En tiempos de las tablets y la play station, de los juegos electrónicos, las calesitas parecían dormir el sueño eterno. Pero los autitos, animales y caballos de madera esperaban algún día volver a despertar.
Así ocurrió en Sampacho y en Bulnes, donde las autoridades decidieron refuncionalizar los viejos carruseles y hoy decenas de chicos disfrutan de una vuelta montados en un caballo o sobre un auto, soñando ser jinetes o corredores de automóviles. Desde abajo, y con una sonrisa amplia, los abuelos y papás disfrutan mientras rememoran cuando eran ellos quienes giraban y esperaban el momento para atrapar la sortija y con ésta, ganarse una vuelta gratis.
Quien ingresa a Bulnes y da un rápido recorrido por sus calles es sorprendido por una música que conduce hacia el predio donde está la remozada calesita.
Martín Toselli, el intendente local, dijo que la idea de recuperar este juego infantil venía desde hacía un tiempo cuando se enteró de que en Holmberg la calesita había sido retirada de su emplazamiento en un sector de esa localidad, consultaron al intendente la posibilidad de poderla comprar. Plata no había pero sí mucho entusiasmo.
El mandatario recordó que en uno de los tantos viajes que se hacen a la capital de la provincia, Miguel Negro, histórico intendente del municipio de Santa Catalina -acompañante de viaje-, le hizo entrega de un sobre.
“Recuerdo que habíamos salido de madrugada. No podía ver lo que había en su interior. Cuando llegó el alba pude apreciar que dentro del sobre había una copia de la ordenanza por el cual el Municipio de Santa Catalina nos cedía en donación la calesita", detalla Toselli.
Así fue que se comenzó con la tarea para restaurarla. Fue en el marco del proyecto de remodelación de la Plazoleta de la Madre, que se dispuso trabajar en el carrusel. La obra demandó una inversión de unos $ 500 mil.
"Bellamente decorada, con caballitos que suben y bajan, el carrusel estará bajo la órbita municipal y los chicos tendrán el acceso gratuito y por lo que vemos ya es un éxito de cada domingo", precisó.
En la estructura del carrusel, los dibujos animados de Piolín (el canario) y de Silvestre (un gato malhumorado) retrotraen el tiempo a décadas atrás. Es que ya esas caricaturas no son parte de las historias de los más chicos, pero los más grandes se encargan de relatar de quiénes se trata.
En Sampacho
En Sampacho durante 35 años Ernesto Zalazar fue el propietario de "La Cordobesita". Una calesita que funcionó en la actual plazoleta Madre Teresa de Calcuta contigua al Santuario y luego pasó a un emplazamiento frente a la plaza central.
Fueron generaciones las que pasaron por sus autos, aviones y caballitos. Muchos de los usuarios de ayer son nostálgicos padres de hoy. Cuando Zalazar decidió vender "La Cordobesita”, nadie se hizo eco de poderla comprar para que quede en el pueblo. Así fue que una tarde del 2016, vino una familia de Desaguaderos, en Mendoza, la vio, la adquirió, la cargaron en un camión y se la llevaron.
Sin embargo, esa ausencia ya fue suplantada por la acción de Marcos Julián Radosta, joven vecino del pueblo. Compró una calesita-carrusel en Buenos Aires y en camión la trasladó desarmada a la provincia de Córdoba.
Hace muy pocos días comenzó a girar en la Plazoleta de los Inmigrantes. Y este lugar, contiguo a la comisaría, se llenó de risas de los chicos, de música y alegrías compartidas.
Primero los hijos, ahora los nietos
Días pasados Héctor, un abuelo sampachense, compartía con entusiasmo la novedad de la vuelta de la calesita y recordaba que décadas atrás eran sus hijos quienes disfrutaban de este entretenimiento. “David que se subía al caballo y se creía domador, y saltaba de un lugar a otro; mientras que Pablo, en su mundo, manejaba un autito soñando ser un avezado corredor”, señaló. Hoy son sus nietos, Fausto y Joaquín, acompañados de los papás, que descubren este mundo de colores y en el que la imaginación vuela hacia lugares más lejanos.
En medio de la música, los papás miran y, emocionados y nostálgicos, contienen las ganas de subirse y dar una vuelta.
Héctor Domingo Amaya. Redacción Puntal
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Quien ingresa a Bulnes y da un rápido recorrido por sus calles es sorprendido por una música que conduce hacia el predio donde está la remozada calesita.
Martín Toselli, el intendente local, dijo que la idea de recuperar este juego infantil venía desde hacía un tiempo cuando se enteró de que en Holmberg la calesita había sido retirada de su emplazamiento en un sector de esa localidad, consultaron al intendente la posibilidad de poderla comprar. Plata no había pero sí mucho entusiasmo.
El mandatario recordó que en uno de los tantos viajes que se hacen a la capital de la provincia, Miguel Negro, histórico intendente del municipio de Santa Catalina -acompañante de viaje-, le hizo entrega de un sobre.
“Recuerdo que habíamos salido de madrugada. No podía ver lo que había en su interior. Cuando llegó el alba pude apreciar que dentro del sobre había una copia de la ordenanza por el cual el Municipio de Santa Catalina nos cedía en donación la calesita", detalla Toselli.
Así fue que se comenzó con la tarea para restaurarla. Fue en el marco del proyecto de remodelación de la Plazoleta de la Madre, que se dispuso trabajar en el carrusel. La obra demandó una inversión de unos $ 500 mil.
"Bellamente decorada, con caballitos que suben y bajan, el carrusel estará bajo la órbita municipal y los chicos tendrán el acceso gratuito y por lo que vemos ya es un éxito de cada domingo", precisó.
En la estructura del carrusel, los dibujos animados de Piolín (el canario) y de Silvestre (un gato malhumorado) retrotraen el tiempo a décadas atrás. Es que ya esas caricaturas no son parte de las historias de los más chicos, pero los más grandes se encargan de relatar de quiénes se trata.
En Sampacho
En Sampacho durante 35 años Ernesto Zalazar fue el propietario de "La Cordobesita". Una calesita que funcionó en la actual plazoleta Madre Teresa de Calcuta contigua al Santuario y luego pasó a un emplazamiento frente a la plaza central.
Fueron generaciones las que pasaron por sus autos, aviones y caballitos. Muchos de los usuarios de ayer son nostálgicos padres de hoy. Cuando Zalazar decidió vender "La Cordobesita”, nadie se hizo eco de poderla comprar para que quede en el pueblo. Así fue que una tarde del 2016, vino una familia de Desaguaderos, en Mendoza, la vio, la adquirió, la cargaron en un camión y se la llevaron.
Sin embargo, esa ausencia ya fue suplantada por la acción de Marcos Julián Radosta, joven vecino del pueblo. Compró una calesita-carrusel en Buenos Aires y en camión la trasladó desarmada a la provincia de Córdoba.
Hace muy pocos días comenzó a girar en la Plazoleta de los Inmigrantes. Y este lugar, contiguo a la comisaría, se llenó de risas de los chicos, de música y alegrías compartidas.
Primero los hijos, ahora los nietos
Días pasados Héctor, un abuelo sampachense, compartía con entusiasmo la novedad de la vuelta de la calesita y recordaba que décadas atrás eran sus hijos quienes disfrutaban de este entretenimiento. “David que se subía al caballo y se creía domador, y saltaba de un lugar a otro; mientras que Pablo, en su mundo, manejaba un autito soñando ser un avezado corredor”, señaló. Hoy son sus nietos, Fausto y Joaquín, acompañados de los papás, que descubren este mundo de colores y en el que la imaginación vuela hacia lugares más lejanos.
En medio de la música, los papás miran y, emocionados y nostálgicos, contienen las ganas de subirse y dar una vuelta.
Héctor Domingo Amaya. Redacción Puntal

