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El Gaucho de la ciudad

René Beltramo afirma que "hice muchos goles lindos, fui goleador en dos torneos Provinciales de la ACF, pero ese gol que sirvió para ganarle a Belgrano es inmortal. Todos los años me llaman para que lo cuente, y yo tiré un centro"

El wing con gambeta endiablada del “equipo de la ciudad”, se transformó en una leyenda. Ahora, René Beltramo es el Gaucho de la ciudad.

 

En el mundo, los futboleros sueñan con convertir un gol como el que Diego Maradona le marcó a Inglaterra en México ‘86.

En Villa María, los futboleros sueñan con convertir aquel gol que René Gaucho Beltramo le marcó a Belgrano de Córdoba en Plaza Ocampo en enero de 1985.

Fue el triunfo más recordado del fútbol de la ciudad, porque acabó con un invicto de 39 partidos de ese Belgrano temible, porque fue la primera vez que Alumni venció a la B, porque se alquiló una enorme tribuna y se cortaron 11 mil entradas en Plaza Ocampo y porque fue un tremendo golazo, que revirtió el marcador y selló un 2-1 que tuvo repercusión nacional.

Hasta El Gráfico escribió acerca de ese partido, porque acabó con un invicto a nivel nacional del Celeste y porque luego hubo graves incidentes entre el arquero Juan Manuel Ramos y varios compañeros (salieron en defensa del DT Victorio Nicolás Cocco).

El grito de una ciudad

Fue un 22 de enero de 1985, pero la ciudad sigue explotando en las redes sociales cada vez que observa cómo ese misil lanzado por el Gaucho Beltramo se clava en el ángulo superior izquierdo del arco de Negro Ramos. Es el grito de la ciudad. Es el triunfo más valorado por el villamariense del “equipo de la ciudad”.

Aunque nació un 25 de diciembre de 1957 en Pozo del Molle, Villa María adoptó para siempre a René Beltramo, ¿cuántas veces le pedimos al Gaucho de la ciudad que vuelva a contar ese golazo? Mil.

“Fue un centro. Cuando terminó el partido, estábamos festejando como locos en el vestuario, y me viene a buscar para hacer una nota Elio Rossi, que estaba en contacto con Víctor Brizuela. El Loco Salinas, que era más rápido que todos nosotros juntos, me agarra de los pelos y me grita: ‘No vas a querer decir que tiraste un centro. Fue un golazo’. Pero yo estaba tan emocionado, que lo primero que dije fue que tiré un centro”, recordó.

Gaucho hizo otros goles mejores para su gusto. “Hice uno lindo a Unión San Vicente, otro de tiro libre a Sportivo Belgrano, uno a Estudiantes, uno hermoso contra Racing de Córdoba en El Viejo Fortín. Pero éste, contra Belgrano, cada vez que lo veo me gusta más. Como me dijo Salinas, fui un boludo al declarar que tiré un centro, porque le pegué con el empeine, de lleno, y la pelota voló fuerte y entró al ángulo. Me preguntaron tantas veces por ese gol, que lo odiaba, pero ahora que lo volví a ver por las redes sociales, me empezó a gustar. Fue un golazo. Poné que la quise poner ahí, jaja”.

Beltramo era un wing de los mejores de su época. Todos los partidos, la gente esperaba que tirara la bicicleta. “Nunca la hice para cargar a los rivales, sino como recurso. Me salía naturalmente y a la carrera, la enganchaba con el taco y la pelota iba sobre la cabeza del adversario, que nunca esperaba que tirara ese lujo. Para mí era sólo una forma de esquivar al rival”.

En su gama de recursos, figuraba “la boba”, que patentó años después Andrés D’Alessandro, o la rabona del Diego, o tirarla por un lado y buscarla por el otro como Claudio Caniggia. Como René Houseman, “yo era rápido, y la raya era mi fiel compañera, tiraba paredes con esa línea de cal. Yo pateaba con las dos piernas igual de fuerte, usaba los dos perfiles, amagaba, y si me daban la raya, me iba por afuera y andá agarrarme”.

Insiste en que “si me cerraban la línea, me escapaba por adentro. Todos sabían que lo que yo hacía, pero no sabían en qué momento iba a amagar y decidir si escapar por adentro o por la línea”.

Destaca que “los recursos técnicos no están para burlarse del rival. Son un don, y deben utilizarse como recursos para pasar al rival. A la bicicleta la tiraba a la carrera, cuando el rival se me ponía bien de frente. Era como tirar un caño o driblear cambiando de pierna. No cualquiera es wing, pero cuando tenés un wing bueno haces diferencia en cualquier cancha. Mirá Valoyes en Talleres, o Villa en Boca. Son jóvenes, pero te desbordan siempre. Cuando terminen bien las jugadas, se irán a Europa. Mi fuerte era la velocidad y la pegada con las dos piernas”.

“Guachito” surgido de los potreros

Beltramo nunca hizo inferiores. “Todo potrero. Ni baby, ni inferiores, ni reserva hice. Yo amo la caza y la pesca. Entonces jugaba los torneos comerciales en Pozo del Molle, pero no firmaba para ningún club, porque en marzo se abría la temporada de caza”.

Recién fichó “en Sportivo Pozo del Molle a los 17 años. Jugué 3 años, fui goleador en la Liga de San Francisco, y me vine con la ‘Cuisa’ Tissera a Alumni en 1980”.

Remarca que “yo le pegaba fuerte con las dos piernas. Tiraba los córner desde las dos puntas, desde la derecha con la zurda, y los de la izquierda con la derecha. En el gol tan famoso a Belgrano le pegué con la parte de afuera del empeine. Siempre le pegaba así”.

Agrega que “todos tiran los centros abriendo el pie o con la cara interna, pero yo le pegaba de esa manera porque eran centros fuertes, para que la tocara cualquiera y vaya a la red. No tiraba un globito para que la cabecearan, la tiraba fuerte para que mis compañeros la fueran a buscar o la metieran en contra al querer sacarla”.

Aclara que “con Iván Miranda no quedaba nada al azar. Pateaba 100 tiros libres por práctica. Una vez, le ganamos a Mitre de Baldissera con dos córner míos calcados. Pochettino y Molina hicieron los goles”.

Explicó que “hacíamos muchos goles de pelota detenida. Entrenábamos mucho, y estábamos acostumbrados al sistema. Estaba aceitado hacer marcas personales, pero también con Pelé Sánchez sabíamos que cuando yo le volvía, me la tiraba al vacío, y cuando yo le picaba, me iba a volver para que me la tirara al pie. Jugábamos de memoria. Sánchez, Hiotidis y Agonil eran jugadores para cualquier equipo del país. Me hacían hacer muchos goles. Fui goleador de dos torneos Provinciales en el ‘84 y ‘85, en los que hice 20 y 23 goles”.

Beltramo sostiene que “era un grupo de amigos. No vi una pelea en ese vestuario de Alumni. Todos corrían, todos metían, y el único que ‘sobraba’ en el fondo era Henry (Rapetti). Jorge Molina me decía: ‘Dejá que yo lo marco. Vos volvé hasta la mitad de la cancha’. Yo corría a los laterales cuando se proyectaban, pero Molina los corría a todos y me liberaba. Todos se sacrificaban para que el equipo ganara. A la Plaza venían a perder, y afuera nadie nos goleó”.

Al banco no iba

Su cuenta pendiente fue no jugar en el fútbol profesional. “Sólo fui al banco dos veces en mi vida. En Talleres. ‘Pepona’ Reinaldi era el DT. Debuté contra Estudiantes. Entré en el segundo tiempo y lo volví loco al 4 de la Selección Argentina, Julián Caminos. Lo desbordé y le di un pase gol a Tedini. La rompí. Al partido siguiente contra San Lorenzo lo habían vendido a Bevilacqua. Todos decían que jugaba yo, pero me puso faltando 15’, y perdiendo 2-0. Me volví”.

Se volvió. “Alumni no me podía incorporar, porque ya me había transferido a otro equipo de la misma Liga. Iván Miranda lo llamó por teléfono a Antonio Candini para ir a Estudiantes. Le dijo: ‘Decile que no arregle con nadie, que lo voy a buscar y lo traigo ya a Río Cuarto. Yo tenía todo arreglado con Sportivo Belgrano, pero me fui a Estudiantes, y fui campeón Provincial. Después fui campeón con Argentino de Marcos Juárez”.

Explicó que “Candini y Esper eran muy amigos, y grandes dirigentes. A la altura de dos grandes clubes. Concentraba con Rosané en Río Cuarto, y me dijo que Cosio y Campagna odiaban jugar contra Alumni, por la marca personal”.