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Educar en las emociones: un paradigma que crece con el tiempo

Para la profesora y licenciada en Psicopedagogía, Susana Maurin, trabajar en lo espiritual es uno de los tantos aspectos fundamentales que tiene la enseñanza. "Cada vez hay más conciencia de esto en los docentes", señaló
 
La profesora y licenciada en Psicopedagogía de la Universidad Católica de Cuyo, Susana Maurin, llegó a la ciudad para brindarle a la comunidad educativa del Instituto del Rosario y Profesorado Gabriela Mistral una capacitación sobre la educación en lo espiritual.

La mujer debatió con los docentes, estudiantes y directivos del establecimiento sobre el rol fundamental de educar en emociones. En diálogo con los medios de comunicación, Maurin expresó que cada vez hay más conciencia sobre el desarrollo de las capacidades espirituales dentro de las escuelas. La educación de las emociones es un paradigma que crece a medida que pasa el tiempo.

“Dar nuevas y mejores respuestas educativas”

Según describió la propia Maurin, la educación de las emociones trata de trabajar para el desarrollo de capacidades que todos podemos desarrollar, como por ejemplo el conocernos a nosotros mismos y el darnos cuenta de las emociones que estamos sintiendo. “Si estamos tristes, enojados, si sentimos ira o envidia. Se trata de darnos cuenta y ponerle nombre a esas emociones para regularlas y poder expresarlas de una manera adecuada”, explicitó.

En ese aspecto, la psicopedagoga y autora del libro “Educación Emocional y Social en la Escuela –  Un nuevo paradigma, estrategias y experiencias” explicó que muchas personas suelen tener grandes conocimientos académicos y éxitos en la vida pero “a veces los arruinan por falta de educación en estas capacidades”. 

“Lo emocional es la capacidad de sentir motivación por ideales o metas que sean importantes para nosotros, también la capacidad de empatía y de comprender las emociones de los demás y los conflictos interpersonales. Si la educación no trabaja con esto es incompleta porque estamos viviendo en una sociedad que nos está dando fuertes indicadores de que tenemos que dar nuevas y mejores respuestas educativas, y estas respuestas las da la educación emocional”, afirmó.

El rol docente

Maurin sostuvo que tanto el docente como el alumno son sujetos que están en continua interacción. “Todos somos sujetos de emociones y todos aquellos que hoy somos adultos no hemos recibido educación para desarrollar estas capacidades. La educación emocional es para todos los colegios y para todos los alumnos, no es solamente para los que tienen problemas”, dijo.

La especialista no desligó al educador de la enseñanza de las emociones, al contrario, lo comprometió. “Hemos descubierto con muchísimas experiencias realizadas que los docentes tenemos un inmenso poder para transformar las vidas de los alumnos para que sean más felices y ser también nosotros más felices”, argumentó.

“Si el chico piensa soy un inútil o un incapaz, siempre me equivoco, todos me odian y nadie me quiere, entonces es difícil que aprenda en esa situación y con esas creencias. El docente debe tratar de transformar esas creencias paralizantes en otras. Esto no trata de grupos de autoayuda o psicoterapia, sino que es educación como lo mandan las normativas de Nación y  Provincia”.

El contexto social

La mujer describió el contexto social del país como complejo. Remarcó que resulta fundamental que los niños y niñas se alimenten correctamente para el desarrollo de la salud física, mental y emocional.

En esa línea mencionó: “Los docentes tenemos que tener una visión optimista, que se basa en brindar  oportunidades más allá de cualquier situación que hayan tenido en una vida pasada o presente. Nosotros debemos ofrecer oportunidades que hagan que los chicos tengan una nueva visión de su vida y tengan posibilidades de salir adelante de las situaciones más adversas”.

La referente indicó que tanto los gobiernos como los educadores deben cumplir con sus tareas para el pleno desarrollo de las emociones. “Los docentes no podemos realizar las tareas de todos, pero sí podemos darles oportunidades a los chicos de que puedan cubrir otras necesidades emocionales que son tan importantes como el comer, el beber o el estar abrigados”, evidenció.

Un paradigma que crece con el tiempo

Maurin nota resultados positivos en estas líneas. Relató: “Cada vez hay más conciencia de esto en los docentes. Eso nos da esperanza y mucho optimismo, no sólo para el presente y el futuro de los alumnos y los docentes, sino también de la sociedad, porque hemos comprobado que en educación se produce lo que los biólogos llaman el efecto mariposa: los cambios se trasladan”. 

“Un cambio producido en un chico se traslada a todo el grupo, a todas las familias, y esos cambios en las familias se trasladan a la sociedad entera”, concluyó.



Maximiliano Gilla.  Redacción Puntal Villa María

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