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Una distopía en tiempo real: cuando la realidad le pisa los talones a la ciencia ficción

Los escritores Hernán Vanoli, Pablo Plotkin, Pablo De Santis y Juan Mattio analizan el presenta mundial.

Si en algún momento pareció antojadizo y al mismo tiempo lejano plantear un mundo dominado por la virtualidad o trastocado por una pandemia global -dos tópicos transitados por la ciencia ficción- hoy la realidad golpea con coordenadas desconcertantes que vuelven familiares muchas de las tensiones y los miedos que durante décadas exploró este género que ahora parece obligado a resignificar sus confines.

"Vivimos en un mundo donde la realidad se parece más a las distopías de Philip Dick o George Orwell que al realismo de Balzac", planteaba hace un tiempo el escritor Hernán Vanoli en su libro "El amor por la literatura en los tiempos de algoritmos", en una formulación que daba cuenta de cómo el imaginario del género ha perforado la frontera de lo improbable para tornarse, si no viable al menos factible, un fenómeno del que dan cuentan series como "Black Mirror" o la más cercana "Years and Years".

Hace rato que la contemporaneidad asomaba próxima a los universos antojadizos que habían delineado algunos de los clásicos de la ciencia ficción, pese a que todavía no había hecho su aparición espeluznante el coronavirus que hoy mantiene en vilo al planeta y ha desatado la encrucijada entre la doctrina de los países asiáticos que apelan con eficacia a la vigilancia digital para combatirlo y el modelo occidental que se resiste a sacrificar las libertades individuales para combatir una pandemia que ya computa más de 166.000 muertos en el mundo.

¿Cómo se reformulan los alcances de la ciencia ficción bajo esta realidad atravesada por la pandemia y sus derivaciones? "Si tuviera que arriesgar diría que la ciencia ficción se va a hacer más realista porque la realidad se parece más a la ciencia ficción que al realismo que la cultura literaria viene naturalizando desde hace sesenta años", señala Vanoli a Télam.

"También me animo a pensar que los alcances de una nueva ciencia ficción van a depender de su relación con los géneros documentales. Huelo una ciencia ficción realista y transhumanista, centrada en debates más éticos y políticos que filosóficos o técnicos, porque la ciencia ficción aceptó que no puede predecir a la técnica, que va por otro carril", acota.

El autor de "Pyongyang" detecta una transformación en la forma de asimilar el género, acaso más próximo al correlato con la realidad que al vaticinio de lo que vendrá: "Si uno se fija en las plataformas de extracción de datos que ofrecen servicios de streaming como Netflix va a ver que las películas de pandemias muestran una alta demanda. Y este consumo de la ciencia ficción como realismo trastoca, una vez más, los cánones del realismo", advierte.

Me animo a pensar que los alcances de una nueva ciencia ficción van a depender de su relación con los géneros documentales. Huelo una ciencia ficción realista y transhumanista, centrada en debates más éticos y políticos que filosóficos o técnicos, porque la ciencia ficción aceptó que no puede predecir a la técnica, que va por otro carril (Vanoli) Me animo a pensar que los alcances de una nueva ciencia ficción van a depender de su relación con los géneros documentales. Huelo una ciencia ficción realista y transhumanista, centrada en debates más éticos y políticos que filosóficos o técnicos, porque la ciencia ficción aceptó que no puede predecir a la técnica, que va por otro carril (Vanoli)

"La ciencia ficción siempre habló de los miedos del presente, del malestar contemporáneo. Hay literatura predictiva pero todas las grandes obras de ciencia ficción hablan de un conflicto humano en marcha, y llevan nuestros temores y anhelos a escenarios que son descomposiciones de la realidad, corrimientos sutiles o fantasías desbocadas. Pero aun la ciencia ficción más futurista y distópica es una forma de conciencia del presente", sostiene el periodista y escritor Pablo Plotkin.

En esa linea reflexiona también Pablo De Santis: "Siempre me pareció un triste destino para la literatura el de anticipar el porvenir. Porque el porvenir llega y el profeta se queda sin nada que decir. Que Verne haya previsto el submarino o el viaje a la luna es algo que no tiene mayor importancia; son los elementos oníricos y poéticos los que sobreviven en sus libros. Nemo es una figura que sigue hechizando no por comandar un submarino, sino porque es una especie de Merlín de los mares", sostiene el autor de "El inventor de juegos" y "El teatro de la memoria".

"Creo que hay una concepción muy extendida sobre la ciencia ficción que la ubica como una especie de oráculo social, encargada de anticipar inventos o eventos sociales, políticos, científicos, etc. En lo básico, creo que esa posición es falsa. No es lo mismo reflexionar sobre el futuro que intentar anticiparlo", opina Juan Mattio, autor de la novela "Tres veces luz".

Hace unos días, en el comienzo de un intercambio epistolar público que mantiene con la escritora Tamara Tenenbaum, Pedro Mairal posteó que a partir del escenario trazado por el coronavirus se está escribiendo en tiempo real la distopía más impresionante de todos los tiempos, una formulación que además de su carga inquietante instala conjeturas sobre la elasticidad de un subgénero -el de la novela distópica- que sus grandes portavoces como George Orwell o Dick pensaron siempre en términos de un futuro remoto.

Siento que en realidad, el coronavirus es una distopía bastante banal: la gente se vigila entre sí, la economía de derrumba, el liberalismo muestra su anacronismo, los especuladores aprovechan y nadie sabe bien qué hacer más allá del distanciamiento social y la espera de la vacuna –analiza Vanoli-. Creo que el mundo ya se estaba derrumbando con la catástrofe ambiental y la especulación financiera, que desprecia a la vida y es una máquina de infrigir dolor Siento que en realidad, el coronavirus es una distopía bastante banal: la gente se vigila entre sí, la economía de derrumba, el liberalismo muestra su anacronismo, los especuladores aprovechan y nadie sabe bien qué hacer más allá del distanciamiento social y la espera de la vacuna –analiza Vanoli-. Creo que el mundo ya se estaba derrumbando con la catástrofe ambiental y la especulación financiera, que desprecia a la vida y es una máquina de infrigir dolor

"Todo esto nos lleva más Ballard que a Dick El otro día leía un ensayo de Mark O'Connell que hablaba de esto. Las ciudades vacías, el aislamiento, las relaciones íntimas limitadas a la virtualidad, la desconfianza social… Es cierto que son tópicos que también aparecen mucho en Dick pero, como sugiere O'Connell, esa imagen recurrente del universo ballardiano que es la pileta vacía es una metáfora perfecta para este estado del mundo", destaca Plotkin.

"Siento que en realidad, el coronavirus es una distopía bastante banal: la gente se vigila entre sí, la economía de derrumba, el liberalismo muestra su anacronismo, los especuladores aprovechan y nadie sabe bien qué hacer más allá del distanciamiento social y la espera de la vacuna –analiza Vanoli-. Creo que el mundo ya se estaba derrumbando con la catástrofe ambiental y la especulación financiera, que desprecia a la vida y es una máquina de infrigir dolor".

La discusión sobre el poder que ha sido uno de los tópicos de la ciencia ficción parece crucial hoy para discutir cómo los gobiernos diseñan sus estrategias para contener la pandemia: algunos a través de la vigilancia digital como Corea del Sur y otros intentando priorizar las libertades individuales como en el caso de Estados Unidos.

"Ojalá la pandemia, pese a ser trágica y dolorosa, sirva para poner el foco en estas cosas. También quedó demostrada otra cosa que en cierto modo se sabía: que los estados que tienen soberanía de datos gestionan la vida y la muerte mucho mejor que los que no la tienen. China y Corea la tienen, Taiwán también, no es casual que hayan casi detenido la expansión del virus", analiza Vanoli.

"Jameson dice que en el capitalismo tardío, es decir, en nuestra época, es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. De modo que los escenarios distópicos de Dick, Atwood o Ballard nos resultan mucho más reconocibles que las visiones postcapitalistas", apunta Mattio.