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"Grité ese gol con alma y vida"

Ariel Menta recuerda que "me costó recuperarme de una lesión, pero Giacri me dio la titularidad. Hice el gol y quedé de frente a la hinchada. Se nos venía negando el título". Sonríe y acota: "Le quité esa tapa a Marín y los hermanos Valle"

El fútbol local ofrece contención, y formación, pero esencialmente deja numerosos amigos y recuerdos eternos.

Para Ariel Menta, los 5 títulos logrados con Colón de Arroyo Cabral son inolvidables, y lograr la última corona con el “rojinegro” y ser tapa de PUNTAL VILLA MARÍA el 30 de junio de 1997 fue un motivo más de orgullo. “Mi familia hizo un cuadro con esa tapa, me lo regalaron, y aún lo tengo colgado en un lugar especial de mi casa, como también tengo guardado en mi corazón ese momento”.

Un grito sagrado como aquel, con “avioncito” incluido mirando a su tribuna llena, perdura eternamente en su memoria, y también en el archivo de PUNTAL VILLA MARÍA. Fue la foto principal de la primera tapa deportiva de la historia de 23 años de este diario.

“Colón es el nuevo campeón de la Liga”, reza el título de portada, y la bajada amplía: “Goleó 9 a 1 a San Lorenzo de Las Perdices. Segundo quedó Ticino”.

Ariel Menta es hoy una persona destacada en la sociedad cabralense, y reconocido en la Cooperativa Agrícola Ganadera de Arroyo Cabral. Aclara que “el fútbol ayudó y educó. Se puede jugar bien o más o menos, pero el trabajo en equipo deja una enseñanza única, esa contención y las amistades que se generan, duran toda la vida”.

Ejemplifica al señalar que “con los históricos jugadores que obtuvimos el tetracampeonato, nos juntamos siempre. Y en la cancha nos verán siempre en los mismos lugares, por cábala, y porque aparecen recuerdos y anécdotas de aquellas épocas hermosas”.

Su avioncito de tapa

Resalta que “al gol lo grité así porque se nos venía negado el título. Colón había jugado dos semifinales y una final, pero no ganábamos el campeonato desde 1989, y parecía un ‘embrujo’ como dice el epígrafe de aquel Puntal”.

Su gol fue el primero de la tarde. “En la fecha anterior fuimos por la vuelta olímpica a Ticino, pero perdimos, y se nos pusieron a 2 puntos. La campaña había sido muy buena, y estábamos muy bien físicamente, porque era un equipo con muchos jóvenes. Yo uní esas dos camadas del tetracampeón, y la de ese título, que a su vez tuvo jugadores como Cardona y Marín que luego harían historia y ganarían la segunda Copa Challenger”.

Recalca que “era mi última oportunidad de ser campeón. Había jugado poco ese torneo por una lesión, pero el ‘Zurdo’ Giacri me reconoció el esfuerzo y me dio la titularidad aquel día ante San Lorenzo. Cuando hice el gol tenía a la gente de frente y lo grité como loco. Era el gol del campeonato”.

“Después nos empataron con un golazo de tiro libre, y reaparecieron los ‘fantasmas’ de los campeonatos perdidos en los últimos años, pero enseguida pasamos al frente, y goleamos 9-1”, manifiesta.

Desde el alma

El grito pelado y emocionado se explica. Lo que cuesta vale, y su esfuerzo por recuperarse de la lesión, por ayudar al equipo a dar la vuelta olímpica, está graficado a la perfección en ese tapa de diario. “Lo grité con alma y vida”, afirma.

Aclaró que “no podía rehabilitarme de la lesión. Cuando empezó ese partido, a los 5’ fui a buscar el centro en un tiro libre”.

Fue hace 23 años, pero lo cuenta como si estuviera en la cancha hoy, y hasta ganas de volver a gritarlo parece tener su relato conmovedor por los detalles. “Diego Valle era quien ejecutaba las pelotas detenidas. Si bien despejaron, yo hice varios goles de rebotes, por quedarme un segundo más a la pesca, por si había segundas jugadas. Recogió el rebote Diego, la tiró al área, y cuando observé que habían quedado enganchados la fui a buscar. Definí por sobre la cabeza del arquero (Sergio Mendoza)”.

Estimó que “ese día tendría que haber jugado a la quiniela, porque Colón hizo 8 goles más, pero lo que son las casualidades, yo le quité la tapa a Diego Marín que hizo 4 goles, a Gonzalo Valle que hizo 2, a Diego Valle y a Daniel Soppeno, que vivían del gol. PUNTAL me premió por mi esfuerzo jaja”.

Destacó que “siempre me consideré un poco picapiedra, pero me gustaba soltarme al ataque. En la década del 80 era muy difícil jugar en esos equipos que ganaron el tetracampeonato, y había que estar listo para ocupar cualquier lugar cuando había una baja”.

Indicó que “era volante, pero me acostumbré a jugar de defensor. A mí me gustaba la faz ofensiva, y Juan Carlos Giacri me daba libertad para soltarme a posiciones de ataque, porque le gustaba abrir los espacios con la proyección de los laterales, y que terminaran tirando centros. Por eso jugué mucho como marcador de punta en los equipos del tetracampeón”.

El inolvidable tetracampeonato

Menta destaca que “tuve participación en los 3 primeros campeonatos, y más en el cuarto, pero me lesioné en los play off finales”.

Si bien Colón logra su primer título en 1982, resalta los logros en los títulos de 1986, 1987, 1988 y 1989, que marcaron época en la Liga. “La camada histórica fue cambiando. Yo era más de los Fernández, Esquivel, Navarro, Conti, Giraudo, pero quedé en el medio con respecto a los del ‘97”.

Reconoce que “ya era de los más grandes de este plantel, que tenía pibes de 15 años. Marín, Soppeno, Márquez eran mucho más chicos”.

Destacó que “en 1986 Giacri me empieza a poner de lateral. El ‘Hilacha’ Fernández era un crack, un gran marcador, pero el DT quería proyección cuando se cerraban los espacios. Los tres Fernández y la ‘Pecosa’ Esquivel formaron una defensa tremenda. Eran inamovibles, salvo que se lesionaran”.

Explicó que “entrar por afuera en una cancha chica como la nuestra es un buen argumento, máxime cuando los wines comenzaron a cambiar. Los hermanos Francisco y Sergio Martina jugaban por todo el frente de ataque y abrían espacios para proyectar a los laterales”.

Insistió que “la onda Griguol me abrió un espacio como defensor. Lo que aguantamos con Boasso y Soppeno haciendo banco fue tremendo. ¿Quién iba a mover a ese equipo que se recitaba de memoria? Los 3 Fernández, Esquivel, Navarro, Conti, Giraudo, los dos Martina, y un par de refuerzos puntuales que venían como Ramón Conti, Diego Cabral, Cardegna... En el ‘86 vino sólo ‘Puma’ Rodríguez, que era otro crack de la época”.

Explicó que “en ese momento ser suplente en ese Colón era un halago, y poder entrar en gran parte del campeonato nos hacía sentir orgullosos de ser parte. Comimos banco que daba miedo, pero sacarles el puesto a esos muchachos, no era nada fácil”.

Manifiesta que “con 2 jugadores de afuera se arreglaba Colón. Los pibes del club éramos los que tapábamos huecos y se nos respetaba no traer tantos refuerzos. Era nuestra motivación, porque el equipo estaba armado, y se había fogueado en tantas batallas previas”.

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