Opinión | comentario

Los principios del radicalismo frente a la praxis de Cambiemos

Por Carlos José Gasó (Dirigente de la UCR)
 
La UCR ha dado en el devenir de su historia sobradas muestras de anteponer el bien común por encima de la lógica partidaria. Así fue entendido en 2015, cuando inspirados en esa premisa con la misión de salvar la República y la vigencia del Estado de Derecho (recordar que entre otras cuestiones el kirchnerismo pretendía que los jueces fueran electos por el voto popular a propuesta de los partidos políticos, entre muchas otras cuestiones que antes y ahora son de público conocimiento) participamos de un espacio político junto a un partido en formación con el cual poco teníamos en común. 

Sin embargo, los radicales resolvimos esta situación orgánicamente en una Convención ejemplar. En ella no sólo decidimos participar en un mismo espacio con el Pro y la CC sino que además expresamente resolvimos que se debían respetar en la acción de gobierno los lineamientos generales y preceptos doctrinarios de la UCR; y en campaña con nuestro candidato radical y a posteriori fue precisamente ese el compromiso que asumimos con la ciudadanía. 

Resulta una obviedad afirmar que hemos incumplido absolutamente con esa promesa. A través de nuestros representantes legislativos y partidarios (con la honrosa y esperanzadora excepción del cordobés presidente de la Convención Nacional, el doctor Jorge Sappia) hemos hecho seguidismo bobo y hasta en ocasiones indigno de las medidas de gobierno en su totalidad tomadas por el Pro, que no sólo ignoraba a nuestro partido sino que en reiteradas oportunidades hasta nos ridiculizaba públicamente. Nada reprocho al Pro, pero que no esperen que el pueblo radical sea el garante de la continuidad del espacio cuando ellos mismos no han hecho nada por preservarlo sino todo lo contrario. 

Así las cosas, es hora de que los radicales con poder de decisión ejecuten el rol que les corresponde y exijan al gobierno nacional que convoque al diálogo de todas las fuerzas políticas sin exclusiones de ningún tipo y se logren los consensos necesarios para sortear el complicado momento que estamos atravesando. 

Del mismo modo y con todo el énfasis y compromiso sin límite debemos manifestar que somos los garantes absolutos del normal desarrollo del proceso democrático y no toleraremos siquiera la insinuación de la posibilidad de interrupción del mismo, gobierne quien gobierne, con la sola condición de que haya sido electo por la ciudadanía. 

No es momento de salvadores providenciales, nunca lo fue, es hora de dialogar, consensuar, sanar las grietas, que la justicia cumpla su rol sin miramientos y la política el suyo. 

Sin dudas no debemos permitir como radicales que vuelva el pasado con sus vicios devastadores, es hora de asumir la responsabilidad de, pasado este momento de zozobra, construir diligentemente una alternativa política con fuerzas de pensamiento y acción comunes a los nuestros, que contemplen los intereses de los productores, emprendedores, trabajadores, empresarios, comunidades educati- vas y sindicales, fomentando la acción coordinada de las ONG y entidades sin fines de lucro, que superen la grieta perversa que sólo sirve a mezquinos intereses sectoriales y personales. 

“Los principios no se declaman, se honran. El radicalismo no es una escalera que sirva para alcanzar ventajas personales, no es una coyuntura que sirva para extorsionar a sus militantes con falsas e injustificables opciones. Es una lucha democrática, representativa, republicana, federal, fundamentada en la ética, en la libertad, en el progreso del ser humano en su totalidad. Radicalismo es decencia y unidad nacional, es una concepción histórica que debe servir como ejemplo y guía (...) para el futuro” (Arturo Illia).

TEMAS:
Comentá esta nota

Noticias Relacionadas