¡Somos campeones otra vez!
“¡Palo, palo, palo, palo bonito, palo eh; eh eh eh, somos campeones otra vez!”, gritaban en la plaza.
Messi y sus amigos le cumplieron el sueño a los argentinos y a muchos niños y niñas, jóvenes, y hasta a los que pisan los 40, quienes por primera vez pudieron disfrutar y cantar esa vieja canción futbolera.
La Scaloneta fue capaz de vencer y arrebatarle la corona mundial a una Francia que como Terminator se levantaba cuando parecía superdestruida y nos llenaba de preguntas. Dibu Martínez se disfrazó del Pato Fillol o de Nery Pumpido (ese que entró con la copa junto al Checho Batista) o del Goyco y por tercera vez Argentina gritó: ¡Campeón!
Miles y miles de villamarienses se reunieron en la plaza en un desahogo interminable por aquella final de 2014. Los pibes lloraban, muchos con camisetas del Diego, al que no vieron levantar la copa, pero idolatran a D10S. Miles con caretas y camisetas de Lionel, el ahora rey del mundo e indiscutible héroe para los argentinos.
Pero estaban esas dos parejas de sesentones (léase más de 60 años) que se abrazaban. Ellos eran los de 20 y pico que se conocieron festejando y bailando al ritmo de Carlitos Rolán, la Leonor y el Cuarteto de Oro, y hasta las Chi-Chi, con su hit: “El pasito cordobés”.
Fue en el ‘78 en Plaza Ocampo, cuando todos queríamos ser Kempes. Se abrazaban borrachos de felicidad, tiraban papelitos como nos pedía Clemente, y gritaban: “Se va a acabar la dictadura militar”.
Los milicos, más gambeteadores que Houseman y Ortiz, encerraron a todo el pueblo en la Plaza Ocampo en el ‘78 para que el festejo se hiciera interminable, pero siempre bajo control y custodiado.
En el ‘82 les quedó el sabor amargo cuando al Diego se le salió la cadena contra Brasil y nos quedamos sin la copa, y con una guerra de Malvinas que nos dolía en el alma. Bajo la bota y el fusil era difícil festejar. Pero esas dos parejas que se conocieron en la Plaza Ocampo y bailaron hasta el amanecer en el ‘78 decidieron creer en este bendito país y hacer el amor y no la guerra.
Con sus hijos en brazos, se reencontraron en el ‘86. Emocionados se abrazaron. Raúl Alfonsín quiso echar a Bilardo, pero lo recibió en La Rosada al Narigón y al Diego. Ellos nos hicieron copar la costanera de punta a punta y por segunda vez gritamos: ¡Campeón! Allí se reencontraron las dos parejas con sus pequeños hijos, aún con pelo largo y alguna letra de protesta que se mezclaba con la marchita peronista para pedirle a los gritos: ¡Perdón Bilardo!
Éramos libres para festejar donde y cuando quisiéramos. Pero ese estallido social que sin piedad desataron el Diego y sus amigos recién volvió a verse ayer en el centro de la Villa.
¡Por supuesto que se reencontraron los ahora +60 que eran los mismos que bailaron en Plaza Ocampo en el ‘78! Emocionados, con sus hijos que pisan los 40 y no recordaban lo del ‘86 pero que tienen tatuado al Diego. Y ya estaban sus nietos, que ya van a tatuarse a Lionel, al Dibu, a Enzo o a Julián.
Quizás pasen muchos años para volver a unirnos y sentir que somos los mejores del mundo otra vez, y aunque sólo el fútbol nos permita sentirnos hoy el país más feliz del mundo pese a esta cruda realidad que vivimos, esa pareja tiene fe (como Palito Ortega con su hit “Yo tengo fe” de los ‘70) que volverán a reunirse en una plaza, sea la Ocampo o la Centenario, para gritar que el Diego alienta a Lionel desde el cielo, y que Lionel alienta desde las gradas al nuevo Messi que nos regalará la cuarta.
Ojalá no pasen 36 años para que puedan abrazarse, bailar, tirar papelitos y gritar: ¡Palo, palo palo. Palo bonito, palo eh; eh, eh, eh, somos campeones otra vez!
Se fueron abrazados: “Canta conmigo, que un amigo vas a encontrar, y de la mano de Lio Messi...”.