Bolivia: Áñez relevó a la cúpula militar y tomó juramento a los nuevos jefes
La autoproclamada presidenta anticipó que derogará el fallo de 2017 que habilitó a Morales a ir por una tercera reelección. Dijo que tuvo que asumir por el vacío de poder que dejaron quienes “perpetraron el fraude” en los comicios del 20 de octubre
La presidenta de Bolivia, Jeanine Áñez, removió ayer a la cúpula de las Fuerzas Armadas y tomó juramento a los nuevos jefes militares, en un acto que incluyó un crucifijo y dos cirios junto a la Constitución.
Áñez -que se autoproclamó el martes jefa de Estado en una sesión del Senado sin quórum- designó comandante en jefe de las Fuerzas Armadas al general del Ejército Carlos Orellana, quien sucedió a su polémico camarada de armas Williams Kaliman, quien el domingo pasado sugirió públicamente a Evo Morales que renunciara a la Presidencia.
Kaliman había asumido ese puesto en diciembre de 2018, momento en el que se declaró “soldado del proceso de cambio”, tal como llamaba Morales a su gestión, y se refirió al entonces mandatario como “hermano presidente”.
En el mismo acto, Áñez tomó juramento a los generales Ciro Álvarez Armada e Iván Rioja como comandantes del Ejército y la Fuerza Aérea, respectivamente, y al contralmirante Moisés Mejía como jefe de la Armada.
Los nuevos jefes castrenses juraron en una ceremonia en la que se incluyeron un crucifijo y dos cirios junto a la Constitución, pese a que esta declara a Bolivia como Estado laico.
Gases en el Palacio Quemado
Áñez intentó ayer inaugurar su poder en Bolivia con sus primeros actos de gobierno, pero sólo pudo sellar una alianza con las Fuerzas Armadas en un Palacio Quemado militarizado y vallado, en el que, no obstante, se colaron los gases lacrimógenos y los gritos de las protestas.
Mientras decenas de miles de personas volvían a bajar desde la vecina ciudad de El Alto hasta el centro de La Paz, para pedir respeto a la Constitución y exigir a las nuevas autoridades que no permitan más actos racistas contra las comunidades indígenas, Áñez armó una agenda típica de los primeros días de un gobierno: su primer mensaje oficial ante la prensa y las primeras juras de funcionarios.
Una transición anormal
Pero en Bolivia no se vive una transición de gobierno o de poder normal.
Ya la serie de barricadas y vallas -algunas más improvisadas que otras- que es necesario atravesar para llegar al Palacio Quemado, así como las constantes persianas bajas de negocios, hoteles y hasta oficinas públicas, eran símbolo suficiente de la tensión que se vive desde que Evo Morales y toda la línea sucesoria presidencial anunciaron sus renuncias y denunciaron un golpe de Estado.
"Este mandato presidencial de carácter estrictamente provisional tendrá dos objetivos fundamentales: la derogación de la sentencia inconstitucional 0084/2017 de 28 de noviembre de 2017 y la convocatoria a elecciones generales en el tiempo más breve posible tal y como lo establece la Constitución", prometió Áñez frente a la prensa, en referencia al fallo que habilitó la candidatura de Morales a una tercera reelección en los comicios del mes pasado, hoy virtualmente anulados.
Áñez aseguró que tuvo que asumir "dado el vacío de poder generado por la huida de quienes perpetraron el fraude", en alusión al asilo pedido por Morales en México y a las denuncias de fraude que el martes oficializó el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y que son rechazadas por la fuerza del derrocado presidente, el Movimiento al Socialismo (MAS).
Pese al discurso combativo que mostró Áñez con Morales y su gobierno, intentó avanzar en dos puntos: reivindicó la wiphala, la bandera indígena, como uno de los símbolos nacionales -un reclamo que se escuchó en las manifestaciones de El Alto en los últimos días- y pidió que "los funcionarios públicos retornen inmediatamente a sus puestos y a ejercer con normalidad sus funciones dispuestas por ley".
Acto seguido, tomó juramento a la nueva cúpula de las Fuerzas Armadas en un acto marcado por los símbolos cristianos y las menciones a la Biblia, Dios, la Constitución y la patria por igual.
El plan era tomar posesión más tarde a sus primeros ministros, pero la situación afuera escalaba cada vez más y el público cívico-militar no podía seguir encerrado en el palacio presidencial.
Una vez que abrieron las puertas, los ojos de todos empezaron a picar por la nube de gas lacrimógeno que sobrevolaba la plaza Murillo de enfrente y los gritos de las protestas se hicieron presentes.
La asunción de la primera parte del gabinete, de repente, dejó de tener horario confirmado, según informaron a Télam voceros de la presidenta autoproclamada.
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Áñez -que se autoproclamó el martes jefa de Estado en una sesión del Senado sin quórum- designó comandante en jefe de las Fuerzas Armadas al general del Ejército Carlos Orellana, quien sucedió a su polémico camarada de armas Williams Kaliman, quien el domingo pasado sugirió públicamente a Evo Morales que renunciara a la Presidencia.
Kaliman había asumido ese puesto en diciembre de 2018, momento en el que se declaró “soldado del proceso de cambio”, tal como llamaba Morales a su gestión, y se refirió al entonces mandatario como “hermano presidente”.
En el mismo acto, Áñez tomó juramento a los generales Ciro Álvarez Armada e Iván Rioja como comandantes del Ejército y la Fuerza Aérea, respectivamente, y al contralmirante Moisés Mejía como jefe de la Armada.
Los nuevos jefes castrenses juraron en una ceremonia en la que se incluyeron un crucifijo y dos cirios junto a la Constitución, pese a que esta declara a Bolivia como Estado laico.
Gases en el Palacio Quemado
Áñez intentó ayer inaugurar su poder en Bolivia con sus primeros actos de gobierno, pero sólo pudo sellar una alianza con las Fuerzas Armadas en un Palacio Quemado militarizado y vallado, en el que, no obstante, se colaron los gases lacrimógenos y los gritos de las protestas.
Mientras decenas de miles de personas volvían a bajar desde la vecina ciudad de El Alto hasta el centro de La Paz, para pedir respeto a la Constitución y exigir a las nuevas autoridades que no permitan más actos racistas contra las comunidades indígenas, Áñez armó una agenda típica de los primeros días de un gobierno: su primer mensaje oficial ante la prensa y las primeras juras de funcionarios.
Una transición anormal
Pero en Bolivia no se vive una transición de gobierno o de poder normal.
Ya la serie de barricadas y vallas -algunas más improvisadas que otras- que es necesario atravesar para llegar al Palacio Quemado, así como las constantes persianas bajas de negocios, hoteles y hasta oficinas públicas, eran símbolo suficiente de la tensión que se vive desde que Evo Morales y toda la línea sucesoria presidencial anunciaron sus renuncias y denunciaron un golpe de Estado.
"Este mandato presidencial de carácter estrictamente provisional tendrá dos objetivos fundamentales: la derogación de la sentencia inconstitucional 0084/2017 de 28 de noviembre de 2017 y la convocatoria a elecciones generales en el tiempo más breve posible tal y como lo establece la Constitución", prometió Áñez frente a la prensa, en referencia al fallo que habilitó la candidatura de Morales a una tercera reelección en los comicios del mes pasado, hoy virtualmente anulados.
Áñez aseguró que tuvo que asumir "dado el vacío de poder generado por la huida de quienes perpetraron el fraude", en alusión al asilo pedido por Morales en México y a las denuncias de fraude que el martes oficializó el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y que son rechazadas por la fuerza del derrocado presidente, el Movimiento al Socialismo (MAS).
Pese al discurso combativo que mostró Áñez con Morales y su gobierno, intentó avanzar en dos puntos: reivindicó la wiphala, la bandera indígena, como uno de los símbolos nacionales -un reclamo que se escuchó en las manifestaciones de El Alto en los últimos días- y pidió que "los funcionarios públicos retornen inmediatamente a sus puestos y a ejercer con normalidad sus funciones dispuestas por ley".
Acto seguido, tomó juramento a la nueva cúpula de las Fuerzas Armadas en un acto marcado por los símbolos cristianos y las menciones a la Biblia, Dios, la Constitución y la patria por igual.
El plan era tomar posesión más tarde a sus primeros ministros, pero la situación afuera escalaba cada vez más y el público cívico-militar no podía seguir encerrado en el palacio presidencial.
Una vez que abrieron las puertas, los ojos de todos empezaron a picar por la nube de gas lacrimógeno que sobrevolaba la plaza Murillo de enfrente y los gritos de las protestas se hicieron presentes.
La asunción de la primera parte del gabinete, de repente, dejó de tener horario confirmado, según informaron a Télam voceros de la presidenta autoproclamada.