Eduardo Bassi es un profesor destacado, muy reconocido y de gran trayectoria en el fútbol local.
Su permanente capacitación, desde que jugaba al fútbol en Argentino, le permitió ser preparador físico desde muy joven y traspasar las barreras de la ciudad, ya que trabajó en Renato Cesarini en Rosario, en Europa y México, donde forjó una relación con Andrés Fassi, quien estuvo a punto de formalizar un gran proyecto con el Pachuca en Villa María.
Sin olvidar su paso como director de Deportes de Villa Nueva y director de Discapacidad de Villa María, hoy trabaja en Acción Juvenil de General Deheza y aportó su visión de la realidad con crudeza, claridad y avalado por su conocimiento.
“Hace 100 días éramos trabajadores y formadores del fútbol. Nuestra labor era aprovechar ese espacio de contención tan especial que aportan los clubes, como herramienta para mejorar la calidad de vida y educar a los deportistas para mejorarlos físicamente, pero además para aportarles valores como luchar por un objetivo, esforzarse individualmente y entender el significado de un trabajo en equipo. Ese sentido de pertenencia por su club, por su ciudad, por sus amigos, era también formar hombres sanos y de bien, fomentando la inclusión y procurando combatir flagelos de la calle”, dijo.
Toda esa introducción obedece a lo que expresa a continuación: “Ahora, muy a pesar de esta terrible pandemia que azota el mundo, no podemos ejercer nuestra profesión. No hay razones”.
Insiste: “Todo ese trabajo de contención y formación a jóvenes y niños ya no importa. ¿Quién responde a nuestro protocolo presentado en tiempo y forma? Nadie cree en nuestra metodología y conocimiento, asumiendo el rol de formadores y también de agentes sanitarios con profesionales que son tan cuidadosos como otras disciplinas que fueron habilitadas”.
El protocolo presentado
Bassi señaló: “Presentamos el protocolo y dejamos en claro ante las autoridades de General Deheza que nuestra prioridad es la salud”.
Agregó: “Mientras trabajábamos virtualmente, les propuse a los integrantes del cuerpo técnico que nos paráramos en el club y observáramos cómo podíamos hacer cuando volviera la actividad. Desde los ingresos y egresos, pasando por cada detalle de cuidado sanitario, con metodología de trabajo por estaciones individuales, evitando los contactos labores de técnica individual. La cantidad de integrantes de cada lugar en espacios reducidos, con especial énfasis en no usar vestuarios, recomendaciones de indumentaria, distancias y también cada necesidad sanitaria”.
Estimó que “cada profesional del club aportó lo suyo. Ningún detalle quedó librado al azar”.
Se preguntó entonces: “¿Cómo hago si mi vecino juega al tenis y el otro es ciclista? Yo, futbolista, tengo que quedarme en casa o salir a caminar, como máximo”.
“¿La contención del deporte dónde quedó? Si el pibe futbolista puede y debe entrenar igual que el tenista o el ciclista en su club. No va a jugar al fútbol, debe entrenar porque es deportista igual que el golfista o el que juega al pádel. Necesita entrenar en su club”, aclaró.
Remarcó: “Cuando hablan de deportes individuales, es en cuanto a la competencia, pero todos pueden entrenar individualmente, incluso en el fútbol. No hablamos de que habiliten para empezar a jugar al fútbol”.
Analizar con sentido común
Bassi confesó que “tanto en el COE Regional de Río Cuarto como en el de Villa María deben entender que hace 100 días el futbolista respetó todas las medidas, pero no es claro que no permitan a un jugador de fútbol entrenar individualmente en un predio donde hay 5 canchas, donde entran y salen por diferentes lugares. Es igual que un tenista, o un ciclista”.
“Esos chicos del fútbol, en su mayoría, ya están jugando en la calle. ¿Cómo pararlos?”, afirmó.
Aclaró: “No tienen clases, los aburre, no les sirve y hasta los desgasta de mala forma el entrenamiento virtual que desarrollamos los profes y no es posible estar encerrados. Salen y juegan”.
“Lo harán sin cuidados en la calle, en la esquina, en el lugar que vean rodar una pelota. Corren muchos más riesgos que en un club, ya que no tienen ninguna medida sanitaria. No está bien”, dijo.
Lo fundamental para Bassi fue que el protocolo apunta a que los profesores también son “agentes sanitarios del deportista. En la calle no hay sanidad alguna”.
“La higiene, la limpieza del lugar, el horario de entrada y salida, las distancias, ¿dónde quedan si juegan al fútbol en la calle? ¿La Policía debe detener a los pibes?”, resaltó.
Destacó: “Si entrenáramos en la calle como lo hace un tenista, o un ciclista, estaría bien. Pero si sacamos la pelota de fútbol vamos presos. Y estaríamos haciendo exactamente lo mismo, pero además bajo la contención de profesores, kinesiólogos y DT, en un club”.
Enfatiza: “Si no abren los grifos para que trabajemos, es imposible dotar de salud y mejor calidad de vida a los deportistas. El pibe que juega al fútbol puede correr si se viste de tenista y va con una raqueta en la mano. Veo a los pibes que entrenan en el Sport Social Club y no debe existir mucha diferencia con lo que yo haría con los futbolistas en una práctica”.
“No es jugar al fútbol, necesitan la actividad física. No se puede hacer un trabajo táctico o técnico colectivo ni parar a un equipo en la cancha o jugar un reducido. Se puede hacer un entrenamiento físico individual que les sirva y con cuidados sanitarios específicos”, puntualizó.
Explicó: “Virtualmente entreno a 30 futbolistas por Meet. Uno está el garaje; otro, en un quincho; otro, en el gallinero; otro, en el patio. ¿Qué chiste les hago para que sigan entrenando tras 100 días?”.
“Los chicos quieren entrenar, pero no los están dejando”, recalcó.
Indicó: “Nadie se niega a asumir que no se puede jugar al fútbol. Pero les estamos cargando los tendones, las articulaciones en pisos duros, en pocos espacios, sin contacto con la pelota. Es como tener que empezar de nuevo para evitar lesiones y sobrecargas”.
Ejemplificó: “Un mantenimiento en un tiempo normal y determinado está bien, pero en 100 días y sin fecha de regreso no sirve”.
Estimó que “el deportista es competitivo. No necesita jugar un reducido, sino ver que en una cancha, donde trabajan 4 jugadores, él lo hace más rápido y mejor. Eso lleva a la superación de cada uno”.
Destacó: “La virtualidad me ha servido para aprender que en días de lluvia se puede entrenar de la mejor forma. Pero es la única ventaja que encuentro de esto”.
Reconoció: “Nada positivo encuentro del resto. En una charla que tuvimos con profesores del Puebla de México coincidimos en que trabajan muy poco los posteriores, porque están frente a la cámara. Hacen sentadillas, flexiones de brazos, pero sobrecargando la parte de adelante y poco para la zona posterior. Produce lesiones”.
Aclaró: “Tren superior y flexiones de brazos, sentadilla, bárbaro, pero en retroceso, nada. Eso pasa en un gimnasio y frente a un espejo. ¿Pero en el fútbol?”.
“Hoy cualquiera cobra 2 pesos para dar clases por YouTube. Cuando volvamos me van a decir que vieron a Sol Pérez haciendo sentadillas. El jugador mira y copia, pero ni Sol Pérez ni esos que dictan cátedra virtual los ayudarán”.
Estimó: “Hablé con profes de Belgrano, con los de Puebla. Todos estamos trabajando virtualmente, pero ¿es bueno tras 100 días? El perro se cruza ante la cámara, la mesa de luz y la silla se quebraron... No tienen todos un parque como Franco Jara para hacer lo que corresponde a un futbolista”.

