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Una desesperada marcha para huir de la pobreza y perseguir un mejor futuro

Al menos tres mil hondureños que buscan llegar a los EE.UU. habían sido atendidos en la Casa del Migrante en la capital guatemalteca. El presidente Donald Trump mantiene su amenaza de que detendrá y deportará a los hondureños de la caravana. Por Henry Morales Arana (AFP/NA)

Un anuncio en la televisión sobre una caravana de migrantes que partiría hacia los Estados Unidos empujó a María a tomar la decisión de huir de la pobreza en Honduras. Ahora, junto con su familia, atraviesa Guatemala con miles de sus compatriotas en busca de una mejor vida.

"Nos vamos", decidió ese día la mujer de 49 años, desesperada por su precaria situación económica, apenas sostenida con la venta de tamales de maíz, y se unió a la masiva caravana que salió el sábado pasado de la ciudad de San Pedro Sula, en el norte hondureño.

Con unos ocho dólares en el bolsillo, María Aguilar, sus tres hijos y dos nietos pequeños, cruzaron la frontera enfrentado largas caminatas que han sido mitigadas con la solidaridad de vecinos y activistas guatemaltecos que les han proporcionado agua, alimentos, ropa y refugio.

Sólo su esposo decidió quedarse en Honduras para cuidar su casa, que les ha costado “bastante esfuerzo" construir, según menciona con la voz entrecortada.

Sentada en un colchón inflable, la madre hondureña de cabello corto rojizo repone energías en la Casa del Migrante en la capital guatemalteca, que recibe a aquellos que hacen una pausa para marchar rumbo a México y luego a los Estados Unidos.

"Emigrar no es un delito, uno quiere una vida mejor", sostiene María, que pese al duro camino donde ha enfrentado sol y lluvia se aferra a la idea de que "todo sacrificio tiene su recompensa".

Carrera de obstáculos

Aunque las autoridades guatemaltecas no tienen un registro sobre los hondureños que han pasado la frontera en la caravana, al menos 3.000 migrantes habían sido atendidos en el refugio dirigido por la Pastoral de Movilidad Humana de la Iglesia Católica.

El lunes, un numeroso contingente de la policía guatemalteca intentó frenar su avance, pero luego de horas de tensión la multitud de migrantes logró llegar al poblado guatemalteco de Esquipulas y desde entonces han marchado en grupos hacia Ciudad de Guatemala.

Cancilleres y vicecancilleres de Honduras, Guatemala y El Salvador se reunieron el miércoles en Tegucigalpa para analizar la grave crisis migratoria, con la participación de un enviado especial del presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador.

Crisis familiar

Familias completas, algunas que incluyen niños recién nacidos, hacían largas filas para ser recibidas en el albergue, que sobrepasó su capacidad, por lo que fue necesario ubicar a decenas de migrantes en colegios católicos y salones cercanos en el centro de la capital guatemalteca.

"La situación que estamos viviendo en nuestro país es muy triste y muy crítica", lamentó por su lado Lourdes Aguilar, de 28 años, hija de María.

Lourdes, acompañada por sus hijos de 4 y 7 años, enumeró un listado de problemas que padece Honduras, entre los cuales citó la violencia por las pandillas, la falta de empleo y la carencia de medicinas en los hospitales, que también los instó a emigrar.

Su intención es que sus hijos tengan una "buena educación" en los Estados Unidos y trabajar para quizás en un futuro volver a Honduras y "poner un negocio", y salir de la pobreza que afecta a casi siete de cada diez hondureños.

"En nuestro país te matan o te morís de hambre", interviene María, la madre de Lourdes.

Barrera infranqueable

Los migrantes encuentran un aliento en el anuncio del gobierno del estado mexicano de Chiapas de que serán recibidos, pero el camino se pone cuesta arriba ante la amenaza del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de que detendrá y deportará a los hondureños de la caravana.

David Hodge, ministro consejero de la embajada de los Estados Unidos en Guatemala, reconoció al visitar la Casa del Migrante que la migración masiva es "una situación humanitaria bastante difícil" y que las personas salen por los "problemas serios" que hay en Honduras. 

Sin embargo, reiteró la advertencia de que su país expulsará sin contemplaciones a los inmigrantes ilegales.

Trump amenazó a los mandatarios de Honduras, Guatemala y El Salvador de poner fin a la ayuda financiera que Washington les concede si no detienen la caravana.

"Dicen que Donald Trump es malo, pero yo digo que toda persona tiene su lado débil y yo creo que es un ser humano y estamos orando para que se haga la voluntad de Dios", sentenció María antes de intentar dormir y horas después seguir marchando en busca de su destino.

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