“Con las vallas de la Costanera nos hacen perder un 70% de clientes”
Lo dijeron los comerciantes de la Avenida Libertador San Martín, quienes se quejaron de la medida municipal de reordenamiento vehicular. Dueños de kioskos, restaurantes y heladerías se unieron y piden ser escuchados
Julio Castro abre la puerta de su restobar. Es un martes al mediodía y el boliche, naturalmente, está vacío. “Pero no te creas que el sábado hubo mucha más gente”, dijo sonriendo. Ex rugbier de profesión (jugó en el San Martín y viajó a Sudáfrica) y pronto a convertirse en abuelo (su hija será mamá por estos días) Julio sabe que su “chiste” es una triste realidad. La misma que padecen varios comerciantes de la Costanera que, desde hace 14 temporadas “pierden plata” con los cortes de una de las calles; la mano exterior “que impide a los coches estacionar y a los chicos llegar en moto en los dos sentidos como antes”.
-¿Por qué pusieron las vallas?
-Porque hay un montón de gente que se quejaba del ruido de las motos y los estéreos. Pero acá en verano estamos en zona turística. ¿Qué quieren? Sin embargo, una de las mujeres del barrio juntó firmas y por eso decidieron cortar la calle.No fueron más de 30 los que firmaron, pero atentan contra la actividad comercial de un montón de negocios y empleados. Porque te ponen las vallas los sábados, domingos y feriados, que son los días de mayor actividad. Y eso dura toda la temporada. Pero pronto van a llegar los demás. Les pedí que vinieran para que veas que el restobar Valthom no es el único que padece esta medida.
Y, efectivamente, uno a uno llegaron los demás; dueños de kioskos, restaurantes, restobares y heladerías de Costanera entre calles San Luis y Bolivia.
Comerciantes del río, uníos
El primero fue Gerardo Belegni, del kiosko “Las lomitas”. Lo dijo sin vueltas. “En 14 años, todas las temporadas pasa lo mismo. A partir de las 15, cuando ponen las vallas, la venta se te cae un 70 por ciento. Además, cuando ven a los inspectores, la gente en moto se va por otro lado. Lo hemos hablado en el centro vecinal y en la última charla del año pasado nos dijeron que la mano única sería ocasional. Pero todo sigue igual”, indicó.
Y añadió: “Hay 15 personas que han decretado las vallas. ¡Pero la Costanera es de todos! Hay gente de los barrios pobres que el fin de semana se vienen acá porque no pueden pagar una pileta privada o irse de vacaciones. Y acá en Villa María tenemos la suerte de no ser como en las sierras, donde hay un montón de Costaneras privatizadas. Pero somos muchos los que perdemos y vivís como un extraño. Un día, casi me hacen multa por entrar al garage de mi casa”.
Por su parte, Analía Taberna del “Kioskito Avenida”, comentó: “Quedábamos anegados entre Bolivia y San Luis. Son tres cuadras enteras y hay quince comercios. Hace unos días pedimos hablar con el presidente del Centro Vecinal, Fernando Mosquera, pero todavía no nos atendió. Es una lástima. Él tiene contactos y podría hacer que la cosa cambie”.
El cuarto testimonio pertenece a Julio Sánchez, quien concesiona Lomitos Betos y la heladería Grido.
“El lunes vendí más helados que el domingo, que fue el día de la madre. ¿Cómo lo podés explicar? Prometieron que iban a terminar los controles cuando hicieran el paso peatonal pero siguieron. Si los ciudadanos villamarienses ponemos plata y pagamos los impuestos para que la Costanera esté linda, debería ser una vía de acceso para todo el mundo que quiere pasear; ya sea en auto o en moto y en los dos sentidos”, señaló.
Y agregó: “Lo curioso es que, más allá del Puente Perón, los coches van y vienen de manera libre. Siendo que de aquel lado, históricamente hubo siempre más tráfico que acá. Pero allá la población es distinta. Allá va gente de mayor poder adquisitivo y acá viene la gente más humilde. Esta es una medida que perjudica a los más pobres”. Y María Elena Mir, mamá de Analía, comenta que “es una medida racista”.
El último testimonio pertenece a Sebastián Gasser, del comedor Fratondi.
“Los comerciantes vivimos en invierno una cruda realidad, y es la de aguantar el negocio cuando no se gana nada, esperando hacer la diferencia en los cuatro meses de verano. La vez que tenemos la posibilidad de hacer una moneda, nos pasa esto que nos perjudica totalmente”, manifestó. Y explicó: “Donde yo trabajo, somos 20 empleados. Y hay que aguantar esa fuente de trabajo cuando te va mal. Hace poco, cuando despidieron obreros de la Fábrica de Pólvoras, mucha gente se solidarizó, y me parece bien. Pero con nosotros, como no hay política de por medio, no se solidariza nadie. Y acá hay, por lo menos, cien puestos de trabajo que se van a caer si esto sigue así”.
Conclusión y propuesta
La conclusión y propuesta surge entre todos: “Si los vecinos de Barrio Parque quieren evitar los ruidos molestos, debería hacerse el control vehicular antes, en la intersección de Cárcano y Dante Alighieri para no dejar entrar las motos y autos con escapes libres o los que hacen picadas. Pero no le tenemos que prohibir la entrada a la gente. Nosotros vivimos de la temporada y últimamente no la estamos teniendo. Nos parece que este no es solo un problema del barrio sino de toda la comunidad villamariense, que tiene todo el derecho del mundo a disfrutar de la Costanera”.
Y afirmaron: “No puede ser que diez o veinte vecinos manejen todo un barrio. Notamos una falta de planificación y de sentido común de parte de todas las intendencias desde hace 14 años. Nos hartamos de presentar notas y nunca pasó nada ni nos resolvieron el problema. Nos parece triste recurrir a un medio para ser escuchados, pero es todo lo que nos queda”.
“Nunca recibimos ningún pedido de audiencia de los comerciantes”, dijo Bernabé
Consultado acerca del reclamo de los comerciantes de la Costanera, el director de Educación Vial y Seguridad Ciudadana, José Luis Bernabé, expresó: “Formalmente no hemos recibido ningún pedido de audiencia de los comerciantes. Hace dos años nos convocó el Centro Vecinal del barrio, con gente de Güemes, General Paz y Palermo. Y allí planteamos el ordenamiento de la Costanera pero nadie se quejó. El Centro Vecinal, además, invitó a todos los comerciantes. Así que supongo que los que no fueron estaban de acuerdo con la medida”.
-Los comerciantes manifiestaron perder muchísima plata con la medida de reordenamiento. ¿Qué puede decir?
-Que desde esta gestión pretendemos, ante todo, que el bien común primer por sobre el interés particular. Y en este ordenamiento hemos querido evitar accidentes y aglomeramientos. La Costanera no está preparada para el flujo de vehículos de la ciudad y la zona que vienen todos los fines de semana porque está con el esquema viejo y no se hicieron ensanchamiento de calles.
-Dueños de restaurantes, bares y kioskos dicen perder hasta un 70 por ciento de clientela e ingresos por culpa de las vallas.
-La verdad es que no creo que por cortar una mano de la Costanera durante 4 o 5 horas los sábados y los domingos perjudiquemos a bares y restaurantes; que trabajan al mediodía y después de las diez de la noche. Porque ponemos las vallas a las tres de la tarde y antes de las diez las estamos levantando. Quizás durante esas horas los kioskos vendan menos, aunque no el porcentaje tan grande que dicen.
-Entonces, ¿el Municipio está dispuesto a recibir a los comerciantes?
-Absolutamente. Las puertas de nuestra oficina siempre están abiertas y estamos preparados para recibirlos. Será un gusto que vengan a plantearnos sus inquietudes y llegar a un acuerdo.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María
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-¿Por qué pusieron las vallas?
-Porque hay un montón de gente que se quejaba del ruido de las motos y los estéreos. Pero acá en verano estamos en zona turística. ¿Qué quieren? Sin embargo, una de las mujeres del barrio juntó firmas y por eso decidieron cortar la calle.No fueron más de 30 los que firmaron, pero atentan contra la actividad comercial de un montón de negocios y empleados. Porque te ponen las vallas los sábados, domingos y feriados, que son los días de mayor actividad. Y eso dura toda la temporada. Pero pronto van a llegar los demás. Les pedí que vinieran para que veas que el restobar Valthom no es el único que padece esta medida.
Y, efectivamente, uno a uno llegaron los demás; dueños de kioskos, restaurantes, restobares y heladerías de Costanera entre calles San Luis y Bolivia.
Comerciantes del río, uníos
El primero fue Gerardo Belegni, del kiosko “Las lomitas”. Lo dijo sin vueltas. “En 14 años, todas las temporadas pasa lo mismo. A partir de las 15, cuando ponen las vallas, la venta se te cae un 70 por ciento. Además, cuando ven a los inspectores, la gente en moto se va por otro lado. Lo hemos hablado en el centro vecinal y en la última charla del año pasado nos dijeron que la mano única sería ocasional. Pero todo sigue igual”, indicó.
Y añadió: “Hay 15 personas que han decretado las vallas. ¡Pero la Costanera es de todos! Hay gente de los barrios pobres que el fin de semana se vienen acá porque no pueden pagar una pileta privada o irse de vacaciones. Y acá en Villa María tenemos la suerte de no ser como en las sierras, donde hay un montón de Costaneras privatizadas. Pero somos muchos los que perdemos y vivís como un extraño. Un día, casi me hacen multa por entrar al garage de mi casa”.
Por su parte, Analía Taberna del “Kioskito Avenida”, comentó: “Quedábamos anegados entre Bolivia y San Luis. Son tres cuadras enteras y hay quince comercios. Hace unos días pedimos hablar con el presidente del Centro Vecinal, Fernando Mosquera, pero todavía no nos atendió. Es una lástima. Él tiene contactos y podría hacer que la cosa cambie”.
El cuarto testimonio pertenece a Julio Sánchez, quien concesiona Lomitos Betos y la heladería Grido.
“El lunes vendí más helados que el domingo, que fue el día de la madre. ¿Cómo lo podés explicar? Prometieron que iban a terminar los controles cuando hicieran el paso peatonal pero siguieron. Si los ciudadanos villamarienses ponemos plata y pagamos los impuestos para que la Costanera esté linda, debería ser una vía de acceso para todo el mundo que quiere pasear; ya sea en auto o en moto y en los dos sentidos”, señaló.
Y agregó: “Lo curioso es que, más allá del Puente Perón, los coches van y vienen de manera libre. Siendo que de aquel lado, históricamente hubo siempre más tráfico que acá. Pero allá la población es distinta. Allá va gente de mayor poder adquisitivo y acá viene la gente más humilde. Esta es una medida que perjudica a los más pobres”. Y María Elena Mir, mamá de Analía, comenta que “es una medida racista”.
El último testimonio pertenece a Sebastián Gasser, del comedor Fratondi.
“Los comerciantes vivimos en invierno una cruda realidad, y es la de aguantar el negocio cuando no se gana nada, esperando hacer la diferencia en los cuatro meses de verano. La vez que tenemos la posibilidad de hacer una moneda, nos pasa esto que nos perjudica totalmente”, manifestó. Y explicó: “Donde yo trabajo, somos 20 empleados. Y hay que aguantar esa fuente de trabajo cuando te va mal. Hace poco, cuando despidieron obreros de la Fábrica de Pólvoras, mucha gente se solidarizó, y me parece bien. Pero con nosotros, como no hay política de por medio, no se solidariza nadie. Y acá hay, por lo menos, cien puestos de trabajo que se van a caer si esto sigue así”.
Conclusión y propuesta
La conclusión y propuesta surge entre todos: “Si los vecinos de Barrio Parque quieren evitar los ruidos molestos, debería hacerse el control vehicular antes, en la intersección de Cárcano y Dante Alighieri para no dejar entrar las motos y autos con escapes libres o los que hacen picadas. Pero no le tenemos que prohibir la entrada a la gente. Nosotros vivimos de la temporada y últimamente no la estamos teniendo. Nos parece que este no es solo un problema del barrio sino de toda la comunidad villamariense, que tiene todo el derecho del mundo a disfrutar de la Costanera”.
Y afirmaron: “No puede ser que diez o veinte vecinos manejen todo un barrio. Notamos una falta de planificación y de sentido común de parte de todas las intendencias desde hace 14 años. Nos hartamos de presentar notas y nunca pasó nada ni nos resolvieron el problema. Nos parece triste recurrir a un medio para ser escuchados, pero es todo lo que nos queda”.
“Nunca recibimos ningún pedido de audiencia de los comerciantes”, dijo Bernabé
Consultado acerca del reclamo de los comerciantes de la Costanera, el director de Educación Vial y Seguridad Ciudadana, José Luis Bernabé, expresó: “Formalmente no hemos recibido ningún pedido de audiencia de los comerciantes. Hace dos años nos convocó el Centro Vecinal del barrio, con gente de Güemes, General Paz y Palermo. Y allí planteamos el ordenamiento de la Costanera pero nadie se quejó. El Centro Vecinal, además, invitó a todos los comerciantes. Así que supongo que los que no fueron estaban de acuerdo con la medida”.
-Los comerciantes manifiestaron perder muchísima plata con la medida de reordenamiento. ¿Qué puede decir?
-Que desde esta gestión pretendemos, ante todo, que el bien común primer por sobre el interés particular. Y en este ordenamiento hemos querido evitar accidentes y aglomeramientos. La Costanera no está preparada para el flujo de vehículos de la ciudad y la zona que vienen todos los fines de semana porque está con el esquema viejo y no se hicieron ensanchamiento de calles.
-Dueños de restaurantes, bares y kioskos dicen perder hasta un 70 por ciento de clientela e ingresos por culpa de las vallas.
-La verdad es que no creo que por cortar una mano de la Costanera durante 4 o 5 horas los sábados y los domingos perjudiquemos a bares y restaurantes; que trabajan al mediodía y después de las diez de la noche. Porque ponemos las vallas a las tres de la tarde y antes de las diez las estamos levantando. Quizás durante esas horas los kioskos vendan menos, aunque no el porcentaje tan grande que dicen.
-Entonces, ¿el Municipio está dispuesto a recibir a los comerciantes?
-Absolutamente. Las puertas de nuestra oficina siempre están abiertas y estamos preparados para recibirlos. Será un gusto que vengan a plantearnos sus inquietudes y llegar a un acuerdo.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María