Tras 68 años, Bomberos tiene a la primera mujer en sus filas
Camila Pérez es oriunda de Río Cuarto y vive desde los 3 en Villa María junto a su familia. El domingo se convirtió en integrante activa del cuartel local y habló al respecto con este matutino
El 20 de mayo se cumplió el sexagésimo octavo aniversario de la fundación del cuerpo de Bomberos Voluntarios de la ciudad que, actualmente, cuenta con alrededor de 142 efectivos. Y el domingo pasado, 3 de junio, celebraron su día. Se entonó el Himno Nacional y se cantaron las estrofas de la marcha al bombero voluntario de Villa María.
Se hizo un minuto de silencio por los que ya no están. Sonaron las sirenas. Se conocieron los nuevos integrantes de la insignia de la institución y de la bandera nacional. También hubo discursos: el del directivo Edgardo Tesán y el del intendente Martín Gill. Se les dio la bienvenida a los aspirantes. Se mencionaron los ascensos y se distinguió la antigüedad. Hubo sorpresas: se presentó un camión Fiat Iveco Tector que funcionará como autobomba de última generación para incendios estructurales y se comunicó la compra de una Mercedes Benz Sprinter que será utilizada como unidad de rescate. Y hubo —cómo no— desfile.
***
Hubo, antes que nada, aspirantes que, tras un largo proceso de entrenamiento y formación, se convirtieron, finalmente, en bomberos voluntarios. Los nombres: Lucas Gauna, Nicolás Martínez, Emiliano Moreno, Tomás Pérez. Y Camila Pérez. Y ella, Camila Pérez, porque, tras casi siete décadas, el cuartel incorpora entre sus filas a una mujer, hija de un padre que se dedica al rubro seguridad y de una madre empleada en una veterinaria.
—Creo que el miedo les está agarrando ahora que les cae la ficha de que realmente estoy habilitada para salir a incendios, a siniestros. Pero el apoyo estuvo desde siempre y el cariño por sobre todas las cosas.
Hoy vive en Villa Albertina y estudia Seguridad e Higiene Laboral en el instituto Alfredo Angeli. Tiene 18 años y a los 3 arribó, desde Río Cuarto, junto a su familia —tiene, además, dos hermanos (un varón y una mujer), a la ciudad sin saber que tiempo después pasaría eso. Esto a lo que, gran parte, define como vocación.
—Era chiquita y escuchaba las sirenas. Se despierta esa curiosidad por saber qué es lo que está pasando. Se te pone la piel de gallina, te moviliza todo.
Cuando se mudó, vivió durante algún tiempo por bulevar Sarmiento.
—Era muy frecuente esto de los accidentes. Después viví en la calle Salta.
***
¿Cuándo empezó? Hay una fecha. Sin embargo, ella sabe que es imposible precisar aquello que se conoce como destino.
—Desde chica siempre estuvo esto de querer empezar. Creo que, si no me equivoco, aproximadamente en el 2015 comencé a preguntar. Siempre la respuesta era que no, debido a que estructuralmente el cuartel no estaba listo para recibir a mujeres.
No. No. No. Entonces, insistir hasta que.
—Agarré la costumbre de, todos los años, preguntar en la dotación de emergencias que se armaba en las peñas hasta que en febrero de 2017 me comentaron que en marzo se abrían las inscripciones.
Sí. Sí. Sí.
***
Ser aspirante es un proceso que se extiende durante dos años y medio. Hay que realizar pasantías de 60 horas.
—Son quince con cada uno de los guardias y, luego, se tiene que elevar un informe.
Por ejemplo: se reciben los llamados y si efectivamente es una salida se pasa por la radio y se comunica a los encargados de la semana.
Pero también, para aquellos que, entre tanto, cursan el secundario, no deben llevarse materias.
—Eso se exige mucho. Hay que cumplir con la educación. Después es necesario aprobar el primer nivel de Federación y el examen teórico final interno.
***
El domingo, Camila emocionó.
—La previa fue de muchos nervios. Y después, en el acto, no pude contener las lágrimas, la felicidad y la satisfacción de lograr un objetivo. Va de la mano junto con un sueño y también está un poco la presión de que, me comentaban muchos de los chicos, tener que marcar ahora un camino para las que vienen atrás. Estoy orgullosa de pertenecer a la institución.
Y ser bombero, ese “antes y después en la vida”, es una oportunidad.
—Permite demostrar que el género femenino ya no es el género débil o que esta vocación de servicio ya no pertenece a los hombres sino que también es algo que podemos desarrollar nosotras y a la par. Eso es muy importante, trabajar en igualdad.
Camila aprovechó también para agradecer a sus compañeros que se preocuparon y ocuparon de que aprenda.
—Desde un principio me integraron y jamás dudaron en transmitirme un conocimiento.
***
En 2017 ingresaron 12 mujeres como aspirantes. En 2018, 10. Hoy son 19 las que forman parte de la nueva camada. Pero todas integran ese único deseo que Camila cumplió.
Ahora, tal vez, llegue pronto un llamado que demande su primer intervención.
Franco Gerarduzzi. Redacción Puntal Villa María
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Se hizo un minuto de silencio por los que ya no están. Sonaron las sirenas. Se conocieron los nuevos integrantes de la insignia de la institución y de la bandera nacional. También hubo discursos: el del directivo Edgardo Tesán y el del intendente Martín Gill. Se les dio la bienvenida a los aspirantes. Se mencionaron los ascensos y se distinguió la antigüedad. Hubo sorpresas: se presentó un camión Fiat Iveco Tector que funcionará como autobomba de última generación para incendios estructurales y se comunicó la compra de una Mercedes Benz Sprinter que será utilizada como unidad de rescate. Y hubo —cómo no— desfile.
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Hubo, antes que nada, aspirantes que, tras un largo proceso de entrenamiento y formación, se convirtieron, finalmente, en bomberos voluntarios. Los nombres: Lucas Gauna, Nicolás Martínez, Emiliano Moreno, Tomás Pérez. Y Camila Pérez. Y ella, Camila Pérez, porque, tras casi siete décadas, el cuartel incorpora entre sus filas a una mujer, hija de un padre que se dedica al rubro seguridad y de una madre empleada en una veterinaria.
—Creo que el miedo les está agarrando ahora que les cae la ficha de que realmente estoy habilitada para salir a incendios, a siniestros. Pero el apoyo estuvo desde siempre y el cariño por sobre todas las cosas.
Hoy vive en Villa Albertina y estudia Seguridad e Higiene Laboral en el instituto Alfredo Angeli. Tiene 18 años y a los 3 arribó, desde Río Cuarto, junto a su familia —tiene, además, dos hermanos (un varón y una mujer), a la ciudad sin saber que tiempo después pasaría eso. Esto a lo que, gran parte, define como vocación.
—Era chiquita y escuchaba las sirenas. Se despierta esa curiosidad por saber qué es lo que está pasando. Se te pone la piel de gallina, te moviliza todo.
Cuando se mudó, vivió durante algún tiempo por bulevar Sarmiento.
—Era muy frecuente esto de los accidentes. Después viví en la calle Salta.
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¿Cuándo empezó? Hay una fecha. Sin embargo, ella sabe que es imposible precisar aquello que se conoce como destino.
—Desde chica siempre estuvo esto de querer empezar. Creo que, si no me equivoco, aproximadamente en el 2015 comencé a preguntar. Siempre la respuesta era que no, debido a que estructuralmente el cuartel no estaba listo para recibir a mujeres.
No. No. No. Entonces, insistir hasta que.
—Agarré la costumbre de, todos los años, preguntar en la dotación de emergencias que se armaba en las peñas hasta que en febrero de 2017 me comentaron que en marzo se abrían las inscripciones.
Sí. Sí. Sí.
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Ser aspirante es un proceso que se extiende durante dos años y medio. Hay que realizar pasantías de 60 horas.
—Son quince con cada uno de los guardias y, luego, se tiene que elevar un informe.
Por ejemplo: se reciben los llamados y si efectivamente es una salida se pasa por la radio y se comunica a los encargados de la semana.
Pero también, para aquellos que, entre tanto, cursan el secundario, no deben llevarse materias.
—Eso se exige mucho. Hay que cumplir con la educación. Después es necesario aprobar el primer nivel de Federación y el examen teórico final interno.
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El domingo, Camila emocionó.
—La previa fue de muchos nervios. Y después, en el acto, no pude contener las lágrimas, la felicidad y la satisfacción de lograr un objetivo. Va de la mano junto con un sueño y también está un poco la presión de que, me comentaban muchos de los chicos, tener que marcar ahora un camino para las que vienen atrás. Estoy orgullosa de pertenecer a la institución.
Y ser bombero, ese “antes y después en la vida”, es una oportunidad.
—Permite demostrar que el género femenino ya no es el género débil o que esta vocación de servicio ya no pertenece a los hombres sino que también es algo que podemos desarrollar nosotras y a la par. Eso es muy importante, trabajar en igualdad.
Camila aprovechó también para agradecer a sus compañeros que se preocuparon y ocuparon de que aprenda.
—Desde un principio me integraron y jamás dudaron en transmitirme un conocimiento.
***
En 2017 ingresaron 12 mujeres como aspirantes. En 2018, 10. Hoy son 19 las que forman parte de la nueva camada. Pero todas integran ese único deseo que Camila cumplió.
Ahora, tal vez, llegue pronto un llamado que demande su primer intervención.
Franco Gerarduzzi. Redacción Puntal Villa María