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"Mi prioridad es mejorar al jugador"

Leonardo Comba sostuvo: "Hay que convencer al jugador a partir de un trabajo colectivo e individual, que lo sorprenda, lo estimule, le interese y le otorgue herramientas desde la labor práctica. Sólo me interesa lo que piensa el futbolista"

Leonardo Comba formó parte de las dos copas Challenger que obtuvo Colón de Arroyo Cabral.

Hizo un gol y fue campeón en la final de 1989 obteniendo el tetracampeonato y como DT obtuvo el título en 2009. Está en la historia.

Se define como “un loco del fútbol”: “Disfruté más como DT que como jugador, porque como jugador esos cracks del tetracampeonato de Colón lo hubiesen ganado igual, pero como DT me tuve que formar, viajar a Rosario, a Córdoba, a Buenos Aires y realizar el curso, además de instruirme con un maestro como Mario Requena y su hijo Pablo, que son los que más me enseñaron y mejor transmiten desde su experiencia”.

Los jugadores dicen que es obsesivo. Para Leo eso es un halago. “Yo hago todo para que el jugador aprenda, para hacerlo mejor jugador. Eso es ser un buen DT para mí. Si ellos sienten que además de ganar un título, que es lo que todos queremos en el fútbol, les puedo dejar algo, me hace muy feliz”.

Ejemplifica porque dicen que es un obsesionado del fútbol. “Un día me olvide el auto y lo fui a buscar al día siguiente. Jugábamos contra Rivadavia. Más grave fue un día que me olvidé a mis dos hijas. Llegué a Luca después de una práctica y mi mujer casi me mata. Las había dejado en lo de mi mamá en Arroyo Cabral. Volví a buscarlas”.

Afirma: “Mi mujer, Silvina, y mis hijas, Valentina y Ana Clara, me bancaron demasiadas locuras por el fútbol. Compré una cámara, una computadora y todo lo necesario para filmar los partidos. La excusa era para tener un recuerdo de los cumpleaños familiares, pero no tengo un cumpleaños registrado en la computadora y tengo todos los partidos. Hasta mi señora y mis hermanos me filmaban cada partido que jugaba mi equipo”.

Agrega: “Es parte de la inversión para ser mejor DT. Me obsesiona saber todo del rival y también las fallas de mi equipo. En la semana veo muchas veces cada partido y salgo de la cancha y ya quiero irme a casa a ver lo que salió bien y lo que debo corregir”.

La obsesión no tiene pausas

Comba remarca: “La pasé mal con el Covid-19. Estuve muy afectado, pero peor la pasé cuando perdí finales. Esos fueron los peores partidos de mi vida”.

Resalta: “Me acuerdo que Universitario me ganó una final con Yrigoyen sin llegar, sólo con un golazo de tiro libre de Truglio. La prensa me pedía explicación. No tenía ninguna para dar. ¿Cómo explicás que fuiste superior a un equipo que te ganó una final?”.

Su criterio es: “Tengo devoción por el funcionamiento y en el fútbol no siempre va de la mano del resultado. Yo entreno de manera tal que todos los que integramos el plantel tenemos que quitar la pelota. Trabajo para que sea ordenada esa presión, pero que todos los que estén en cancha piensen en presionar para recuperarla, ayudándose. Para mí el fútbol es un juego en conjunto, en el que todos deben trabajar juntos para recuperar y luego para jugar. Por eso Universitario fue capaz de amargarme varias veces, porque ellos están muy bien parados,y con las individualidades te marcan la diferencia. Mis equipos lo hacen colectivamente, no individualmente. Las dos formas sirven, porque la ‘U’ fue campeón muchas veces y así llegó al resultado”.

Recalca: “Ganas tengo siempre de dirigir, pero hice cosas que ya no sé si volvería a hacer. Un día vi 5 veces el partido contra River de Villa María, al que habíamos goleado 6-0. Todos decían: ‘Jugamos re bien’, pero yo pienso que jugar mejor que el rival no es jugar bien. Muchas veces no hace falta jugar bien para ganar en el fútbol”.

Indica: “Vi 5 veces ese video cuando terminó el partido. Es demasiado, pero yo trasladaba ese partido a una supuesta final y jugando así no la ganamos. Yo trabajo para lograr la excelencia del equipo y me fijo en minimizar el error. Porque cuando un partido se complica, cuando no podés convertir, el estado de ánimo cambia, el nerviosismo te condena y la necesidad te impide pensar bien para elegir los mejores caminos. Para eso debo preparar a mi equipo”.

Agrega: “He vuelto locos a varios, pero no paro nunca. Llueve y entreno pensado en que hay partidos bajo la lluvia. El resultado te puede favorecer o no, porque hay jugadores de Independiente de Hernando que me dicen que nunca trabajaron mejor que cuando estuvieron conmigo y, sin embargo, nos fue pésimo en el campeonato”.

Destaca: “Disfruté conocer otra Liga (Riotercerense), otra gente, otros amigos, otros rivales, otras infraestructuras, otra organización. Me fue muy mal en cuanto a resultados, pero me volvieron a llamar. Eso reconforta y más cuando también su eterno rival, Estudiantes, me vino a buscar. Les dije que no, porque ya había dirigido a Independiente. Me dijeron: ‘¿Pero vos no sos hincha de Colón?’; ‘Sí, pero no puedo dirigirlos’, dije”.

Ser campeón no alcanza

Insiste: “Tuve la suerte de ser varias veces campeón como jugador y como DT en el club de mis amores (Colón). Pero quizás esa obsesión me impida tener otras ofertas laborales. El único club que me vino a buscar fue Yrigoyen (subcampeón). De otras Ligas vinieron, como por ejemplo los dos clubes de Hernando, pero de acá no”.

Estima: “Yrigoyen fue una gran experiencia. Es un gran club y había dirigentes muy buenos como Flavio Morre y Oscar Vicario. Una vez en Española me preguntaron si podía dirigir. Siempre les contesto lo mismo: ‘Depende de qué proyecto tenga el club’. Me interesa dirigir para que el jugador mejore, hago todo lo posible para lograrlo y si las condiciones están dadas en el club, me interesa trabajar”.

Señala: “Tampoco estoy al lado del teléfono esperando que me llamen, ni busco tener prensa ni soy caro, como dicen. En Colón cobré porque sería desleal con la profesión si no cobro. Les dije que no me busquen por ser barato, sino porque están convencidos de que puedo ser útil. Colón es mi vida, pero voy de frente y soy leal”.

Remarca: “Hoy no dirigiría porque me tocó padecer el Covid-19 y tengo que recomponerme. Mi trabajo personal me exige mucho y también mi señora me tendría que dar el OK, porque a mis locuras no es tan fácil soportarlas en mi casa y como pareja de la vida”.

Agrega: “No tienen por qué saber los jugadores si ganaste títulos o si fuiste subcampeón provincial. Si me llaman de un club, mi obligación es trabajar con responsabilidad máxima, arrimándome a una labor profesional. Mis amigos, mi trabajo, mi familia y el club demandan idéntica responsabilidad, porque me dan una oportunidad de dirigir la Primera de su club. Es enorme lo que me dan y mi responsabilidad también es enorme”.

Formar dando el máximo

Leo Comba afirma: “Me tocó dirigir buenos jugadores, pero mi objetivo es mejorarlos. Mi equipo debe funcionar, esa debe ser mi prioridad, y si tengo jugadores buenos o regulares y yo los mejoro podré pelear un campeonato”.

Explica: “Sólo me importa lo que piense de mí el jugador, porque me esmero en mejorarlos. Diego Rivera y Lucas Morre fueron al banco conmigo, pero como son buenos recuperaron la titularidad. Lo importante es que nunca se relajen, que no sepan qué voy a hacer en una práctica y que les interese. Me gusta hacer entrenamientos tácticos atractivos y exigentes”.

Precisa: “El entrenamiento debe darle más herramientas al jugador, pero en la práctica, no sólo en la teoría. Miguel Russo me dijo en un congreso que la función del entrenador es convencer y si el primer día que te parás ante un grupo la pifiás es difícil volver. Para dar charlas motivadoras me preparo igual que para una práctica. Si estoy convencido y disfruto, el jugador también podrá hacerlo”.

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