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La Academia contra López Obrador: “Su demanda es anacrónica y extemporánea”

El custodio de las letras mexicanas, Gonzalo Celorio, se sumó a las críticas que había realizado el peruano Vargas Llosa

Gonzalo Celorio, el director de la Academia Mexicana de la Lengua, fue uno de los más requeridos por la prensa internacional, después de que el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, saliera a enrostrarle al presidente del país centroamericanicano, Andres Manuel López Obrador, que en lugar de exigir disculpas a los reyes de España o al papa Francisco por la violencia desplegada contra los pueblos originarios, debería mirarse a sí mismo y responder “por qué México tiene aún hoy tantos millones de indios marginados, pobres, ignorantes y explotados”.

Puntal abordó al catedrático, en la puerta del Teatro San Martín, donde acababa de coordinar una mesa sobre el español como lengua universal, en el VIII Congreso Internacional. Celorio no eludió la respuesta, ante la mirada apremiante de los enviados de la Radiotelevisión española  que lo aguardaban para sacarlo en vivo.

“Lo que me parece es que el asunto es mucho más complejo de lo que expresó el presidente López Obrador, y también más complejo de lo que expresó Vargas Llosa. No es que quiera aparecer como conciliador, pero entiendo que hay que tener en cuenta esa complejidad porque México es un país que todavía no terminó de asumir su propia historia y su propia identidad. Ese es el trauma de su historia”, dijo el catedrático.

-Si le preguntara de cuál de las dos posturas se siente más cerca, ¿qué me diría?

-Desde el siglo XVIII, aun antes de la independencia política, se pensó que el elemento diferenciador de la identidad nacional residía en nuestro sustrato prehispánico, nuestro sustrato indígena. Eso lo dijo (Francisco Xavier) Clavijero, uno de los grandes jesuitas ilustrados que fue de los primeros en llamar extranjeros a los españoles. Vino la independencia y entonces como ese era nuestro signo diferenciador de Europa y de España se reivindicaron las culturas indígenas de una manera un tanto, enfática, digamos. Se exaltaron las culturas indígenas, pero por otro lado se siguieron despreciando a las culturas indígenas vivas. 

Es decir,  se empezaron a adorar a los indios muertos y a despreciar a los indios vivos. Eso es algo muy fuerte –recalcó Celorio-. Y en este régimen nacionalista de López Obrador y reivindicatorio de las culturas indígenas que han estado oprimidas, esto cobra una fuerza que no había tenido hasta hace poco. Y ese indigenismo a ultranza da como resultado una demanda totalmente anacrónica, extemporánea y desfasada, concluyó Celorio.



Alejandro Fara. Puntal en el CILE

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