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Berardo es el soldado heroico

En Cabral, le atajó un penal a Esquivel, que le permitió a Rivadavia empatar 1-1 ante Hipólito Yrigoyen. En la dramática definición por la vía de los penales, le contuvo a Ortiz y González para que el "verde" ganara 8-7

La tropa de Jorge “Chacho” Peñaloza celebra la clasificación a la final con el pueblo “verde” de Cabral, que tuvo a un soldado heroico: Marcelo Berardo.

 
El “diablo” se fue invicto. En Arroyo Cabral, el partido comenzó así. El zurdazo de Yanantuoni (10) se clavará en el ángulo. Lo tuvo, perdonó y lo pagó caro.   

Marcelo Berardo se vistió de superhéroe y clasificó a Rivadavia a la final del Torneo Apertura, que afrontará ante Ricardo Gutiérrez de La Palestina.

En Arroyo Cabral, el “verde” se impuso en una dramática e interminable definición por penales por 8-7 ante Hipólito Yrigoyen, con el que igualó 1-1 la semifinal de vuelta (habían empatado 0-0 en el partido de ida en Tío Pujio).

La serie fue dura y pareja como se preveía, pero el “diablo rojo” se imponía con un gol desde los vestuarios de Nicolás Yanantuoni.

Sin embargo, no liquidó el pleito y hasta pareció conformarse con poco y perdonar a un rival que se levantó de un duro golpe y con el venenoso tiro libre del final de Franco Gozzerino, encontró el empate con un cabezazo letal del interminable Matías Bendazzi en el primer tiempo.

No conforme con ello, apareció en escena un arquero formidable, que lejos de pensar en el retiro, ratificó todas sus virtudes a la hora de atajarle un penal restando 3’ a Maximiliano Esquivel.

Cuando Berardo se puso la capa de superhéroe, el final de la historia era previsible, y aunque fue necesario ejecutar 18 penales, el “1” se quedó con los tiros desde 11 metros de Ortiz y González, para sentenciar la clasificación del “verde” de Jorge Peñaloza, que se levantó del piso y no lo pueden parar.

Tantas veces me mataron

“Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí, resucitando”, recitó el DT “Chacho” Peñaloza cuando le preguntaron acerca de la clasificación de Rivadavia a semifinales, remontando una serie que estaba perdiendo 3-0, y ganándola 4-3 en tiempo adicionado con Los Zorros.

Eligió ahora decir que “estos jugadores se hacen camino al andar, y se niegan a irse del fútbol sin dar otra vuelta olímpica. Se la merecen, y ahora iremos por ella”.

Yrigoyen se fue invicto del campeonato: 9 triunfos y 7 empates.

Su DT, Martín Conti, con enorme dignidad, eligió declarar que “algo nos faltó, porque hacer todo era ganar esta semifinal, y algo faltó”.

El “diablo rojo” fue al frente con el viento a su favor y en la primera jugada del partido Maximiliano Esquivel le bajó con el pecho el balón a Nicolás Yanantuoni, que lo colgó del ángulo superior izquierdo con un tremendo zurdazo para hacer explotar la poblada tribuna visitante. Iban apenas 30 segundos.

El 1-0 pudo ampliarse, porque en la siguiente pelota que la visita cruzó al área, apareció solo Esquivel y definió cruzado, pero Berardo voló y tapó contra la base del palo derecho. Poco después, fue Yanantuoni quien, ingresando nuevamente por izquierda, tuvo el segundo, pero desvió en el área.

En ese momento de enorme desconcierto de un Rivadavia que no hacía pie y sufría en defensa, se lesionó Pereyra, y el ingreso del ya recuperado de su lesión Franco Gozzerino pareció solucionar todos sus problemas.

“Pepa” García se acomodó de central junto a Martínez y empezaron a sacar lo que antes era una situación de gol tras otra. Roda se encargó del lateral izquierdo, que parecía una zona liberada por la que Yrigoyen se filtraba sin piedad.

Cuando el “diablo” tuvo para acelerar y llevarse puesto al “verde”, puso el freno de mano, pareció conformarse con poco, y aunque no corrió riesgos, perdonó a un adversario que estaba para el nocaut.

Incluso tuvo una contra explosiva, en la que Arroyo controló un balón mal despejado por García, y se lo llevó a campo rival donde tenía espacio y tiempo para encarar con su velocidad y enfrentar a Berardo, pero tomó la mala decisión de abastecer a Velázquez, que estaba en posición adelantada.

Ante esa adversidad, Rivadavia tuvo el inmenso mérito de ponerse de pie y luchar. Gozzerino le dio más control de pelota, González corte, y con las ganas de Silvero dividió el dominio. El orden táctico lo mantuvo con vida, y las pelotas detenidas le dieron una ilusión.

A falta de juego, buenos fueron los tiros de esquina cerrados de Biani, que complicaron a Morales, que despejó uno, y Jacobi sacó otro en el área chica. Y cuando Yrigoyen dejó de quitar y comenzó a cortar con faltas, los tiros libres de “Kako” Gozzerino fueron claves. Morales le tapó el primero, luego despejó con los puños a duras penas, y más tarde llegó el empate, cuando Ártico le cometió falta a Biani (el defensor la protestó, pero no insistió porque poco antes había sido amonestado), Gozzerino envió el centro al área chica, donde Bendazzi ingresando por el segundo palo infló la red con un frentazo inmortal. 1-1 (46’).

Yrigoyen se dio cuenta de que la había dejado pasar... Perdonar no es divino en el fútbol, menos para el “diablo”, que ciego fue al frente y casi acierta con un tiro libre de Cristian Fernández que el viento impulsó y se perdió junto al palo derecho (48’).

Enojado, fastidiado y protestando, la visita se fue al descanso a los empujones con los locales. Pero eligió jugar el segundo tiempo y el partido le daría una segunda oportunidad para lograr la clasificación.

Cuando el “verde”, empujado por el viento a favor se empezaba a atrever a más, y Biani cruzó el balón al área, donde Silvero se perdió el gol del triunfo, Conti hizo gala de su “plantel largo” y dispuso los ingresos de Barrionuevo y Ortiz, que situaron al “diablo” más cerca de Berardo.

El duelo pasó a ser áspero y nadie dudaba en despejar para no perder, pero en ganar pensaban Arroyo y Biani, que no cerraban bien sus arribos. Barrionuevo no estuvo fino con los tiros libres y Ortiz no tuvo peso en el área rival, donde Esquivel encontró un balón en el que Martínez dudó y Lautaro Roberto lo derribó. Penal.

Esquivel ejecutó a la izquierda de Berardo, que a los 42’ tapó y dejó vivo al “verde”, y en los penales fue el soldado heroico de Cabral.