En aquel primer acto del 1° de marzo pasado en el Congreso nacional, al inaugurar las sesiones legislativas de 2019, el presidente Mauricio Macri dejó entrever un cambio en la estrategia comunicacional del Gobierno con vistas a la campaña electoral de este año.
Enérgico como pocas veces se lo había visto hasta ese momento, Macri impostó la voz, frunció el ceño y remató su discurso con una arenga intensa, visceral, que buscaba conmover la fibra íntima del núcleo duro de seguidores de Cambiemos, pero también convencer a quienes dudan de volver a votarlo de que el esfuerzo económico realizado últimamente rendirá sus frutos.
Esa puesta en escena relativamente genérica en el Parlamento avanzó de instancia y alcanzó un nivel más personalizado este jueves, cuando en una reunión de Gabinete ampliado en el Centro Cul- tural Kirchner (CCK) optó por dedicarle un párrafo en especial a la oposición y en particular, aunque sin nombrarlo, a Roberto Lavagna.
"Estoy caliente, por si no lo notaron. Siempre me calentó la mentira, siempre", lanzó Macri frente a un auditorio colmado, en una de las frases más significativas que pronunció como parte de una exposición en la que utilizó expresiones que tranquilamente podrían escucharse en boca de ciudadanos comunes agobiados por la crisis refiriéndose a su Gobierno.
Esta suerte de capítulo dos del renovado libreto comunicacional que el Gobierno viene mostrando este año con vistas a las elecciones presidenciales de octubre puede entenderse como una necesidad de los arquitectos políticos de Cambiemos de adecuar el discurso de Macri a un escenario electoral que ha ido mutando y por ende, supone nuevos retos.
El desafío original, de todos mo-dos, permanece inalterable: evitar que se incremente de manera relevante la cantidad de desencantados que le sueltan la mano al Gobierno, y lógicamente a Macri, antes de las elecciones, en las que votarán por otro/a candidato/a.
Conservar su núcleo duro y contener la fuga de decepcionados es clave para el oficialismo pensando en una eventual segunda vuelta que lo encuentre al actual Presidente de la Nación con reales posibilidades de renovar su mandato.
Sin embargo, la irrupción de la figura del economista Lavagna y su crecimiento en las encuestas trastocó los planes del Gobierno de apostar sus fichas casi exclusivamente a una polarización con el kirchnerismo y volver a jugar el "juego de la grieta" en busca de un beneficio electoral similar a los conseguidos en las dos últimas votaciones en la Argentina.
Lavagna se expande, suma adhesiones y el macrismo no disimula su preocupación al respecto. En los últimos días, incluso, el oficialismo ha mostrado sus cartas, su cambio de estrategia en cuanto a la comunicación y ha salido decididamente a cuestionar al exministro de Economía.
Macri y compañía subieron a Lavagna al centro del "ring" de la contienda electoral, le dieron entidad como un rival -eventual- de cuidado y lanzaron una serie de críticas con las que intentan "pegar" al hombre de las sandalias con medias con gobiernos anteriores, incluyendo, como era de esperar, el kirchnerismo.
Una alternativa potente
Perfectamente Lavagna está en condiciones de seducir a esos votantes de Cambiemos de 2015 y 2017 que se sienten decepcionados con la gestión de Macri, que no lo volverían a respaldar en unos comicios, pero que tampoco están de acuerdo con que regrese el kirchnerismo al poder.
En este sentido, distintos sectores de la sociedad, incluyendo un significativo número de empresarios, resaltan la necesidad de que surja con fuerza una tercera alternativa capaz de satisfacer los reclamos de quienes entienden que Macri y Cristina son "las dos caras de la misma moneda", como espetó el influyente conductor televisivo Marcelo Tinelli días atrás.
Este año electoral, Lavagna podría transformarse en el "elegido", pero claro, primero debería lidiar con esos dirigentes de peso que vienen esforzándose desde hace tiempo en busca de construir una candidatura presidencial que les permita competir, justamente, contra Macri y Cristina en octubre, como Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey, por ejemplo.
Se avecinan tiempos intensos. En tres meses, el 22 de junio, vence el plazo para la presentación de listas, 50 días antes de las Paso): Macri va a jugar, está prácticamente confirmado; pero aún es incierta la participación de Cristina y de Lavagna.
A propósito, tomó fuerza en los últimos días la posibilidad de que la expresidenta desista de competir por la Presidencia de la Nación este año, habida cuenta de los supuestos inconvenientes de salud que padece su hija Florencia que la propia Cristina se encargó de compartir con la opinión pública, además de victimizarse.
Si llegara a apartarse de la contienda Cristina, que acaba de sumar su quinto procesamiento con prisión preventiva, el oficialismo debería rediseñar de urgencia su estrategia de campaña y concentrar sus energías en un nuevo antagonista, comenzando casi de cero.
Claro que el Gobierno ha demostrado que conoce bien ese juego de "amigo/enemigo" que suele desarrollarse en el ejercicio del poder y más en un año electoral: puertas adentro cuenta incluso con una devota compulsiva de ese tipo de prácticas como lo es la diputada nacional y fundadora de Cambiemos, Elisa "Lilita" Carrió.
Y puertas hacia afuera, podrá disponer de una medida precisa acerca de cuánto ha crecido últimamente el desencanto y el malestar en la sociedad cuando el 4 de abril se realice una marcha gremial y multisectorial que promete copar el centro porteño.
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Esa puesta en escena relativamente genérica en el Parlamento avanzó de instancia y alcanzó un nivel más personalizado este jueves, cuando en una reunión de Gabinete ampliado en el Centro Cul- tural Kirchner (CCK) optó por dedicarle un párrafo en especial a la oposición y en particular, aunque sin nombrarlo, a Roberto Lavagna.
"Estoy caliente, por si no lo notaron. Siempre me calentó la mentira, siempre", lanzó Macri frente a un auditorio colmado, en una de las frases más significativas que pronunció como parte de una exposición en la que utilizó expresiones que tranquilamente podrían escucharse en boca de ciudadanos comunes agobiados por la crisis refiriéndose a su Gobierno.
Esta suerte de capítulo dos del renovado libreto comunicacional que el Gobierno viene mostrando este año con vistas a las elecciones presidenciales de octubre puede entenderse como una necesidad de los arquitectos políticos de Cambiemos de adecuar el discurso de Macri a un escenario electoral que ha ido mutando y por ende, supone nuevos retos.
El desafío original, de todos mo-dos, permanece inalterable: evitar que se incremente de manera relevante la cantidad de desencantados que le sueltan la mano al Gobierno, y lógicamente a Macri, antes de las elecciones, en las que votarán por otro/a candidato/a.
Conservar su núcleo duro y contener la fuga de decepcionados es clave para el oficialismo pensando en una eventual segunda vuelta que lo encuentre al actual Presidente de la Nación con reales posibilidades de renovar su mandato.
Sin embargo, la irrupción de la figura del economista Lavagna y su crecimiento en las encuestas trastocó los planes del Gobierno de apostar sus fichas casi exclusivamente a una polarización con el kirchnerismo y volver a jugar el "juego de la grieta" en busca de un beneficio electoral similar a los conseguidos en las dos últimas votaciones en la Argentina.
Lavagna se expande, suma adhesiones y el macrismo no disimula su preocupación al respecto. En los últimos días, incluso, el oficialismo ha mostrado sus cartas, su cambio de estrategia en cuanto a la comunicación y ha salido decididamente a cuestionar al exministro de Economía.
Macri y compañía subieron a Lavagna al centro del "ring" de la contienda electoral, le dieron entidad como un rival -eventual- de cuidado y lanzaron una serie de críticas con las que intentan "pegar" al hombre de las sandalias con medias con gobiernos anteriores, incluyendo, como era de esperar, el kirchnerismo.
Una alternativa potente
Perfectamente Lavagna está en condiciones de seducir a esos votantes de Cambiemos de 2015 y 2017 que se sienten decepcionados con la gestión de Macri, que no lo volverían a respaldar en unos comicios, pero que tampoco están de acuerdo con que regrese el kirchnerismo al poder.
En este sentido, distintos sectores de la sociedad, incluyendo un significativo número de empresarios, resaltan la necesidad de que surja con fuerza una tercera alternativa capaz de satisfacer los reclamos de quienes entienden que Macri y Cristina son "las dos caras de la misma moneda", como espetó el influyente conductor televisivo Marcelo Tinelli días atrás.
Este año electoral, Lavagna podría transformarse en el "elegido", pero claro, primero debería lidiar con esos dirigentes de peso que vienen esforzándose desde hace tiempo en busca de construir una candidatura presidencial que les permita competir, justamente, contra Macri y Cristina en octubre, como Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey, por ejemplo.
Se avecinan tiempos intensos. En tres meses, el 22 de junio, vence el plazo para la presentación de listas, 50 días antes de las Paso): Macri va a jugar, está prácticamente confirmado; pero aún es incierta la participación de Cristina y de Lavagna.
A propósito, tomó fuerza en los últimos días la posibilidad de que la expresidenta desista de competir por la Presidencia de la Nación este año, habida cuenta de los supuestos inconvenientes de salud que padece su hija Florencia que la propia Cristina se encargó de compartir con la opinión pública, además de victimizarse.
Si llegara a apartarse de la contienda Cristina, que acaba de sumar su quinto procesamiento con prisión preventiva, el oficialismo debería rediseñar de urgencia su estrategia de campaña y concentrar sus energías en un nuevo antagonista, comenzando casi de cero.
Claro que el Gobierno ha demostrado que conoce bien ese juego de "amigo/enemigo" que suele desarrollarse en el ejercicio del poder y más en un año electoral: puertas adentro cuenta incluso con una devota compulsiva de ese tipo de prácticas como lo es la diputada nacional y fundadora de Cambiemos, Elisa "Lilita" Carrió.
Y puertas hacia afuera, podrá disponer de una medida precisa acerca de cuánto ha crecido últimamente el desencanto y el malestar en la sociedad cuando el 4 de abril se realice una marcha gremial y multisectorial que promete copar el centro porteño.

