Sostener con demasiado énfasis que todo tiempo pasado fue mejor es una señal inequívoca que quien pronuncie o escriba la frase se está poniendo viejo (si es que ya no tiene la cabeza con las canas ganándole por goleada a los cabellos de la juventud).
Entonces al menos hay que ser precavido para no caer en la despectiva e hiriente frase: “Qué dice este viejo” (ja).
La situación tiene directa relación con el pasado, presente y futuro (inmediato) de nuestro deporte, fundamentalmente con las victorias, que no cotizan al mismo nivel de los precios, y las de calidad premium hace rato que escasean y dejaron paso al “desabastecimiento”.
Con Alumni fuera del circuito generador de noticias, alegrías y desafíos en cualquier día y hora del calendario (volver a un Argentino “A”, por ejemplo, hoy parece una quimera), con el boxeo en una etapa de transición, las miradas apuntan a lo que pueda producir Ameghino en la Liga Argentina de Básquetbol, con una segunda apuesta muy fuerte en la divisional y con un curiosidad: su entrenador Pablo Castro lleva nueve temporadas ininterrumpidas al frente del plantel superior.
¡Esto sí que es trabajar con planificación y sostener los proyectos!
Una situación similar es la de Asociación Española, con un crecimiento en lo institucional que resulta admirable. Muy parecido a lo ocurrido con el Sport Social Club hace algunas décadas atrás.
Los dos han priorizado el marco. Les falta el cuadro inmortalizado con la imagen de un logro deportivo trascendente, histórico.
El Sport lo tuvo cuando Marcelo Ingaramo llegó a estar entre los mejores 70 tenistas del mundo, integrando equipos de Copa Davis y regalándose dos victorias que lo acompañarán por siempre: las conseguidas ante Guillermo Vilas, número 1 indiscutido del tenis argentino.
Claro que ello estuvo más relacionado a un esfuerzo personal que un acompañamiento dirigencial.
Los clubes con las mejores instalaciones de la ciudad (Sport, Asociación Española, Villa María Golf Club) le ofrecen al socio la comodidad, la disponibilidad de buenos vestuarios y la chance de practicar el deporte favorito.
Ahora, volcar parte de los ingresos económicos en acompañar el potencial y la proyección de una promesa que pueda llegar a la élite del deporte...a esa te la debo, diría “McCree”.
¿En qué estábamos? Ah...en Ameghino, que el viernes debutará como local en la edición 2018-19 de la Liga Argentina de Básquetbol.
Es una apuesta de las fuertes, con el mayor desembolso económico mensual de la historia para afrontar un desafío deportivo, incluso superior al de Alumni en su camino al ascenso al Argentino “A”.
“Pablo Apóstol” (Castro) tuvo la posibilidad de conformar un plantel competitivo y se ilusiona con la posibilidad de llegar bien lejos, lo más alto posible.
A nivel colectivo las esperanzas de nuevas alegrías están depositadas allí. También en el CIEF, siempre dispuesto a amargarle más de un fin de semana a los equipos capitalinos que sufren ante su poderío en el handball.
También genera una ilusión el arribo de las Ligas Nacionales de Vóleibol, aunque el hecho que no abunden los sponsors y los aportes privados condiciona a Biblioteca Rivadavia a no esperanzarse con grandes figuras a la hora de pensar en refuerzos.
Mientras el pasado está allí, quieto, pero para observarlo siempre como una referencia, y el futuro es un péndulo que se asoma en el horizonte, el presente aporta algunas alegrías sueltas.
Son los triunfos de José “Puro” Paz y Juan Manuel Taborda en el boxeo (Santiago Prado y “Pacquiao” Farías aportarán los suyos en lo inmediato), la reciente de Diego Perelló en el torneo “Nocaut a las drogas”, la conseguida por Julián Fermani en las finales nacionales de los Juegos Evita en Mar del Plata, la de Jesica Sarmiento en el kick boxing, la convocatoria de Jazmín Marzo a las Selección Nacional de Boxeo (“Las Toritas”) y el viaje al Mundial, las actuaciones de los seleccionados masculinos y femeninos (U-13) de básquetbol en las clasificatorios provinciales, como así también las performances de los adolescentes de Unión Central (U-13), los juveniles de Ameghino en la competencia de la Federación Cordobesa de Básquetbol y “Las Panteritas” de Tío Pujio en casi todas sus actuaciones ante las capitalinas.
En el automovilismo todas las miradas apuntan a Tomás Gagliardi, quien ya debutó en el Súper TC 2000 y con un gran respaldo económico detrás puede ilusionarse con ser un asiduo visitante de los podios.
En el rugby, Jockey Club quedó lejos del resto (soñar con conquistar un título es una tarea similar a la de Alumni con relación a los torneos argentinos) y San Martín perdió la categoría.
Cada vez son menos los recursos que se destinan al deporte, entonces ilusionarse con competir con posibilidades de éxito en el más alto nivel será una tarea que presentará varios escollos y difíciles de resolver.
Pareciera ser que, salvo algunas excepciones, como la de Ameghino, todo quedará supeditado a esfuerzos individuales y a una coincidencia de “astros alineados” en la semana o día de competencia para que las victorias puedan mantenerse, aunque cada vez sean más aisladas.
El 2018 es un año que muchos quisieran despedirlo ya, antes que se termine octubre, al menos para que dar vuelta la hoja en el calendario ofrezca esa novedad y la esperanza eterna que lo mejor está por venir.
El pasado (por aquí) fue mejor, el presente lleva en sus espaldas la pesada carga de la supervivencia mientras espera que los densos nubarrones se disipen y una nueva realidad económica de paso a nuevas victorias.
Mientras tanto, el deporte sigue esperando las promesas incumplidas de los que a la hora de pedir los votos aseguraron una mejor calidad de vida y después se olvidaron de casi todo, pero del deporte primero y no traen subsidios, ni indumentaria, ni soluciones. Nada.
Que el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos es una realidad, tanto como que la vida casi siempre es generosa y, aunque los años se acumulen siempre es fascinante volver a comenzar. Y a ilusionarnos, al menos, con alegrías sueltas.
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La situación tiene directa relación con el pasado, presente y futuro (inmediato) de nuestro deporte, fundamentalmente con las victorias, que no cotizan al mismo nivel de los precios, y las de calidad premium hace rato que escasean y dejaron paso al “desabastecimiento”.
Con Alumni fuera del circuito generador de noticias, alegrías y desafíos en cualquier día y hora del calendario (volver a un Argentino “A”, por ejemplo, hoy parece una quimera), con el boxeo en una etapa de transición, las miradas apuntan a lo que pueda producir Ameghino en la Liga Argentina de Básquetbol, con una segunda apuesta muy fuerte en la divisional y con un curiosidad: su entrenador Pablo Castro lleva nueve temporadas ininterrumpidas al frente del plantel superior.
¡Esto sí que es trabajar con planificación y sostener los proyectos!
Una situación similar es la de Asociación Española, con un crecimiento en lo institucional que resulta admirable. Muy parecido a lo ocurrido con el Sport Social Club hace algunas décadas atrás.
Los dos han priorizado el marco. Les falta el cuadro inmortalizado con la imagen de un logro deportivo trascendente, histórico.
El Sport lo tuvo cuando Marcelo Ingaramo llegó a estar entre los mejores 70 tenistas del mundo, integrando equipos de Copa Davis y regalándose dos victorias que lo acompañarán por siempre: las conseguidas ante Guillermo Vilas, número 1 indiscutido del tenis argentino.
Claro que ello estuvo más relacionado a un esfuerzo personal que un acompañamiento dirigencial.
Los clubes con las mejores instalaciones de la ciudad (Sport, Asociación Española, Villa María Golf Club) le ofrecen al socio la comodidad, la disponibilidad de buenos vestuarios y la chance de practicar el deporte favorito.
Ahora, volcar parte de los ingresos económicos en acompañar el potencial y la proyección de una promesa que pueda llegar a la élite del deporte...a esa te la debo, diría “McCree”.
¿En qué estábamos? Ah...en Ameghino, que el viernes debutará como local en la edición 2018-19 de la Liga Argentina de Básquetbol.
Es una apuesta de las fuertes, con el mayor desembolso económico mensual de la historia para afrontar un desafío deportivo, incluso superior al de Alumni en su camino al ascenso al Argentino “A”.
“Pablo Apóstol” (Castro) tuvo la posibilidad de conformar un plantel competitivo y se ilusiona con la posibilidad de llegar bien lejos, lo más alto posible.
A nivel colectivo las esperanzas de nuevas alegrías están depositadas allí. También en el CIEF, siempre dispuesto a amargarle más de un fin de semana a los equipos capitalinos que sufren ante su poderío en el handball.
También genera una ilusión el arribo de las Ligas Nacionales de Vóleibol, aunque el hecho que no abunden los sponsors y los aportes privados condiciona a Biblioteca Rivadavia a no esperanzarse con grandes figuras a la hora de pensar en refuerzos.
Mientras el pasado está allí, quieto, pero para observarlo siempre como una referencia, y el futuro es un péndulo que se asoma en el horizonte, el presente aporta algunas alegrías sueltas.
Son los triunfos de José “Puro” Paz y Juan Manuel Taborda en el boxeo (Santiago Prado y “Pacquiao” Farías aportarán los suyos en lo inmediato), la reciente de Diego Perelló en el torneo “Nocaut a las drogas”, la conseguida por Julián Fermani en las finales nacionales de los Juegos Evita en Mar del Plata, la de Jesica Sarmiento en el kick boxing, la convocatoria de Jazmín Marzo a las Selección Nacional de Boxeo (“Las Toritas”) y el viaje al Mundial, las actuaciones de los seleccionados masculinos y femeninos (U-13) de básquetbol en las clasificatorios provinciales, como así también las performances de los adolescentes de Unión Central (U-13), los juveniles de Ameghino en la competencia de la Federación Cordobesa de Básquetbol y “Las Panteritas” de Tío Pujio en casi todas sus actuaciones ante las capitalinas.
En el automovilismo todas las miradas apuntan a Tomás Gagliardi, quien ya debutó en el Súper TC 2000 y con un gran respaldo económico detrás puede ilusionarse con ser un asiduo visitante de los podios.
En el rugby, Jockey Club quedó lejos del resto (soñar con conquistar un título es una tarea similar a la de Alumni con relación a los torneos argentinos) y San Martín perdió la categoría.
Cada vez son menos los recursos que se destinan al deporte, entonces ilusionarse con competir con posibilidades de éxito en el más alto nivel será una tarea que presentará varios escollos y difíciles de resolver.
Pareciera ser que, salvo algunas excepciones, como la de Ameghino, todo quedará supeditado a esfuerzos individuales y a una coincidencia de “astros alineados” en la semana o día de competencia para que las victorias puedan mantenerse, aunque cada vez sean más aisladas.
El 2018 es un año que muchos quisieran despedirlo ya, antes que se termine octubre, al menos para que dar vuelta la hoja en el calendario ofrezca esa novedad y la esperanza eterna que lo mejor está por venir.
El pasado (por aquí) fue mejor, el presente lleva en sus espaldas la pesada carga de la supervivencia mientras espera que los densos nubarrones se disipen y una nueva realidad económica de paso a nuevas victorias.
Mientras tanto, el deporte sigue esperando las promesas incumplidas de los que a la hora de pedir los votos aseguraron una mejor calidad de vida y después se olvidaron de casi todo, pero del deporte primero y no traen subsidios, ni indumentaria, ni soluciones. Nada.
Que el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos es una realidad, tanto como que la vida casi siempre es generosa y, aunque los años se acumulen siempre es fascinante volver a comenzar. Y a ilusionarnos, al menos, con alegrías sueltas.

