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Quien no resiste verse en el espejo, marca los defectos en el otro

 
Aunque antes se lo caracterizaba como algo natural, y era un clásico, que se escuchara gordo, gorda, traga, fideo fino, odiosa, lento, etc, la adjetivación no era intimidante y siempre se la acompañaba de un adjetivo calificativo positivo. El gordo era bueno, la gorda era divertida, el traga era estudioso, el lento se tomaba su tiempo, el fideo fino era esculpido. Hoy la intimidación persiste hasta la edad adulta y no tiene ningún calificativo compensatorio, hoy la marca es el acoso, la persecución, es un acto repetitivo, agresivo, hecho para abusar o intimidar al otro; corrimos los márgenes y hoy al acoso se lo denomina bullying.

Puede asumir diversas formas, sobre todo verbal, emocional, físico y cibernético, como el denominado grooming.

Normalmente, se producen en la escuela, en la familia, en el trabajo, donde se lo denomina mobbing. Es un desequilibrio de poder, que está presente, en este acto, en el cual un grupo o un niño o una niña, o joven, atormenta a otro, hostigándolo en forma permanente. Generalmente el que hostiga va acompañado de quienes lo alientan, que tienen tanta baja autoestima como el que ejecuta el acoso. Precisamente, el error más común es considerar que sólo el que es acosado padece de baja autoestima, como para no poder defenderse: en este acto todos tienen baja autoestima.

De no estar atentos a este sufrimiento, los daños serán mucho más graves de lo que nos imaginamos. En esas escenas todos salen perdiendo. 

Los efectos que esto produce siguen a lo largo de la vida en los que lo han padecido. Las bully-víctimas generalmente se convierten en sujetos solitarios, pueden desarrollar una agorafobia o una ansiedad generalizada, pueden ser más impulsivos y agresivos y pueden también padecer trastornos de pánico. Muchas veces hasta pueden llegar al suicidio, a causa de esta inadecuación social. Es más, cuando se convierten en adultos muchos de ellos reproducen serias represalias contra otros cuando están en funciones de poder. Hace dos años se podía ver una publicidad alemana que marcaba qué les ocurría a niños que habían sufrido acoso cuando de adultos se convertían en jefes: el efecto era directo en la reproducción de odio.

En el caso de los que acosan, un estudio reveló que cuando llegaban a la adultez, muchos de ellos se convertían en sujetos antisociales, con conflicto con la ley, o directamente en matones.

Toda escena de acoso imparte un gran costo emocional y económico para la sociedad. La reducción y/o prevención de la intimación podría reducir el sufrimiento humano y beneficiar a la salud a largo plazo. 

Debemos estar atentos, porque el acoso es costo para el sujeto y para toda una sociedad que aprende a mirarse en donde no corresponde. Quizás la pista acerca de por dónde empezar sea reactivar conductas prosociales, crear sujetos con mejor autoestima, animarse a mirarse en el propio espejo y no en el ajeno.

Reducir la intimidación es reducir la violencia, reducir la violencia es mejorar el bienestar de cada uno, el aceptarnos, el trabajar en la diversidad, fomentando la idea de que cada uno tiene un talento que desarrollar. Dumbo tiene orejas muy grandes y es la risa de los que van al circo, hasta que con esas mismas orejas aprende a volar y eso lo diferencia y lo hace único.

Estamos a tiempo de frenar el circuito, de hablar con nuestros hijos, nuestros estudiantes, nuestros compañeros de trabajo, para poder transformar en talentos nuestras diferencias, y si no, al menos respetarlas.



* Decana de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad del Salvador.

Gabriela Renault *Licenciada en Psicología


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