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Lo juzgan por tercera vez por un homicidio en ocasión de robo

Se trata de Gustavo Ernesto Bertolotti (39). Está acusado de haber participado en un robo en General Cabrera, en el que murió Dominga Rosso. Ayer hubo tres testigos y hoy se espera que se presenten alrededor de siete más
 
Este miércoles a media mañana comenzó en la Cámara del Crimen un nuevo juicio por jurados populares. En esta oportunidad se juzga a Gustavo Ernesto Bertolotti (39) por el delito de homicidio en ocasión de robo, del que fue víctima Dominga Rosso (70).

Como se procede habitualmente en este tipo de audiencias, en primer lugar, el Tribunal —en este caso presidido por la jueza Eve Flores y acompañada por Edith Lezama de Pereyra y Félix Martínez— informó sobre la presencia de partes. El fiscal, Francisco Márquez. El querellante particular —en representación de los familiares de la víctima—, Mario Bongianino. El abogado defensor, Mariano Torres. Los testigos, tres: dos nietas y el hijo (padre de las jóvenes) de Rosso.

Flores le tomó juramento a quienes asumieron el rol del Estado e, inmediatamente después, el secretario Walter Rodríguez leyó la pieza acusatoria. 

Una madrugada violenta

El hecho sucedió, según el requerimiento, entre la noche del domingo 26 de octubre del 2008 y las tres de la mañana del lunes. Anselmo Carrera (77) y Rosso eran pareja. Estaban en su casa: Bolívar 822, General Cabrera —localidad situada a unos 75 kilómetros de Villa María—. Esa noche, tres personas los asaltaron violentamente. Esas tres personas son Jacobo Maximiliano Bertolotti, conocido como “Chami”, su hermano Gustavo, alias “Nene” y Matías Emanuel Verón. Tenían el rostro cubierto y portaban armas de fuego, presumiblemente calibre 22 y 32. Entraron por la puerta que da al patio. El patio, además, da a un sitio baldío. Ingresaron y les exigieron dinero. 

Dos de los atacantes los maniataron de pies y manos: se presume que con alambre o algún elemento similar y resistente. A Carrera le taparon la cabeza con un trapo. El expediente dice que presumiblemente Maximiliano trasladó a Rosso a uno de los dormitorios. La dejó sobre una cama de una plaza. La mujer gritó. El agresor le puso medias de lycra en la boca. A Carrera lo llevaron al baño. Lo ataron al bidet, lo amordazaron en la boca y cerraron la puerta. Pasó algún tiempo. Nadie sabe cuánto. Los hombres regresaron, le pidieron más plata y le tiraron agua caliente en las piernas (a Carrera). Lo golpearon. Dos horas después, se fueron: se llevaron alrededor de 8 mil pesos, alhajas, anillos. Se fueron, al parecer, por el mismo sitio por el que entraron. 

Carrera sufrió lesiones de distinta consideración: traumatismo en región lateral de hemitórax, impronta por ligadura compresiva de muñeca y tobillos, signos de mala profusión en las manos (al no circular la sangre), escoriaciones varias por las quemaduras en los antebrazos y las piernas. Rosso murió. Murió en la habitación. Murió por sofocación. Los agresores fueron detenidos a los pocos días.

A Bertolotti se le atribuyen más delitos. Se trata de episodios de violencia de género sucedidos también en General Cabrera. El 22 de octubre de 2015, su pareja iba en bici. En bulevar Buenos Aires, el hombre, que iba junto con otra persona, le cruzó la camioneta. La persona que lo acompañaba se bajó y la agredió. Después hizo lo propio el imputado: la golpeó en el estómago. Una misma jornada pero dos años después, a las dos de la tarde, se registró otro ilícito en calle Maipú 1400. La damnificada fue hasta ese domicilio y le pidió ayuda a su suegra y su cuñada. En el lugar estaba Bertolotti. La atacó. Las mujeres se interpusieron. Bertolotti la amenazó con un fierro. “No me hagas ir a buscar la cuchilla”, le dijo. La víctima sufrió lesiones leves, que le demandaron 15 días de curación. Por estos casos se lo acusa de lesiones leves calificadas por situación de pareja y por mediar violencia de género, coacción y amenazas reiteradas.

Presentación del caso y otros detalles

El caso puede o no presentarse. El representante del Ministerio Público Fiscal, la querella y la defensa, en esta oportunidad, hicieron uso de la palabra.

Márquez fue el primero. Indicó que él es representante del órgano acusador y expresó que con el acusado son “viejos conocidos”. Seguidamente, se refirió al hecho de mayor gravedad y habló de “desprecio por la vida humana”.

En otra dirección, recordó que en marzo del 2003, en Dalmacio Vélez —localidad situada a unos 40 kilómetros de Villa María— Bertolotti, junto con otro hombre, protagonizaron un asalto similar. En esa ocasión, según relató el funcionario judicial, la víctima fue una familia. Contó que en aquellas circunstancias, mientras se perpetuaba el ataque, apareció el hijo del matrimonio, al que le dispararon. Por ese acontecimiento, el acusado fue condenado a 6 años de prisión de cumplimiento efectivo. Cumplidos 4 años, salió en libertad condicional. Poco tiempo después cumpliría la totalidad pero reincidió: pasó lo de 2008.

Asimismo, hizo un breve recuento del hecho, aludió al tipo de lesiones que sufrieron las víctimas y mencionó que se trata de “gente peligrosa”.

Por último, le dedicó un poco de tiempo a los juicios anteriores en los que Bertolotti fue juzgado y en los que resultó absuelto por el beneficio de la duda. Previo a avanzar con la presentación de las otras partes, es necesario brindar algunos detalles sobre esos debates.

En 2010, el imputado, junto con su hermano Maximiliano y Verón, fueron absueltos por el beneficio de la duda en la Cámara Segunda de Río Cuarto. Posteriormente, el Tribunal Superior de Justicia anuló esa sentencia y solicitó que se los juzgara nuevamente en la Cámara Primera de la misma ciudad. En 2013 llegó ese momento. Pero al recinto llegaron sólo dos personas: Maximiliano y Verón. Gustavo Ernesto Bertolotti no se sabía dónde estaba. Así, en 2013, mientras Maximiliano recibió una pena de 18 años de prisión, Verón se llevó 14 años, ambos como coautores por la muerte de Rosso.

Como se señaló, su paradero no se conocía. Se libró una orden de captura para el imputado. Varios meses después, el imputado fue hallado en Paraná (Entre Ríos).

Entonces, un nuevo juicio. Se desarrolló en un junio de 2014 en los Tribunales de Laboulaye (debido a que ya habían actuado con anterioridad las dos Cámaras de Río Cuarto). En ese proceso, otra vez, fue absuelto por el beneficio de la duda.

El fiscal de la ciudad cabecera del departamento Roque Sáenz Peña,  Carlos Zabala, casó la sentencia. El TSJ hizo lugar y dispuso un nuevo juicio: el que inició ayer.

Respecto a la aprehensión de Bertolotti, cabe rememorar que se efectuó en Villa María el 24 de enero del año pasado (por la causa de violencia de género de la que se habló antes y por la que también está siendo juzgado). Lo llevaron a General Cabrera y, desde allí, al establecimiento penitenciario de Río Cuarto.

En relación a las absoluciones, Márquez resaltó que sucedieron “producto de las amenazas que recibieron testigos”.

El segundo en exponer el caso fue el querellante particular Mario Bongianino. “Represento a los ofendidos penalmente”, puntualizó. De esta manera, se dirigió a los jurados populares y les dijo que se trata de un “acto de civilidad democrática”. A la vez, habló que deberán proceder con independencia, ecuanimidad y decisión.

“Violó el pacto social. Abrazó el delito como forma de vida”, manifestó el letrado y añadió que su rol será en memoria de Dominga Rosso y de Anselmo (que falleció hace aproximadamente cinco años de muerte natural).

En su alocución, además, insistió en que los jurados populares “no deben contaminarse con simpatías y antipatías”. Dijo que, por ello, están en “estado virginal” respecto de la causa.

En otro fragmento de su presentación, recalcó que la violencia genera una “fractura social” significativa. Finalmente, agregó que tratará de “ser digno” en memoria de las personas que murieron y añadió que nadie (de los integrantes del jurado) se irá con la idea de que fue condenado un inocente o de que fue absuelto un culpable.

En tercer y último lugar, tuvo la palabra el abogado defensor Torres. Coincidió con su colega Bongianino en tanto la independencia y la ecuanimidad con la que tienen que actuar los jurados populares. Pero también, resaltó que, cuando resuelvan, deben hacerlo con un “estado intelectual de certeza absoluta respecto a la participación”.

Por otra parte, comentó que siempre que haya una duda, debe ser valorada a favor del acusado (lo que se conoce como principio de In dubio pro reo).

“No hicieron demasiado esfuerzo para ubicarlo”, dijo en otro pasaje de su exposición. Y lo dijo en relación al momento en que las otras dos personas fueron condenadas. Igualmente, apuntó que su cliente se había mudado seis o siete meses antes de que se ordenara su detención e, inclusive, sostuvo que Bertolotti no se fue a Entre Ríos con conocimiento de que lo estaban buscando. “No se profugó a sabiendas”, subrayó.

Para terminar, comentó que en este proceso penal se tratará de llegar a la “verdad real e histórica” y sostuvo que en los juicios previos no quedó demostrada la presencia de un tercer sujeto, sino que sólo había dos. “Toda persona tiene derecho a ser defendida”, concluyó.

Datos personales y testimonios

Con la presentación del caso realizada, la magistrada Flores le tomó los datos filiatorios a Bertolotti. El hombre contó que es soltero pero que vive en concubinato desde hace un año y algunos pocos meses. Dijo que tiene cuatro hijos, que cursó hasta tercer grado de la primaria y que sabe apenas leer y escribir. También puntualizó que trabaja como albañil y lleva a cabo otras changas. Respecto al alcohol y las drogas señaló que no consume.

En vinculación con los antecedentes, recordó (como se dijo) que fue condenado a seis años en 2005 por un robo calificado, y a un año en 2016 por abuso de armas.

Al momento de declarar, negó el hecho.

De este modo, se pidió que ingresen los testigos. La primera en comparecer fue Valeria, una de las nietas de Rosso.

“Eran jubilados”, dijo inicialmente y expresó que alquilaban campos. Sobre el día en que se registró el suceso, explicó que ella se encontraba con su madre. En esas circunstancias, su hermana mayor la llamó alrededor de las once y media de la mañana para que concurrieran a la vivienda. Al arribar, vieron “todo el panorama”. Como figura en la pieza acusatoria, recordó que su abuelo estaba en el baño, sobre un colchón, y atado al bidet. “A mi abuela no la vi”, declaró. Seguidamente, refirió que en hospital de la localidad le practicaron las primeras asistencias al damnificado y que, después, lo derivaron a Río Cuarto.

“A él lo abordaron dos personas que entraron por el patio”, enunció. Y describió que al abuelo lo llevaron a un dormitorio contiguo. Comentó que él escuchó los gritos de su pareja y que, pasado un tiempo, no: le habían colocado las medias en la boca.

También relató que cuando llegó a la casa vio que había canillas abiertas y agua por todas partes. “Faltó dinero. Estaban por empezar una remodelación”, manifestó y especificó que se trataba de alrededor de 8 mil pesos. A la vez, rememoró que no estaban tampoco anillos de oro.

“Considero que dos personas no pueden hacer eso”, sostuvo. “Fue muy traumático para mí”, contó.

En otro sentido, narró que la noche del hecho, sus abuelos habían sacado dinero del banco para abonar unos trabajos de carpintería —habían ido porque su abuelo escuchó, en un bar, que al día siguiente habría feriado bancario—.

Por último, refirió que los atacantes tenían armas.

Jorge Alberto es el nombre del padre de Valeria. Fue el segundo en sentarse frente al Tribunal. El hombre coincidió en prácticamente todos los aspectos narrados por su hija y, además, brindó otros detalles sobre qué solían hacer sus padres los domingos. Dijo que salían a dar una vuelta o iban a tomar un helado.

En relación a la cantidad de implicados, habló de dos o tres. En esta dirección, apuntó que Carrera habría escuchado a dos personas que ingresaban por el patio y que Rosso oyó un sonido en las rejas del frente del domicilio.

En ese momento, cuando el fiscal Márquez solicitó que constataran algunos datos en las actas, el imputado Bertolotti interrumpió la audiencia y Flores lo reprendió y le dijo que, si volvía a hacerlo, lo retirarían de la sala.

El testigo, antes de finalizar su alocución, recordó que cuando su padre fue abordado, alcanzó a verle un mechón de pelo que caía sobre la mejilla de uno de los agresores y que, al mismo tiempo, se trataba de personas de entre 20 y 30 años.

La última en hablar fue Noelia María, nieta también de Carrera y Rosso. Al igual que su padre, concordó con todo lo relatado por ellos. Entre otras cosas, describió que el patio de la casa da a un sitio baldío y que el mismo está en cercanías de la ruta. “Es de fácil acceso”, dijo. Y, como los demás, acordó que su abuelo “siempre habló de dos” implicados. Sin embargo, aclaró que su abuela, mientras llevaban al hombre al baño, debía estar con otra persona.

Hoy sigue

Tras finalizar con los testimonios, se solicitaron más para hoy. Así, los jueces dictaron un cuarto intermedio para las nueve y media de la mañana. Se espera que sea una extensa jornada en el quinto piso de Tribunales, porque está previsto que los testigos sean aproximadamente 7.

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