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La historia de Javier Sodero, entre Belgrano, River y ver crecer a Gallardo

El villamariense forma parte del cuerpo técnico de Pablo Lavallén hace ya un par de años, tras haber trabajado doce con Leonardo Astrada. Una historia marcada por los designios del arco; desde Alberdi a Núñez.

Javier Sodero nació en Villa María el 17 de julio de 1964. En 1982 llegó por primera vez a Belgrano donde estuvo una década hasta 1992.

Tuvo un papel importante en el histórico ascenso del pirata en 1991 con un gran equipo que tenía al Negro Nieto, Diablo Monserrat, Chiche Sosa, Spallina, Villagra entre otros, dirigido por un referente como Jorge Guyón. De Alberdi directamente a Núñez, el conocer a Passarella, Burgos, Crespo, entre otros de esa gran generación y ver crecer desde adolescente a Marcelo Gallardo, cuando el muñeco tenía quince años.

En la actualidad forma parte del buen cuerpo técnico de Pablo Lavallén, de último paso por Colón de Santa Fe. La charla comienza con el pirata y se extiende de lleno por una gran carrera como jugador y ahora entrenador.

-Te pregunto por el Belgrano de hoy, ¿cómo lo ves al club?

- Lo sigo mucho, es uno de los clubes que siempre veo, que están en mi corazón, siempre digo que Belgrano y River están dentro mío. Con River tengo un nexo muy fuerte, yo me quedé viviendo en Buenos Aires, además juego en el senior, sigo mucho en contacto con mis ex compañeros de esa época y con los que he tenido como jugadores cuando ya traba-jaba para el club. Me entristece verlo hoy a Belgrano por el hecho deportivo, donde está, y porque cuando nostros tomamos al club, no estaban bien de puntaje pero se terminó un torneo con 40 puntos. Fue una lastima que nos tuviésemos que ir y una lastima que no lo pudieron sostener en el torneo que seguía a nosotros, que era el mas importante. Donde haciendo 35 puntos estarían tranquilos por un par de campeonatos, no se dio eso y perdió la categoría. Tengo gente conocida en el club que están haciendo un enorme sacrificio para sostenerlo desde las finan-zas y estructra, habiendo ganado en muchas áreas pero lo futbolístico siempre tiene el mayor peso.

-Imagino lo que debe ser jugar en River con todo lo que representa, pero voy a la figura de Daniel Passarella, ¿Cómo lo recordás?

-Yo te diría que nos marcó a casi todos, por la conducta, por su ma-nera de ser, por generarnos responsabilidad no solo dentro de cancha sino fuera. Tanto él como el Tolo Gallego nos dejaron mu-chas enseñanzas para bien. Siem-pre lo tuve como uno de mis ídolos. Para mi, el Mundial 78 que lo vivi como adolescente me marcó mucho y a todos los tuve como grandes próceres del futbol. En Belgrano coincidí con otro cam-peón del 78 como Luis Galván, que fue un excelente jugador pero que como persona los ha sido diez veces más, que también me marcó por su humildad. A Daniel lo co-nocí cuando llegué a River en el 92, nos marcó desde la personalidad y desde lo futbolístico. Su figura se manchó con esa decisión de haber querido ser presidente de River y cometer los errores que cometió.

-Fuiste compañero de un joven Marcelo Gallardo en esa época ¿avisorabas algo de lo que ter-minó siendo como entrenador?

-Lo recuerdo que en los primeros entrenamientos iba con la reserva a entrenar una o dos veces por semana, tenía quince años. Casi que lo adopte como un hijo, le segui todo el crecimiento en Europa lo fui a visitar cuando jugaba en el Mónaco, viendo entrenamientos y demás. Además lo tuvimos como jugador con Astrada y si bien era un estratega dentro de la cancha, emparentándolo mas con un número cinco en el campo, pero nunca creí que sea tan apasionado desde lo técnico. Me sorprendió y tiene hoy un crecimiento exponencial, me saco el sombrero por como se va renovando y como le transmite eso al jugador, de ganar siempre, muchas veces uno se re-laja por ganar y aunque quieras hacer lo mismo no podés o no fluye como antes. Mi mayor admiración es esa, renovarse con los jugadores que tiene y volver a ser protagonista.

-En ese plantel estaba el Mono Burgos, otro que terminó siendo un gran entrenador y hace años mano derecha de Simeone

-Era otro personaje, un divino. Antes los arqueros concentrábamos juntos, compartimos mucho, es un personaje de película, nunca lo vi enojado, siempre con buen semblante, buena onda, siempre titrando chistes. Era un gran protagonista fuera de la cancha en el ánimo del plantel. Tengo muchas historias y siempre que nos juntamos con mis excompañeros sale el Mono porque estaba en todas las bromas, en todas las historias, siempre estaba presente. Una per-sonalidad admirable y es también otro que me ha sorpredido nota-blemente. Recuerdo que siempre decía que no se puede ir a comer con Simeone porque empieza a agarrar las copas, los vasos y arma equipos en la mesa y te habla de táctica. Eso lo pensaba a los veinte y tantos años, hoy es un apasio-nado del futbol. Una vez en Mar del Plata con él de vacaciones (Burgos es marplatense) y nos-otros con Argentinos haciendo la pretemporada, nos fue a hacer un informe de un partido que hicimos de verano, creo que era Gimnasia de La Plata y la información que nos dio fue impresionante. Parecía otra persona, no lo imaginábamos como técnico. Era un tipo que amaba y ama la múscia, ya en River tenía su grupo y en España siguió con eso hasta que tuvo que dejar.

-En 1991 ascienden de manera histórica con un gran Belgrano dirigido por Guyón que combi-naba mucho talento, pero a la vez mucho ADN de club.

-Fue tal cual lo decís, todo eso junto. En lo personal había sufrido desde el banco en el año 87 cuando perdemos contra Banfield una serie que teníamos ganada, faltando 10 minutos nos hacen dos goles y perdemos el ascenso. Des-pues de esa temporada el Negro Ramos (histórico arquero de Ra-cing de Córdoba) se va a Racing a préstamo y empiezo a atajar. Em-peiza Tognarelli y después agarro la tutularidad yo. Esas temporadas fueron un sufrimiento porque so-ñaba con ese partido contra Ban-field, tuve mucho tiempo con muchas pesadillas por eso. Ese plantel del 91 se fortaleció con las necesidades que teníamos, peleas con los dirigentes por los pagos y haber podido llegar a otra fnal y contra el mismo rival para mi era especial. Fue un desahogo haber ascendido para redimir lo de aquel gran equipo que tuvimos y no se pudo ascender en el 87 con Marte-lotto, Villarreal, Ramonda, Parmi-giani. Ellos ganaron el regional yo en ese entonces jugaba en el Club Bell de Bell Ville. Al perder esa final se desmantela el equipo y para ese año del ascenso queda-mos la Chacha Villagra y yo. Los demás ya no estaban y para mi fue eso, un desahogo, una revancha por ese equipo que no pudo lograr el ascenso tres años antes.

Javier Albarracín. Redacción Puntal