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Claudio Benetti: el cordobés que hizo vibrar La Boca una noche de diciembre

En exclusiva para Puntal, el volante rememora lo que fue el histórico título con el Xeneize en el año 1992, cortando una sequía de once años

La noche del 20 de diciembre de 1992 quedará para siempre en la memoria de Claudio Benetti y el hincha de Boca. Autor de uno de los goles más gritados de la historia del club, por cortar una racha de once años sin títulos locales, ya que en 1989 Boca había ganado la Supercopa frente a Independiente con Carlos Aimar con entrenador.

Cordobés que no ha perdido su tonada a pesar de los años, de estar afincado en La Matanza y dirigir su centro de entrenamineto además de jugar en el senior de Boca.

Después de su paso por el Xeneize, la carrera de Benetti fue por varios clubes argentinos y del exterior (jugó en Chile, Perú y Estados Unidos), para terminar en Estudiantes de Río Cuarto, que da el puntapié para la charla.

-Recuerdo que cuando me salió la propuesta para ir a Río Cuarto no lo pensé dos veces, fue en el año 2002. Era una linda banda, me acuerdo del Turco Farah, Mario Bertevello, Emanuel Zunino, Abatedaga, el Cara López (cuando le menciono que sigue jugando no lo puede creer). Me retiré a los 36 y hoy no me puedo mover, me duelen hasta los ojos.

-¿A qué edad llegás a Boca?

-Llegué a los 14 años, me compraron el pase desde General Paz Juniors. Me acuerdo que me probé una semana, me dieron el visto bueno y ahí se dio la transacción.

- Era una época de Boca bastante floja en lo deportivo y lo institucional.

-Era una sequía deportiva importante, no se ganaba desde el Metropolitano 81. Llegaban figuras de otros clubes que se ponían la camiseta de Boca y no movían las piernas, en el túnel realmente se dan cuenta de que la Bombonera tiembla, hay que estar preparado para eso. Había una mala administración, se llegó al punto de jugar con camisetas hechas con los números pintados (fue en el Metropolitano 84 como local frente a Atlanta).

-¿Sos consciente de que metiste uno de los goles más gritados por el hincha de Boca en la historia?

-Me lo recuerdan permanentemente, en este tiempo de cuarentena tuve muchas entrevistas en varios medios recordando eso. Se asemeja a lo que hizo Tevez contra Gimnasia subiéndose al alambrado, la diferencia que el mío fue en el de la 12. Yo lo tomo muy bien porque es una demostración de que pude hacer algo muy bueno en un club tan importante como es Boca. Es un alambrado épico, allí se colgaron grandes glorias como Batistuta, el Manteca Martínez o el Beto Márcico. Fue una linda etapa de mi vida, el hincha de Boca es muy especial, se acuerda mucho de los jugadores que hicieron grande al club.

-En pleno partido frente a San Martín sufrís un pelotazo y te dejó sin muchos recuerdos de los festejos, al punto que tuviste que ir al hospital.

-Cuando me dan de alta del hospital Durán se me acercaba la gente para pedirme autógrafos y yo no sabía por queé. Con el paso del tiempo mi vieja me fue contando, me terminó de caer la ficha y tomé magnitud de lo que había pasado. Fue un año difícil, eran once años sin ser campeón, en el 91 habíamos perdido la final con Newell’s de local. En Boca los tiempos no son como en otros clubes, ganás o te vas. En ese contexto, el Maestro Tabárez tenía la espalda suficiente para aguantar todo eso que vivimos. Fue un desahogo de todo el plantel, lo del año anterior había sido una frustración muy grande.

-¿Con qué Tabárez te encontraste?

-Me encontré con un tipo que hasta el día de hoy, no vi a nadie igual. Te doy un ejemplo de lo que hacía con los pibes: cuando cobrabas algún dinero te preguntaba qué habías hecho, si te comprabas un auto te mandaba a venderlo y te sacaba de la primera. Si te comprabas una casa te subía al micro y hacías la pretemporada. A mí me agarraba y me daba un libro para que yo leyera y después de la práctica le hiciera una síntesis de lo que había entendido sin repetir una sola palabra. El decía que los futbolistas repetimos siempre lo mismo en los repostajes y a mí no me tenía que pasar eso. No muchos se portan así.

-¿Cómo era la relación con la 12 en esa época?

-En ese campeonato, atrás nuestro venía River y una cosa era perder con Newell’s un campeonato y otra muy distinta con el rival de toda la vida, no nos hubiesen perdonado. Por eso la presión es mucha, estás expuesto las 24 horas, rendís examen todos los días. Hay que estar preparado psicológicamente. Por eso el jugador de inferiores sabe cómo es eso, en mis 12 años en el club lo aprendí, te preparan para estar en los momentos más importantes.

-¿Es muy difícil siendo juvenil del club mantenerse en Primera?, ¿es una realidad de siempre?

-Yo subí a Primera porque tuve la suerte de salir campeón en reserva después de 20 años. El plantel superior andaba muy mal y la gente empezó a pedir a los pibes, de que algunos tuviéramos la oportunidad. De ahí subimos Medero y yo, nos dirigía una gloria de Boca como Osvaldo Potente. Jugando en reserva te hacés hombre de Boca, en ese momento jugábamos antes del partido de primera con cancha llena y es ahí donde te tenés que mostrar. Ahora eso no pasa.

-Del campeón del Apertura 92, ¿cuál fue para vos el jugador más determinante?

-Había varios, el Mono Navarro Montoya estaba en un momento fantástico, Giunta contagiaba siempre, no dejaba de correr, pero la frutilla del postre fue Márcico. El venía de Francia muy maduro y se puso el equipo al hombro casi todo el campeonato marcando la diferencia, además de rodearlo de muy buenos jugadores. Entendimos todos que Boca es más importante que los jugadores individualmente. Después salió el tema de halcones y palomas y no tenía nada que ver con la realidad, sólo era una guerra de egos entre protagonistas. Después de una reunión dijimos que lo más importante era Boca y que teníamos que tirar todos para el mismo lado, así fuimos campeones.

-Hablando de fuertes personalidades, te pregunto por Roberto Cabañas, ¿qué me podés decir?

-Ponete a pensar que era una persona que sólo estaba hecho de fibra y músculo, no tenía grasa. Hacía cientos de abdominales y flexiones de brazo por día. En las concentraciones a las ocho de la noche ya estaba acostado, era un profesional al cien por cien. Cuando jugábamos calentaba el momento y nos contagiaba a todos, él nació para jugar en Boca, tenía todos los componentes y le fue muy bien. Lamentablemente se nos fue pero vive en el corazón de los hinchas.

-Por último, ¿qué eran Antonio Alegre y Carlos Heller, que como presidente y vice pusieron al club de pie?

-Si vos tenés gente buena que entiende las necesidades del club y de los jugadores y están de acuerdo en el mismo pensamiento, tarde o temprano las cosas se te dan. Ellos fueron la cabeza de ese proyecto. Yo les soy muy agradecido porque mi primer departamento me lo compré con la plata de mi primera prima cuando salí campeón y esa plata me la dio Carlos Heller.

Javier Albarracín. Redacción Puntal

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