomaría con muchísima fuerza. Parte del famoso seleccionado que en el Mundial U22 de Melbourne 1997 llegó a semifinales y perdió con los locales por un triple, cuando tenían la final asegurada. En ese equipo ocho de los doce serían integrantes del Mundial de Indianápolis 2002 y de los Olímpicos de Atenas 2004.
Si bien Palladino estuvo en ese histórico subcampeonato del mundo en 2002, no pudo participar en los Juegos por no ser convocado por Rubén Magnano.
Multicampeón con Atenas de Córdoba en los noventa, integrante de esa dinastía liderada por Milanesio y Campana, hoy el Toro pasa el tiempo entre los campus que llevan su nombre, la representación de jugadores y un emprendimiento de indumentaria de básquet que comanda.
En diálogo exclusivo con Puntal, así analiza lo que fue su paso por el combinado nacional y la actualidad del básquet argentino, comenzando la charla con los inicios en Atenas y en el seleccionado.
“Eso sin duda que fue dándose a medida que las cosas se iban cumpliendo. Para mí, en lo personal, me tocó estar en dos camadas muy importantes: una, la de Atenas, con jugadores de grandísimo nivel como Milanesio, Campana, Osella, Oberto, con Rubén Magnano como entrenador y con la que logramos muchas cosas importantes a nivel nacional e internacional con el club. Y eso en lo personal me dio la posibilidad de estar en la selección argentina, que obviamente era un sueño personal, jugar un Mundial y ser partícipe de un grupo como es la Generación Dorada, que ha logrado tantas cosas, y estar en ese grupo reducido es algo que uno no lo piensa pero cuando estás ahí te das cuenta del esfuerzo que hicimos y todo lo lindo que es”, resalta.
-¿Cómo es tu presente hoy?
-Yo sigo con mis campus (reuniones de reclutamiento y clínicas de juego), tenemos una empresa de indumentaria deportiva exclusiva de básquet y represento jugadores. Estoy bastante ligado al deporte, por supuesto.
-En este tiempo de ver series, ¿creés que “Last Dance”, sobre Michael Jordan y los Chicago Bulls, ha sido de las mejores?, ¿qué te pareció?
-La verdad es que vi el primer capítulo ni bien salió y, sinceramente, quise esperar que se termine de dar toda la serie para verla seguido, soy muy ansioso. Fue muy buena, bien hecha y por ahí ves cosas de las que no estábamos al tanto en torno al grupo y al equipo, que son muy íntimas, y esta serie contó y mostró muchas cosas que por ahí no son lo que uno ve de afuera.
-En el Mundial de Indianápolis 2002 jugaron un básquet extraordinario, ¿considerás que ha sido de las selecciones argentinas que mejor han jugado?
-Yo siempre digo que sí, a pesar de que en los Juegos Olímpicos se ganó la medalla de oro (Palladino no fue citado a los JJ.OO.), por una cuestión de gustos y de lo que uno escucha y ha visto, el básquet que desarrollamos en ese Mundial fue algo casi rozando la perfección. Del primer partido hasta el último, la contundencia, agresividad, solidaridad y energía que transmitía ese equipo hacía que los partidos los jugáramos de una forma muy contundente y los rivales nos respetaban mucho.
-¿Cómo explicás la vigencia de Luis Scola?, quien va camino a su quinto Juego Olímpico.
-Primero y principal, es alguien que tiene un físico privilegiado, eso va acompañado de los cuidados, del descanso, de la nutrición, eso es lo más meritorio. Con la edad que tiene y jugando en ese nivel es increíble. Uno sabe cómo es Luis, día a día quiere mejorar y crecer y ahí están los resultados, no me sorprenden las ganas y la ambición de seguir creciendo.
-¿Es Leandro Bolmaro el proyecto máximo del básquetbol argentino hoy?
-Sin dudas es un proyecto muy interesante; por el poco proceso que tiene a nivel europeo cuenta con una base muy sólida de haber estado en Bahía Blanca, con la estructura de Pepe Sánchez, pero él lo está demostrando en un gran equipo como el Barcelona, ganándose un respeto en los minutos que juega y haciéndolo bien. Ojalá que sea el jugador argentino a futuro. Más que nada, no hay que meterle presión, ni apurarlo, esa va a ser la clave de su desarrollo.
-Entre Rubén Magnago, Julio Lamas y Sergio Hernández se han repartido los últimos 25 años del seleccionado, ¿quién pensás que puede ser el próximo entrenador?
-Yo creo que habría que escuchar y ver un poco más a los que fueron parte de la Generación Dorada y quienes pusieron a la Argentina donde está hoy. Están emprendiendo su carrera como entrenador exjugadores. Lucas Victoriano, Leo Gutiérrez, ni hablar Pablo Prigioni (asistente ofensivo en Minnesota Timberwolves de la NBA), que está en otro nivel ahora. Ellos pueden ser grandes responsables de seguir con toda la mítica y filosofía que le han puesto al básquet argentino y tienen mucha capacidad para enfrentar esta situación.
-Quizá la génesis de la Generación Dorada estuvo en el Mundial U22 de Melbourne 1997, en el que llegaron a semifinales, ¿lo considerás así?
-Fue un torneo muy importante porque fue un quiebre para después seguir creciendo y tener ese hambre de gloria. Había una camada de jugadores que se estaba empezando a conocer a nivel internacional. Ese torneo nos marcó saber que podíamos estar más arriba, una mala noche nos dejó afuera de la final (derrota 68 a 71 frente a Australia en semifinales, cuando Argentina tenía todo dado para ser finalista de ese torneo), y ese compromiso que hubo después de ese torneo para todos los integrantes del equipo de seguir mejorando y seguir teniendo oportunidades. Eso fue una gran virtud del grupo.
-Jugaste en España e Italia, ¿qué diferencias encontraste entre ambos países?
-A nivel deportivo, de competencia, España está un paso más adelante que Italia, hay mayores presupuestos, mejores equipos y mejores jugadores. Eso no quiere decir que Italia no esté a la altura de una buena liga internacional. España está mejor organizada y en lo que es el evento en sí de la Liga ACB está la diferencia, lo propio también con la infraestructura. Y en cuanto a la gente, por ejemplo, me tocó estar más al sur en Italia y ahí es muy parecido a Argentina, muy apasionados, muy gritones y calentones. El público del sur de Italia se hace sentir mucho.
Javier Albarracín. Redacción Puntal

