El que avisa no traiciona. Mempo Giardinelli ya había anticipado en la prensa que su alocución en el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española no iba a ser un traje a medida para la academia. Menos aún para el ministro de Educacion de la Nación, Alejandro Finocchiaro, quien ayer compartió en Córdoba el panel “Retos del español en la educación del siglo XXI”, en el Teatro San Martín.
El escritor chaqueño que ganara el Rómulo Gallegos con su novela Santo oficio de la memoria sacudió los rostros amodorrados de quienes llevaban horas escuchando sesudas ponencias y arrancó calurosos aplausos con una estrategia simple pero contundente: llamar las cosas por su nombre, no buscar la aprobación del establishment de las letras y anclar sus palabras en la crítica realidad que vive Argentina.
Lo que sigue es el primer discurso rupturista que cambió, al menos por una mañana, la tónica por la que se desarrollaba el congreso.
Hablamos castellano, no español.- El castellano es una lengua que después del chino mandarín es la más hablada por las personas que la tienen como idioma materno. Es también la lengua romance que ha alcanzado más difusión en el mundo contemporáneo. Es el segundo más estudiado después del inglés y el tercero más utilizado en internet. Por supuesto que doy por descontado que ustedes han reparado ya que no digo español, digo castellano. En realidad el idioma español yo no sé si realmente existió o existe. Más bien presumo que su uso se generalizó por la sumisión al barbarismo de traducir el vocablo inglés spanish.
Un término instalado.- El español es un concepto que empezó a instalarse a partir de traducciones, intereses económicos, intereses bancarios y la expansión geopolítica. Su imposición universal puede pensarse que se inició hace menos de 30 años cuando los fastos celebratorios del quinto centenerio del desembarco de Colón en América. Y tengo para mí que esa instalación no fue ingenua, ni casual, ni inocente. Por lo tanto celebrar este congreso de la lengua me plantea un problema desde la convocatoria misma. Sabemos que toda cuestión educativa se relaciona lógicamente con la lingüística por lo que corresponde recordar que esta mesa va a reflexionar sobre los retos del español en la educación del siglo XXI. Y a mi criterio es una formulación que a mí me confunde y en cierto sentido me maniata. Yo diría que los retos, que los hay, no los plantea el español, sino el neoliberalismo global que hoy predomina en el mundo y que en materia educativa es especialmente peligroso porque la educación es un derecho humano y un derecho colectivo en el marco de procesos de enseñanza y aprendizaje a cargo de maestros y maestras.
Gerenciadores de la educación.- Ahora, en este país y desde hace mucho en países vecinos observamos el paulatino y peligroso reemplazo de pedagogos y maestros por gerentes e instructores provenientes de dudosas disciplinas. Y es que la educación como el sistema de saberes y procedimientos que toda nación provee a la ciudadanía desde la primera infancia es una cuestión no solamente pedagógica. No es solamente un debate de estrategias didácticas para transmitir y coordinar el aprendizaje de millones de niños y jóvenes. Es, al mismo tiempo, una cuestión política. Y lo es porque educar a los pueblos es una responsabilidad básica de todos los Estados. Hacer que un pueblo lea es una educación política y hacer que un pueblo no lea, también lo es.
Congreso político.- Si nos despegamos de toda inocencia, y creo que ese es mi deber ante ustedes, digamos que este congreso también es político porque es continuidad de una decisión tomada por las autoridades del Estado español: la de consagrar a la lengua que ahora llaman español como hegemónica síntesis de todas las lenguas de todos los pueblos que hablan lo que nosotros llamamos castellano. Desde ya que esa disposición a mí me parece un error por varias razones. Y una de las principales es que no responde al devenir histórico de este continente, en sus relaciones por más de cuatro siglos tan conflictivos con el reino de España. Decisión inconsulta que no representa a la gran mayoría de los pueblos americanos de habla castellana. Que se parece mucho a una imposición con tintes autoritarios. De hecho inadmisible porque no atiende ni responde a las realidades de nuestra América. Yo creo que al contrario, esta imposición niega igual que hace cinco siglos la vigencia y la vitalidad de las lenguas originarias que se hablan a la par del castellano en más de 30 naciones americanas. Como tampoco entienden ni parecen aceptar el extraordinario aporte de los idiomas de la inmigración, que en maravillosa mixtura constituyen también la lengua que hablamos aquí, en este continente: el castellano americano.
Reconquista, por otras vías.- Más allá de su trabajo de policía lingüística no estoy seguro de que todo los miembros de la academia hayan sido siempre conscientes del uso político, económico, empresarial y globalizador que los sucesivos gobiernos de España han venido dando al idioma que llaman español y que yo llamo castellano americano. Usos, además, que fueron práctica de dominación por vía de la desnacionalización lingüística que nosotros, lógicamente, resistimos desde lo conceptual, político e ideológico. Para nosotros esa resistencia es vital y se da precisamente en la educación. Entendida como el reto principal y decisivo que nos plantea este siglo XXI. Siglo en el que advertimos con creciente alarma que las políticas educativas que nos formaron como naciones independientes y castellanohablantes están siendo cambiadas veloz y peligrosamente desde que la España posfranquista parece haberse atribuido la misión de recuperar a sus viejas colonias ya no con el sometimiento armado, no con la religión autoritariamente impuesta, no con la conquista territorial sino, como es visible desde los años noventa del siglo pasado, por medio de un sistema económico financiero, cultural y ahora también educativo y linguístico
Desmantelamiento.- Cada vez es más evidente el cambio de paradigma. Basta reparar en la educación argentina en la que, como ya se hizo en Chile, la intervención de empresas e instituciones transnacionales empiezan a gobernar el sistema, impone la distribución salarial, sataniza al sindicalismo educativo, recorta becas, desmantela la educación técnica, elimina institutos de formación docente y cancela o quiera cancelar -porque no los dejamos- la educación para adultos y trabajadores. Así nos va con las políticas de desindustrialización una de cuyas consecuencias es el abandono de la educación pública en el interior del país en todos los niveles que a lo mejor desde Buenos Aires, desde el ministerio que encabeza el respetado doctor Finocchiario, no lo ven, no lo comprenden totalmente. Pero es un abandono pedagógico, edicilio y de formación docente. Lo que en un país con el 60 por ciento de inflación anual y uno de los mayores endeudamientos del planeta es poco menos que suicida y acaso incendiario, Dios no lo quiera.
Abandono de la educación.- Siguiendo ese libreto globalizador impuesto por las normas leoninas del Fondo Monetario Internacional, el actual gobierno argentino ha clausurado prácticamente todos los programas que en lo que va del siglo habían mejorado notablemente el sistema educativo. Las políticas de modernización y globalización están imponiendo el abandono de la educación, a la vez que se vació el plan nacional de lectura y se eliminaron decenas de progamas educativos complementarios de la educación formal en los niveles inicial, medio y superior. Así acabaron con los programas de educación con el arte, de educación sexual, prevención de la violencia escolar, las orquestas infantiles y juveniles, los programas de ajedrez escolar, los centros de actividades infantiles juveniles a contra turno y los sábados con escuelas abiertas. Por si fuera poco, también se frenó la universalización del sistema de formación docente virtual, gratuita a lo que se suma el desfinanciamiento de 62 universidades nacionales públicas y gratuitas que ensenan a dos millones de estudiantes.
Mempo terminó sus palabras envuelto en un aplauso desde todos los costados del teatro, incluso desde el escenario, uno de los que que más aplaudían era el propio Alejandro Finocchiaro.
Alejandro Fara. Puntal en el CILE
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Lo que sigue es el primer discurso rupturista que cambió, al menos por una mañana, la tónica por la que se desarrollaba el congreso.
Hablamos castellano, no español.- El castellano es una lengua que después del chino mandarín es la más hablada por las personas que la tienen como idioma materno. Es también la lengua romance que ha alcanzado más difusión en el mundo contemporáneo. Es el segundo más estudiado después del inglés y el tercero más utilizado en internet. Por supuesto que doy por descontado que ustedes han reparado ya que no digo español, digo castellano. En realidad el idioma español yo no sé si realmente existió o existe. Más bien presumo que su uso se generalizó por la sumisión al barbarismo de traducir el vocablo inglés spanish.
Un término instalado.- El español es un concepto que empezó a instalarse a partir de traducciones, intereses económicos, intereses bancarios y la expansión geopolítica. Su imposición universal puede pensarse que se inició hace menos de 30 años cuando los fastos celebratorios del quinto centenerio del desembarco de Colón en América. Y tengo para mí que esa instalación no fue ingenua, ni casual, ni inocente. Por lo tanto celebrar este congreso de la lengua me plantea un problema desde la convocatoria misma. Sabemos que toda cuestión educativa se relaciona lógicamente con la lingüística por lo que corresponde recordar que esta mesa va a reflexionar sobre los retos del español en la educación del siglo XXI. Y a mi criterio es una formulación que a mí me confunde y en cierto sentido me maniata. Yo diría que los retos, que los hay, no los plantea el español, sino el neoliberalismo global que hoy predomina en el mundo y que en materia educativa es especialmente peligroso porque la educación es un derecho humano y un derecho colectivo en el marco de procesos de enseñanza y aprendizaje a cargo de maestros y maestras.
Gerenciadores de la educación.- Ahora, en este país y desde hace mucho en países vecinos observamos el paulatino y peligroso reemplazo de pedagogos y maestros por gerentes e instructores provenientes de dudosas disciplinas. Y es que la educación como el sistema de saberes y procedimientos que toda nación provee a la ciudadanía desde la primera infancia es una cuestión no solamente pedagógica. No es solamente un debate de estrategias didácticas para transmitir y coordinar el aprendizaje de millones de niños y jóvenes. Es, al mismo tiempo, una cuestión política. Y lo es porque educar a los pueblos es una responsabilidad básica de todos los Estados. Hacer que un pueblo lea es una educación política y hacer que un pueblo no lea, también lo es.
Congreso político.- Si nos despegamos de toda inocencia, y creo que ese es mi deber ante ustedes, digamos que este congreso también es político porque es continuidad de una decisión tomada por las autoridades del Estado español: la de consagrar a la lengua que ahora llaman español como hegemónica síntesis de todas las lenguas de todos los pueblos que hablan lo que nosotros llamamos castellano. Desde ya que esa disposición a mí me parece un error por varias razones. Y una de las principales es que no responde al devenir histórico de este continente, en sus relaciones por más de cuatro siglos tan conflictivos con el reino de España. Decisión inconsulta que no representa a la gran mayoría de los pueblos americanos de habla castellana. Que se parece mucho a una imposición con tintes autoritarios. De hecho inadmisible porque no atiende ni responde a las realidades de nuestra América. Yo creo que al contrario, esta imposición niega igual que hace cinco siglos la vigencia y la vitalidad de las lenguas originarias que se hablan a la par del castellano en más de 30 naciones americanas. Como tampoco entienden ni parecen aceptar el extraordinario aporte de los idiomas de la inmigración, que en maravillosa mixtura constituyen también la lengua que hablamos aquí, en este continente: el castellano americano.
Reconquista, por otras vías.- Más allá de su trabajo de policía lingüística no estoy seguro de que todo los miembros de la academia hayan sido siempre conscientes del uso político, económico, empresarial y globalizador que los sucesivos gobiernos de España han venido dando al idioma que llaman español y que yo llamo castellano americano. Usos, además, que fueron práctica de dominación por vía de la desnacionalización lingüística que nosotros, lógicamente, resistimos desde lo conceptual, político e ideológico. Para nosotros esa resistencia es vital y se da precisamente en la educación. Entendida como el reto principal y decisivo que nos plantea este siglo XXI. Siglo en el que advertimos con creciente alarma que las políticas educativas que nos formaron como naciones independientes y castellanohablantes están siendo cambiadas veloz y peligrosamente desde que la España posfranquista parece haberse atribuido la misión de recuperar a sus viejas colonias ya no con el sometimiento armado, no con la religión autoritariamente impuesta, no con la conquista territorial sino, como es visible desde los años noventa del siglo pasado, por medio de un sistema económico financiero, cultural y ahora también educativo y linguístico
Desmantelamiento.- Cada vez es más evidente el cambio de paradigma. Basta reparar en la educación argentina en la que, como ya se hizo en Chile, la intervención de empresas e instituciones transnacionales empiezan a gobernar el sistema, impone la distribución salarial, sataniza al sindicalismo educativo, recorta becas, desmantela la educación técnica, elimina institutos de formación docente y cancela o quiera cancelar -porque no los dejamos- la educación para adultos y trabajadores. Así nos va con las políticas de desindustrialización una de cuyas consecuencias es el abandono de la educación pública en el interior del país en todos los niveles que a lo mejor desde Buenos Aires, desde el ministerio que encabeza el respetado doctor Finocchiario, no lo ven, no lo comprenden totalmente. Pero es un abandono pedagógico, edicilio y de formación docente. Lo que en un país con el 60 por ciento de inflación anual y uno de los mayores endeudamientos del planeta es poco menos que suicida y acaso incendiario, Dios no lo quiera.
Abandono de la educación.- Siguiendo ese libreto globalizador impuesto por las normas leoninas del Fondo Monetario Internacional, el actual gobierno argentino ha clausurado prácticamente todos los programas que en lo que va del siglo habían mejorado notablemente el sistema educativo. Las políticas de modernización y globalización están imponiendo el abandono de la educación, a la vez que se vació el plan nacional de lectura y se eliminaron decenas de progamas educativos complementarios de la educación formal en los niveles inicial, medio y superior. Así acabaron con los programas de educación con el arte, de educación sexual, prevención de la violencia escolar, las orquestas infantiles y juveniles, los programas de ajedrez escolar, los centros de actividades infantiles juveniles a contra turno y los sábados con escuelas abiertas. Por si fuera poco, también se frenó la universalización del sistema de formación docente virtual, gratuita a lo que se suma el desfinanciamiento de 62 universidades nacionales públicas y gratuitas que ensenan a dos millones de estudiantes.
Mempo terminó sus palabras envuelto en un aplauso desde todos los costados del teatro, incluso desde el escenario, uno de los que que más aplaudían era el propio Alejandro Finocchiaro.
Alejandro Fara. Puntal en el CILE

