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El bochófilo del pueblo

Francisco Bonaveri resalta que "jugué 74 años, gané 5 torneos argentinos, un Sudamericano, muchos especiales y cientos de campeonatos". Tiene 95 años, y la Federación Cordobesa lo distinguió entre los mejores de la historia

Es el bochófilo del pueblo. Francisco Bonaveri tiene 95 años, y jugó 74 años oficialmente a las bochas, pero en 2019 la pandemia lo forzó a pelear por su vida.

Le ganó al Covid-19, se cuidó, dio el máximo para atravesar un momento crítico, y no falló a la hora de decidir. Como cuando afrontó tantos campeonatos memorables luchó y salió airoso con temple.

Ganó 5 torneos argentinos (Villa María, Marcos Juárez, Necochea, Tres Arroyos y Gualeguaychú), y perdió la cuenta de los provinciales, “pero son más de 10”. Fue campeón sudamericano en Paraguay, y obtuvo cientos de certámenes y premios, pero lo más valioso a su juicio es que “no le escapé a ningún desafío y a ningún rival, en ningún lugar. Me invitaban, y siempre iba. No importaba el club, yo disfrutaba jugar a las bochas”.

Por ello, manifestar Francisco Bonaveri o “Chiquín” en el mundo de las bochas de la ciudad es encontrar una emocionante respuesta llena de afecto, halagos y reconocimientos hacia un deportista ejemplar, y un genio de las bochas. “En Ordóñez le pusieron mi nombre a unas canchas”, contó.

Don Francisco fue futbolista, ciclista y bochófilo. Todo lo hizo bien, porque ama al deporte. Allí se explica que se lo vea en un café, leyendo un diario, a la espera que habiliten los deportes para ir a la cancha a ver fútbol. “Soy hincha de Boca, pero iba siempre a Buenos Aires cuando mi hijo (Carlos, actual DT de 9 de Julio dePasco) jugaba en Ferro. Carlos Timoteo Griguol y Carlos Aimar me llevaban en el colectivo y comía con los jugadores de la Primera. Era amigo de esos jugadores que en los 80 compitieron y le ganaron a Boca y a River. Fui a casi todas las canchas, menos a La Bombonera”.

Agrega que “vi a Maradona en Argentinos Juniors, a Francescoli en River, a Bochini, Burruchaga y Marangoni en Independiente”.

Pasión por las bochas

En la historia de las bochas, “no hay jugadores que hayan ganado tanto. Tampoco ninguno jugó casi 75 años como yo”, afirma.

La Federación Cordobesa, en su 50° Aniversario, reconoció su trayectoria en 2017. Lo homenajeó junto a Roberto Domenino (Villa María), Oscar Alfonso (Río Cuarto) y Omar Foco (Córdoba).

Remarca que “regalé todas las copas y medallas. Con las medallas de oro compré una camioneta y un vestido de novia para mi hija”.

Vive con su hijo Carlos y su señora Daniela. Enviudó dos veces, tiene 4 hijos: Ilda, Nelly, Carlos y Eduardo. Diez nietos: Laura y Lucía Díaz; Carla, Nadia y Pablo Raspo; Verónica y Leonardo Bonaveri; y Ulises, Francisco y Tadeo Bonaveri. Cinco bisnietos: Alejo, Dante, Renata, Victoria y Valentín, y vienen dos más en camino (Francisco y Ulises serán padres).

Destacó que “mi primer mujer falleció en una cancha de bochas. La pasión por las bochas empezó de niño, pero mi carrera se inició a los 20 años, cuando mi hermano Carlos, el mejor bochador que vi en mi vida, me invitó a jugar”.

Recuerda que “empecé representando a Fábrica Militar, y pasé por varios clubes, pero Agrario fue el club en el que más jugué, y estuve 22 años consecutivos en Unión Central. Hice grandes amigos”.

Valores para toda la vida

“Chiquín” asegura que “valores y amigos no faltan. Un gran compañero fue Juan José Monesterolo”.

Resalta que “con el ‘Zurdo’ pensábamos igual: para ganar tantos torneos era muy importante el cuidado personal y practicar. Me gustaba más en pareja o trío que individual, pero gané en las tres”.

Indica que “con Monesterolo jugábamos 10 y ganábamos 8. Con Bastino, Ponce y Bocco también”.

Explica que “la ropa del bochófilo es blanca. Antes no podía tener ni una marquita negra la zapatilla. Ahora se juega con medias negras. Yo jugué con muchos que les gustaba tomar un poco, pero les costaba ganar los torneos largos, porque antes se sabía a qué hora empezaban, pero no a qué hora terminaban. La conducta es clave”.

Los cambios y el futuro

Trabajó “casi 30 años en la Fiat, cuando era Fiat Leone. Me jubilé, pero seguí con mi taller mecánico. Todos los días iba a entrenar”.

Señaló que “los cambios reglamentarios fueron desvirtuando un poco. La cantidad de pasos lleva a discusiones. Es caro viajar, sumado a la inscripción, la comida y el alojamiento, y los chicos ya no tienen la constancia que teníamos antes”.

Explicó que “había buenos proyectos, veía a muchos pibes en clubes como Almagro. Pero dejan, ya no hay jugadores de tanta calidad, y también hay menos cantidad”.

La época dorada

Bonaveri recuerda que “era normal ir a una cancha y ver 50 o 100 personas mirando, y en la finales estaba lleno. Ahora hay 10”.

Indicó que “la entrada era cara antes, pero ver a jugadores como mi hermano Carlos, Roberto Domenino o Moresco, que raramente erraban, era un lujo”.

Confesó que “enfrentarlos era un placer. Tenías que entrenar muchos años para ganarle a Bosco, Bernabei y a mi hermano Carlos. No perdían nunca”.

Recalca que “una vez les ganamos con Domenino y Pacheco en Unión Central, y ellos venían de ser campeones argentinos”.

Otorgarían “indultos”

Explicó que “jugué hasta 2019. Mi arranque fue en la Fábrica de Pólvoras, y cuando se desafilió pasé a Sarmiento con mi hermano. Agrario y Unión fueron mis casas”.

Ganó “un Sudamericano en Paraguay con Foco y Salas. Jugamos 7 días seguidos, desde las 17 a las 3”.

Resalta que “además por Argentina fueron Moresco en individual; y Alfonso y Mercado en pareja”.

También ganó en Brasil. “Fui con Bastino, Monesterolo y Meyer. Fueron 7 días, un especial de un club”.

Sostuvo que “en Córdoba nadie ganó tanto como yo, y quizás en el país tampoco. Gané en La Falda 4 años seguidos, con distintos compañeros, el último con ‘Pelusa’ Guyón y ‘Cacho’ Raspo, y participaban 200 tríos. Empecé a jugar en el campo, me gustó y no paré en 74 años. Ahora me contaron hasta 8, pero me levanté y sigo peleando”.

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