La persistente ola de violencia ya dejó ocho muertos en Chile
Los heridos suman más de 200 y los detenidos ascienden casi al millar. Los manifestantes desafían el toque de queda. Se registraron nuevos incidentes y cacerolazos pacíficos
El hallazgo de cinco cadáveres entre los escombros de una fábrica textil incendiada en el noroeste de Santiago elevó a ocho la cantidad de víctimas fatales registradas en el contexto de las protestas de este fin de semana en Chile, informó ayer una fuente oficial.
“Lamentablemente se han encontrado cinco cuerpos en el interior de la fábrica, producto de este incendio”, afirmó el segundo comandante del Cuerpo de Bomberos de Santiago, Diego Velásquez.
Con respecto al incendio, Velásquez dijo que “los vecinos indicaron que podría haber sido intencional” y agregó que esa “es una hipótesis que se está barajando”.
La fábrica quemada está en Renca, una comuna del noroeste de la capital.
Más temprano, la intendenta de la región metropolitana de Santiago, Karla Rubilar, anunció que tres personas murieron ayer a la madrugada a raíz del incendio de un supermercado en la comuna de San Bernardo, en el sur de la capital.
Los bomberos encontraron en el lugar dos cadáveres calcinados y otra persona gravemente herida fue trasladada a un hospital, donde murió poco después, detalló la funcionaria.
Asimismo, diversos reportes sumaron más de 200 heridos y, según el ministro del Interior, Andrés Chadwick, había ayer 960 personas detenidas por los disturbios ocurridos en el contexto de las protestas registradas este fin de semana en Chile tras la suba del boleto del subte.
Un domingo con contrastes
El día después de los mayores brotes de violencia social desde la vuelta a la democracia en Chile en 1990 tuvo distintas caras en la ciudad de Santiago, en donde se pudo ver desde enfrentamientos de manifestantes con carabineros, cacerolazos pacíficos y largas filas para conseguir nafta y comida hasta, en el otro extremo, personas que paseaban como en cualquier domingo primaveral.
En las calles céntricas, el alumbrado público, los semáforos, las vallas y los bancos de las plazas y los carteles publicitarios mostraban las huellas de un día de furia que arrasó con todo a su paso.
También había en algunas esquinas restos de barricadas incendiadas, que fueron usadas anteanoche por los manifestantes, que desafiaron a las Fuerzas Armadas, que tenían el control de la seguridad y el orden público, por el decreto del estado de emergencia del presidente Sebastián Piñera y el posterior "toque de queda".
Pese a que esa medida prohíbe el normal desplazamiento de las personas, las manifestaciones no se detuvieron.
Fue inevitable recordar los años de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) con la presencia en las calles de militares, que no solamente custodian los puntos críticos de la ciudad -centros de reunión de manifestantes y todas las estaciones del subte-, sino que además patrullaban las calles con tanquetas y jeeps, en todos los casos repletos de efectivos uniformados y fuertemente armados.
En la emblemática y capitalina plaza Italia los manifestantes desafían a las fuerzas policiales y militares, que procuran dispersarlos con gases lacrimógenos, y apenas un rato después los grupos vuelven a la carga, en una acción que lleva ya horas.
En esta plaza y en los alrededores se podían ver y oler los restos de los enfrentamientos, del mismo modo que se confirmaba el ímpetu de los manifestantes, que pese a la amenazante presencia de las fuerzas de seguridad se mantenían firmes con cánticos y saltos.
El reclamo ya incluye la renuncia de todo el Gobierno, lo que confirma que lo que se inició como una revuelta por el alza del precio del boleto del subte -ya dejado de lado- ahora sumó otras demandas, entre ellas el fin de la corrupción de la clase política y el combate a la tremenda diferencia económica que reina en Chile entre poderosos y trabajadores.
En estas marchas, la mayoría son jóvenes, que llegan con amigos y parejas, con pañuelos en el cuello. "Tenemos que traer estos pañuelos no para taparnos la cara como si fuéramos encapuchados, sino para protegernos de los gases", explicó Elisa.
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“Lamentablemente se han encontrado cinco cuerpos en el interior de la fábrica, producto de este incendio”, afirmó el segundo comandante del Cuerpo de Bomberos de Santiago, Diego Velásquez.
Con respecto al incendio, Velásquez dijo que “los vecinos indicaron que podría haber sido intencional” y agregó que esa “es una hipótesis que se está barajando”.
La fábrica quemada está en Renca, una comuna del noroeste de la capital.
Más temprano, la intendenta de la región metropolitana de Santiago, Karla Rubilar, anunció que tres personas murieron ayer a la madrugada a raíz del incendio de un supermercado en la comuna de San Bernardo, en el sur de la capital.
Los bomberos encontraron en el lugar dos cadáveres calcinados y otra persona gravemente herida fue trasladada a un hospital, donde murió poco después, detalló la funcionaria.
Asimismo, diversos reportes sumaron más de 200 heridos y, según el ministro del Interior, Andrés Chadwick, había ayer 960 personas detenidas por los disturbios ocurridos en el contexto de las protestas registradas este fin de semana en Chile tras la suba del boleto del subte.
Un domingo con contrastes
El día después de los mayores brotes de violencia social desde la vuelta a la democracia en Chile en 1990 tuvo distintas caras en la ciudad de Santiago, en donde se pudo ver desde enfrentamientos de manifestantes con carabineros, cacerolazos pacíficos y largas filas para conseguir nafta y comida hasta, en el otro extremo, personas que paseaban como en cualquier domingo primaveral.
En las calles céntricas, el alumbrado público, los semáforos, las vallas y los bancos de las plazas y los carteles publicitarios mostraban las huellas de un día de furia que arrasó con todo a su paso.
También había en algunas esquinas restos de barricadas incendiadas, que fueron usadas anteanoche por los manifestantes, que desafiaron a las Fuerzas Armadas, que tenían el control de la seguridad y el orden público, por el decreto del estado de emergencia del presidente Sebastián Piñera y el posterior "toque de queda".
Pese a que esa medida prohíbe el normal desplazamiento de las personas, las manifestaciones no se detuvieron.
Fue inevitable recordar los años de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) con la presencia en las calles de militares, que no solamente custodian los puntos críticos de la ciudad -centros de reunión de manifestantes y todas las estaciones del subte-, sino que además patrullaban las calles con tanquetas y jeeps, en todos los casos repletos de efectivos uniformados y fuertemente armados.
En la emblemática y capitalina plaza Italia los manifestantes desafían a las fuerzas policiales y militares, que procuran dispersarlos con gases lacrimógenos, y apenas un rato después los grupos vuelven a la carga, en una acción que lleva ya horas.
En esta plaza y en los alrededores se podían ver y oler los restos de los enfrentamientos, del mismo modo que se confirmaba el ímpetu de los manifestantes, que pese a la amenazante presencia de las fuerzas de seguridad se mantenían firmes con cánticos y saltos.
El reclamo ya incluye la renuncia de todo el Gobierno, lo que confirma que lo que se inició como una revuelta por el alza del precio del boleto del subte -ya dejado de lado- ahora sumó otras demandas, entre ellas el fin de la corrupción de la clase política y el combate a la tremenda diferencia económica que reina en Chile entre poderosos y trabajadores.
En estas marchas, la mayoría son jóvenes, que llegan con amigos y parejas, con pañuelos en el cuello. "Tenemos que traer estos pañuelos no para taparnos la cara como si fuéramos encapuchados, sino para protegernos de los gases", explicó Elisa.