Como en 2003, 2010, 2012, 2016 y 2018, la Cámara del Crimen resolvió ayer, por sexta vez, condenar a Héctor Alejandro Fernández (39), vendedor ambulante de esta ciudad, a la pena de cinco años de prisión.
En esta oportunidad, Fernández fue juzgado por comercializar estupefacientes desde la comodidad de su hogar.
Precisamente en su domicilio, personal de la Fuerza Policial Antinarcotráfico encontró, en el marco de un allanamiento realizado el 12 de octubre del año pasado, distintos envoltorios con estupefacientes. Esa misma jornada, Fernández era detenido bajo la sospecha de que se dedicaba al narcomenudeo, delito por el que ayer fue sentenciado.
Fernández, originario de Villa María pero con domicilio en Villa Nueva, ya había enfrentado cinco juicios en la misma sala (en todos los casos fue declarado culpable).
En la audiencia de este martes, se ventiló que en una ocasión el encartado le vendió medio gramo de cocaína a un individuo, recibiendo a cambio la suma de 900 pesos. Días después, la fuerza antinarcóticos allanó su vivienda y secuestró un envase de plástico con 31 dosis de cocaína, por un peso equivalente a 15,5 gramos, un cigarrillo armado y picadura de marihuana, y una planta de cannabis que se hallaba envuelta en una bolsa dentro del freezer.
Las pruebas que recolectó la Fiscalía de Lucha Contra el Narcotráfico, a cargo de Walter Gesino, fueron contundentes para la jueza Eve Flores, quien luego de deliberar resolvió imponerle al prevenido Fernández la pena de cinco años de cárcel y una multa de 585 mil pesos.
Cabe precisar que del debate en el quinto piso del palacio tribunalicio también participaron los abogados defensores Analía Nicolli y Brian Jahir Chiaraviglio y el fiscal de Cámara Francisco Márquez, funcionario que representó al Ministerio Público.
Seis condenas en 20 años
La condena que recibió Fernández ayer no fue ni la primera, ni la segunda, ni la tercera. Fue la sexta.
El encartado tenía apenas 19 años cuando se sentó por primera vez en el banquillo de los acusados. Fue el 28 de noviembre del 2003. Aquella jornada, un joven Fernández recibió una pena de dos años y nueve meses de prisión en suspenso por hechos de hurto calificado, robo, hurto simple reiterado, violación de domicilio y daño. Como la pena fue de ejecución condicional, pudo recuperar la libertad ese mismo día.
Su segunda vez en Tribunales se dio siete años más tarde, el 2 de junio del 2010, jornada en la que fue hallado culpable del delito de encubrimiento, razón por la cual se le impuso la pena efectiva de un año de cárcel.
La tercera condena se efectivizó el lunes 5 de marzo del 2012, cuando la Justicia lo sentenció a tres años de encierro, en este caso, por un hecho de robo armado que cometió en una vivienda de James Craik acompañado por otro sujeto, quien también recibió la misma pena.
Héctor “Cunín” Fernández volvió a pasar por Tribunales el jueves 6 de octubre del 2016. Ese día fue juzgado por los delitos de violación de domicilio y robo. La pena: un año de cárcel de cumplimiento efectivo.
Dos años más tarde, el martes 8 de mayo del 2018, Fernández enfrentó su primer juicio por venta de estupefacientes (el quinto si se consideran todos los delitos).
Eve Flores, la misma jueza que lo recibió ayer en la Cámara, le impuso aquella vez una pena de cuatro años de cárcel. Ese día también fue condenada María Jorgelina Sosa, quien en ese entonces era su pareja.

