Cristian Agosto recuerda sus dos años en Newell’s y asegura: “Estuve muy cerca de llegar. Jugué con esa camada que componen Bernardi, Mateo, Pavlovich, Crosa, Bergonzi y el ‘Gringo’ Heinze, que muchas veces fue suplente mío”.

“Cuando yo te comenté esto en una nota, todos se sorprendieron. El ‘Gringo’ se ganó todo lo que hizo en el fútbol, porque se quedaba horas después de los entrenamientos, pateando, cabeceando, como un profesional. Nosotros volvíamos a la pensión apenas terminaba la práctica, y el ‘Gringo’ caía 2 o 3 horas después. Lo felicito porque se rompió el alma para llegar y fue muy duro todo para esa camada”, precisó.

“Tuve una charla telefónica con él hace unos años. Me dijo que me iba a mandar unas camisetas, pero le dije que eso no me interesaba, que quiero ir a visitarlo, darle un abrazo y hablar de fútbol. Siempre fue una gran persona. Ahora lo disfruto como DT y lo escucho cuando declara. Lo admiro porque su esfuerzo tuvo su recompensa. Jugó en los mejores equipos del mundo y con la selección argentina jugó mundiales”, remarcó.

“Para mí, de la camada nuestra el que se veía que iba a llegar era Bernardi, que era un monstruo. Resolvía todo antes que la pelota le llegara al pie. ‘Pomelo’ Mateo era un poco más pudiente que el resto pero tan generoso adentro como afuera de la cancha”, dijo.

Recordó: “El presidente era López y pasamos mucho hambre en esa pensión, donde estábamos hacinados. Newell’s estaba fundido. Y los mosquitos en Rosario te levantaban de la cama”.

“Regresé porque mi viejo trabajaba en el campo y yo tengo muchos hermanos. No podía ser que todo su esfuerzo fuera para mí y mis hermanos pasaran necesidades. Empecé a trabajar en la empresa de un conocido representante que me bancó (Rozín) y así pude costearme los viajes y vivir en Rosario. Era duro. No me arrepiento de haber vuelto, pero sé que futbolísticamente me mandé un moco”, expresó.

“Roberto Puppo era el coordinador y me dijo que era un error. Yo tenía a mi primera mujer embarazada y mi hija iba a nacer sin que yo la acompañara. A la hora de decidir opté por la familia”, señaló.

“Ahora hay muchos medios para comunicarse, pero antes había un solo teléfono en la pensión y éramos 78 personas. Muchos días no podías hablar con tus familiares”.

Resaltó: “Es la primera vez que lo cuento, pero la familia siempre fue, es y será prioridad para mí. Hoy agradezco tener una familia que me banca. Yo salí del campo y Marcelo Alamo me llevó a probar a Rosario. A los 15 días estaba en la pensión comiendo arroz y con suerte un pedacito de carne alguna noche. Cuando juntábamos un manguito, nos íbamos a un carro-bar a la vuelta de la cancha de Central Córdoba a comer un terrible bife de chorizo”.

“Aguanté todo durante casi 2 años, pero venía una hija a mi vida. Me hice cargo. Yo era un pibe de campo, me criaron mis abuelos e iba en un sulki con Andrés y Leo al colegio. No salía ni iba a los cumpleaños de 15. Cuando me fui a Rosario era un bicho raro. Me costó mucho, pero cuando me estaba acostumbrando me puse de novio y tuve la fortuna de tener una hija a la que amo. No me arrepiento de haber vuelto y no me avergüenza. Me hice cargo”, dijo.

Hoy el DT que lleva adentro les recomienda a sus dirigidos que “no aflojen”. “En las inferiores de San Lorenzo de Las Perdices hay pibes con condiciones para poder jugar al fútbol profesional, pero tienen cambiar la mentalidad. Zuriaga es un ‘5’ como pocos y Lameiro tuvo formación en Unión, pero se conforman con poco. Ya les dije que me recuerden como un loco de mierda, pero que les dejó algo”.