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Son huinquenses y cruzaron la cordillera de los Andes a caballo

Se trata de Estanislao Delfino, quien encabezó la travesía junto con dos amigos, y una semana después Melina Noble se animó a realizar la increíble experiencia. Las cabalgatas recorrieron sitios históricos por los que pasó San Martín

Dos huinquenses se animaron a imitar en este mes de enero el camino que realizó San Martín a través de la cordillera de los Andes hace 205 años. Ambos recorrieron a caballo el camino al igual que lo hizo el Libertador. Se trata de Estanislao Delfino, quien fue acompañado por dos amigos, y una semana después fue Melina Noble, quien emprendió la cabalgata desde Argentina a Chile.

En el caso del veterinario de Huinca, realizó la travesía junto con dos excompañeros de la Universidad Nacional de Río Cuarto. Estanislao ya tenía experiencia como jinete en viajes, al punto de que cuando se recibió regresó desde Río Cuarto a caballo hasta Huinca Renancó, lo que representa unos 200 kilómetros. No obstante, admite que este nuevo desafío no fue nada fácil, ya que debieron pasar por caminos con cierta dificultad, atravesar ríos y hasta modificar un trayecto programado por desprendimiento de hielo en la montaña.

La cabalgata partió de una base cercana a Las Leñas, fue organizada por una empresa del lugar y estuvo integrada por 25 personas, algunos era la primera vez que se subían a un caballo. Todos pudieron completar con éxito el cruce hacia Chile.

“El punto de encuentro fue Valle de los Molles y de ahí nos llevaban a la base en la cordillera, que era de Las Leñas 15 kilómetros más arriba, un sendero de tierra, y ahí nos dieron todos los instrumentos. Cabalgamos cuatro o cinco horas por día y todos pudieron completarla. En total fueron 67 kilómetros para hacer el cruce, cabalgamos algunas horas a la mañana y otras a la tarde. El sendero que hicimos fue subiendo por el arroyo Trujillo y llegamos Santa Elena, ahí pasó uno de los ejércitos de San Martín”, señala el huinquense a Cabledigital.

“Ves ese paisaje y es increíble, pensar en ese tiempo cuando pasó el Ejército (de San Martín) no había nada marcado, te llena de emoción pensar en esa gesta. Era un recorrido de ida y después se volvía por otro lugar. Una parte de hielo se había desmoronado, así que en parte debimos modificar el trayecto y volver por donde habíamos venido”, relata.

Al recordar los momentos vividos, Estanislao asegura que esta experiencia indudablemente lo marcó, además porque allí arriba en lo inhóspito se formó un cálido grupo humano con el que se compartían las comidas diarias, algunos guisos o asados.

“Queda para la historia, algo muy marcado. Una empresa superorganizada. Me tocó un grupo muy lindo de personas, muy agradable el ambiente que se formó. Ciertas partes sentí algo de temor, había gente que nunca anduvo a caballo pero igual pudieron completar el trayecto”, enfatiza.

“Es un viaje que volvería a hacer”

Por su parte, Melina Noble fue la otra huinquense que una semana después que Estanislao se animó a repetir el histórico periplo sanmartiniano junto con un grupo de 25 personas.

“Yo quería hacer este viaje hace varios años pero por la pandemia se fue postergando y el año pasado en septiembre dije: ‘Lo hago’. Llamé, lo reservé y me fui sola. Armé la mochila y viajé”, cuenta.

Melina rescata: “Es un viaje que volvería a hacer, no sé si todos los años porque es muy duro”. En este sentido, describe que “durante el día hay una amplitud térmica muy grande, de noche hace mucho frío y de día hace mucho calor. Había días de 40 grados con sol fijo arriba de la cabeza”.

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“En mi grupo no llevábamos carpas, así que a la noche dormíamos en bolsas de dormir a la intemperie y debíamos ponernos remeras y calzas térmicas, gorro, cuello y guantes por el frío”, relata.

Asimismo, la huinquense sostiene sobre la travesía: “Al no tener señal de teléfono uno se puede desconectar al 100 por ciento, terminás haciéndote amiga de todo el mundo desde el primer día”.

Melina explica que decidió hacer la cabalgata como una experiencia íntima y como parte de superación personal. “Yo siempre tuve mucho miedo a las alturas, por eso dije que lo tenía que hacer. Muchos amigos querían ir conmigo pero era una meta que yo quería cumplir sola”, subraya.

Finalmente, narra la emoción que sintió en el momento en que arribó al punto cúlmine del camino. “Cuando llegamos a la cima en el cruce Santa Elena, a más de 3.400 metros, muchos se largaron a llorar, yo me incluyo. Se te pone la piel de gallina cuando sabés toda la historia que tiene ese lugar. Todo lo que pasó ahí. Es un viaje que vale la pena”, resalta.

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