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Es de Laboulaye y trasladó a las elefantas al santuario de Brasil

Se trata de Samuel López, quien trabaja en el Ecoparque de Mendoza y fue el conductor del camión que transportó a Pocha y Guillermina. "Una parte de nosotros quedó en Mato Grosso"

El traslado de las elefantas Pocha y Guillermina desde Mendoza hasta el santuario de Brasil se convirtió en un suceso que siguieron miles de argentinos a través de los medios y las redes sociales. El viaje duró cinco días y desde hace una semana, madre e hija se encuentran en Mato Grosso, disfrutando de una vida en libertad. Así lo aseguró Samuel López, trabajador del Ecoparque mendocino y quien condujo el vehículo que las transportaba. El laboulayense dialogó ayer con Puntal al pasar por Río Cuarto para continuar su retorno a la provincia cuyana.

“Una parte de nosotros quedó en Brasil pero estamos felices por el lugar adonde fueron”, aseguró el hombre, quien además de ser conductor del parque, fue cuidador y se encargó durante varios años de ambas elefantas.

Samuel destacó la importancia trascendental que tiene este traslado al santuario, dado que todos los elefantes que están en Mendoza han pasado la mayor parte de su existencia en el encierro. “Pocha es alemana, la trajeron muy chica, con 10 años, y de allí que estuvo en el zoológico de Mendoza, pasó toda su vida en cautiverio. Guillermina también nació en cautiverio. En el caso del elefante Tami, venía de un circo muy reconocido, y lo dejaron en el zoológico porque era un animal indomable, había tenido problemas con varios cuidadores. Y a Kenia la trajeron muy chica desde África, y hoy tiene unos 40 años”, detalló.

-¿Cuánto hace que trabajás en el Ecoparque?

-Hace 20 años que me fui a vivir a Mendoza y trabajé primero en lo que era el viejo zoológico y que es hoy el Ecoparque. Por mi trabajo con mis compañeros me tocó hacer el viaje, porque soy el chofer de la repartición y también he sido en algún momento cuidador así que tengo experiencia. Ya veníamos con un par de años de entrenamiento, sabíamos que en cualquier momento podíamos salir, hubo varios retrasos. Hubo un intento de traslado antes y no pudimos, el año pasado y este año se complicó con el tema del Inti, que nos demoró la firma de los papeles, hasta que finalmente pudimos conseguir el aval, cargamos y nos fuimos.

-¿Cómo fue despedirse de Pocha y Guillermina después de tantos años?

-Parte de nosotros se quedó ahí en el Mato Grosso. Cuando yo llegué a trabajar al zoológico, Guillermina tenía solo tres años, era muy chiquita y todos la cuidábamos. Tenía un cuidado intensivo al ser un recinto tan pequeño, había que tener mucha precaución que no se cayera porque había entrepisos. Si bien la mamá era grande, ella tenía que llegar a los entrepisos, se tuvieron que hacer bajadas nuevas. Así que si bien una parte de nosotros se quedó en Brasil, a la vez estamos felices por el lugar donde fueron porque es un sueño y van a tener realmente una vida de elefantes. Pocha es grande y vivirá como elefante lo que le queda de vida y Guillermina tiene toda una vida por delante porque recién tiene 23 años. No hay palabras para describir el lugar, es soñado, hay que verlo para entender. Es realmente un santuario de elefantes. Por suerte, yo las voy a volver a ver pronto porque tengo que participar en dos traslados más. Falta llevar a Brasil a Tami, que es el papá de Guillermina; y después tenemos que llevar a Kenia que es una elefanta africana. Después hay otras dos elefantas más que están en Buenos Aires y también van a ser llevadas al santuario. Estos traslados serían entre este fin de año y el año que viene, van a ser en el corto plazo. Antes era un escéptico respecto de estos lugares pero ahora que lo vi creo realmente que es donde tienen que estar. El encargado del santuario Scott (Blais), es una persona que sabe muchísimo, vive para los elefantes, y el amor que les tiene. Con solo ver lo que ha construido en el lugar se puede notar la dedicación y paciencia que tiene con los animales. Nos llevó a hacer un recorrido por el santuario y si bien estuvimos varios días, es tan grande el espacio que no nos alcanzó para recorrerlo completo. Ojalá que todos los zoológicos del mundo hagan lo mismo, que lleven a sus animales ahí. No podemos seguir teniendo más elefantes encerrados.

- ¿Cómo es el cuidado de los elefantes en el santuario?

- El trato en un santuario yo no lo conocía, lo vine a aprender ahora, realmente nos dejó a todos tranquilos porque el contacto con el ser humano es mínimo. Es ínfimo, es solamente una vez al día, se arrima un solo cuidador -que será el de por vida- con un poquito de fruta con lo que las atraen. Esto para mirarlas bien y revisarlas pero sin contacto. Ya no es más como en los zoológicos, que la gente aplaudía, que les gritaban o a veces les tiraban una piedra para que se movieran, esas cosas se acabaron a partir del día que llegaron al santuario.

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El viaje desde Mendoza hasta el santuario en Mato Grosso duró unos cinco días. Los conductores se fueron turnando para manejar ya que fue un viaje directo en el que solo se frenó a cargar combustible, contó Samuel a Puntal.

El viaje desde Mendoza hasta el santuario en Mato Grosso duró unos cinco días. Los conductores se fueron turnando para manejar ya que fue un viaje directo en el que solo se frenó a cargar combustible, contó Samuel a Puntal.

-¿Cómo es el carácter de Pocha y Guillermina?

Las dos son dóciles, eran muy buenas con nosotros, muy tranquilas. Si bien Pocha tenía la costumbre de tirar piedras, era una forma de llamar nuestra atención para que le diéramos más comida, era su manera de expresarse, de hablar con nosotros. Yo calculo que en el santuario eso se le va a ir, primero que no hay piedras y segundo que hay muchos árboles, mucha vegetación. Y Guillermina agarró las mañas de su mamá pero todo eso va a dejar de estar porque van a empezar a relacionarse seguramente en unos días con el resto de los elefantes que viven en el lugar. Ya cuando estábamos ahí, una de las elefantas más viejas -que era una elefanta de un circo- y ahora es la matriarca de las cuatro elefantas que están ahí, se arrimó a Pocha y Guillermina, no a tocarse pero estuvieron a unos metros para reconocerlas y como invitación a unirse a la manada.

-¿Cómo vivieron este viaje?

- Lo sentimos como una misión cumplida, aunque agotadora. Fue muy estresante a la ida porque no teníamos tiempo ni para ir al baño. Fue solo parar para cargar combustible y seguir. Salimos el sábado (7 de mayo) y llegamos el miércoles (11 de mayo) a la madrugada. Iba con otro chofer que me acompañaba, manejábamos un rato cada uno y a bajarse rápido para cargar agua caliente para tomar mate. Fuimos una caravana importante, las elefantas iban monitoreadas las 24 horas. Ellas iban con cámaras adentro y en las camionetas tenían los televisores para ir siguiéndolas permanentemente. Si había un problema, se paraba, se solucionaba y se seguía. En Brasil el trayecto fue más fácil que salir de Argentina, allá las rutas son otra cosa, de primer nivel, igual que el tráfico. Además fuimos con custodia policial, así que nadie nos entorpecía el camino. De todos modos, lo más lindo es que en Argentina nos esperaban en todos los pueblos, e incluso ahora, cuando pasamos por Río Cuarto, nos esperaba gente, no sé cómo se iban enterando o si sabían el recorrido.

- Hay una foto con las trompas enlazadas que se hizo viral…

- Así fueron todo el viaje. Ellas se iban tocando para estar tranquilas, porque no se podían ver pero sí se podían olfatear, entonces al sacar las trompas se iban tocando todo el tiempo para tranquilizarse. El viaje no fue malo pero fue muy largo, y creo que lo más importante es donde están ahora, que es lo cercano a su hábitat natural, por el clima, que es muy húmedo, bastante lluvioso en esa zona y la vegetación que es increíble.

Pocha y Guillermina pasarán el resto de su vida en el santuario

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Las dos elefantas ya se encuentran instaladas en el santuario ubicado en la zona de Mato Grosso, Brasil, y están atravesando un proceso de adaptación. Según aclaró Samuel, Pocha y Guillermina, madre e hija, pasarán el resto de sus vidas en el espacio que les permite saborear la libertad luego de que ambas nacieran en cautiverio. Ahora resta llevar al elefante Tami, que es el papá de Guillermina, y cuyo traslado está previsto para finales de 2022 y principios de 2023.

Luciana Panella. Redacción Puntal