La publicación de nuevas conversaciones del exjuez brasileño Sergio Moro, que de ser auténticas cuestionarían su imparcialidad en la operación anticorrupción Lava Jato, aumentaron ayer la presión sobre el ahora ministro de Justicia y Seguridad Pública del presidente Jair Bolsonaro.
Las filtraciones fueron divulgadas por la revista Veja, una de los más conocidas de Brasil, en cooperación con el portal The Intercept Brasil, que el mes pasado empezó a publicar los mensajes entre los fiscales de Lava Jato y Moro, obtenidos, según informó, de una fuente anónima.
"Lo que se desprende [de los documentos examinados], aparte de una intimidad excesiva ente la magistratura y la acusación, es una evidente asociación en la defensa de una causa", dice la publicación de Veja, que recuerda haber sido una ardiente defensora de Lava Jato, operación que envió a decenas de políticos y empresarios a la cárcel, entre ellos el expresidente de izquierda Luiz inácio Lula da Silva.
Moro cuestionó en un comunicado la autenticidad de los mensajes y alegó que los fallos emitidos en ciertos casos no concuerdan con los pedidos de la Fiscalía, lo cual demostraría que no hubo colusión alguna de poderes.
En uno de los casos citados, el 2 de febrero de 2016, Moro le avisa al jefe de los fiscales, Deltan Dallagnol, que abrirá un plazo de tres días para que se pronuncie sobre un pedido de la constructora Odebrecht para evitar que los investigadores brasileños reciban datos solicitados a Suiza.
Al día siguiente, le pregunta cuándo la Fiscalía emitirá su pronunciamiento sobre el asunto y Dallagnol le responde: "Lo estoy redactando, pero quiero que esté bien hecho, en previsión de los recursos que seguirán. Imagino que mañana, al final de la tarde".
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"Lo que se desprende [de los documentos examinados], aparte de una intimidad excesiva ente la magistratura y la acusación, es una evidente asociación en la defensa de una causa", dice la publicación de Veja, que recuerda haber sido una ardiente defensora de Lava Jato, operación que envió a decenas de políticos y empresarios a la cárcel, entre ellos el expresidente de izquierda Luiz inácio Lula da Silva.
Moro cuestionó en un comunicado la autenticidad de los mensajes y alegó que los fallos emitidos en ciertos casos no concuerdan con los pedidos de la Fiscalía, lo cual demostraría que no hubo colusión alguna de poderes.
En uno de los casos citados, el 2 de febrero de 2016, Moro le avisa al jefe de los fiscales, Deltan Dallagnol, que abrirá un plazo de tres días para que se pronuncie sobre un pedido de la constructora Odebrecht para evitar que los investigadores brasileños reciban datos solicitados a Suiza.
Al día siguiente, le pregunta cuándo la Fiscalía emitirá su pronunciamiento sobre el asunto y Dallagnol le responde: "Lo estoy redactando, pero quiero que esté bien hecho, en previsión de los recursos que seguirán. Imagino que mañana, al final de la tarde".

