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"La escuela existe, funciona y requiere de profesionales de la enseñanza"

La doctora en Ciencias Sociales y docente universitaria Silvia Paredes señaló que la pandemia sacó a la luz las desigualdades en el acceso a la educación y la rigidez de un sistema que se caracteriza por ser "resistente a los cambios"

La coordinadora de la Licenciatura en Ciencias de la Educación, doctora en Ciencias Sociales y docente del Instituto de Humanas de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), Silvia Paredes, se refirió al momento actual que atraviesa la enseñanza en todos sus niveles debido a la pandemia de Covid-19.

En su relato, señaló que la pandemia de coronavirus sacó a la luz las desigualdades existentes en el acceso a la educación y la rigidez de un sistema caracterizado por mostrarse resistente a los cambios.

El recurso de la virtualidad expone la necesidad de contar con educadores formados, da a entender la docente. “El estudiar en casa dejó en evidencia –y muchas veces mostrado con humor de padres desesperados por no saber cómo ‘enseñar’ a sus hijos- que la escuela existe, funciona y requiere de profesionales de la enseñanza que –como tales- se han formado para esa tarea que tiene particularidades y requerimientos propios y específicos”, sostuvo.

La educación y el contexto

Paredes ensayó una mirada sobre la realidad que rodea a la educación en contexto de emergencia y cómo esta trasluce los defectos del sistema, que al parecer tiene sus fisuras.

“La situación actual, absolutamente impensada meses atrás, ha conmovido a la sociedad en su conjunto y a escala planetaria, y entre tantas instituciones y prácticas sociales, ha impactado en el sistema educativo y las prácticas docentes”, abrió la mujer.

Y continúa: “Cuando digo sistema educativo incluyo todos los niveles y modalidades, desde el jardín maternal hasta el posgrado universitario. Nuestros sistemas educativos se han construido históricamente ‘haciendo pie’ entre otros elementos, en la presencialidad, más allá de las experiencias –muchas muy valiosas- que se venían desarrollando en la educación a distancia, sobre todo en los estudios de posgrado, de postítulos docentes y en algunos casos, en el grado universitario”.

Paredes explicó: “En el contexto de la pandemia y con la suspensión de la presencialidad, hemos echado mano a recursos diversos que nos permiten dar continuidad a las actividades de formación; y progresivamente nos vamos apropiando de diversas tecnologías, vamos mejorando nuestras competencias en la producción de recursos educativos”.

No obstante, remarcó que este momento debe ser tomado “como una situación excepcional y transitoria y con un trasfondo de mucha preocupación y angustia”.

“Esta situación actual nos ha mostrado muchas cosas, muchas ya la sabíamos, pero las ha puesto al desnudo y otras han venido a discutir algún sentido común que circulaba sobre la escuela. De esas muchas cosas voy a señalar algunas que exigen que las sigamos pensando y problematizando desde el campo pedagógico y en el campo de las políticas públicas”, indicó la coordinadora de la especialización en educación de la UNVM.

El escenario de la pandemia, dice Paredes, mostró cuán fuertes son las desigualdades sociales en el acceso a la educación y al capital cultural. “Esta situación profundiza las desigualdades, que deben seguir siendo el centro de la preocupación y la acción de la política pública”, comentó.

Otro de los puntos que destaca de este contexto la profesional se relaciona a “la rigidez de la escuela y la resistencia al cambio”. En esa línea, resaltó “la lentitud de las políticas educativas para dar respuesta a las diferentes contingencias y de las dificultades de los docentes para adaptarse a nuevas situaciones”. Y añadió: “La experiencia de estos meses, la rápida adaptación a nuevas condiciones pone -al menos- en discusión esas aseveraciones”.

“La escuela existe y funciona”

La entrevistada indicó que el estudiar en casa “dejó en evidencia –y muchas veces mostrado con humor de padres desesperados por no saber cómo ‘enseñar’ a sus hijos- que la escuela existe, funciona y requiere de profesionales de la enseñanza que –como tales- se han formado para esa tarea que tiene particularidades y requerimientos propios y específicos”.

“Ojalá esto contribuya a la valoración social del trabajo docente y a la mejora de las condiciones de trabajo y, en la Universidad, a la jerarquización de la función de enseñanza en relación con las otras funciones como investigación y extensión”, precisó.

Por último, la especialista puso en evidencia la potencialidad que conserva la escuela en términos de su función social. Y destacó: “Lo pienso como el espacio privilegiado para el encuentro con otros, que permite la circulación de prácticas culturales diversas y que produce un ‘efecto’ escolar en la estructuración de la vida social y familiar”.

“Si en algún momento se puso en dudas si la escuela tenía potencialidad para regular algunos aspectos de la vida social, la “ausencia” de escuela puso en evidencia su enorme capacidad de estructurar la vida social”, mencionó.

Y concluyó: “Creo efectivamente que hay ausencia de escuela tal como definimos más allá de la continuidad pedagógica y del enorme trabajo que estamos haciendo maestras, maestros, profesores y profesoras”.