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Kicillof desembarcó en Córdoba con agenda sindical y universitaria, pero sin reunión con Llaryora

El gobernador bonaerense visitó la provincia para participar en un congreso de trabajadores de la sanidad y firmar acuerdos con la UTN, en una gira que evitó deliberadamente el encuentro con las principales figuras del peronismo cordobés

Axel Kicillof llegó a Córdoba con una agenda cargada de actividades institucionales y sindicales, aunque sin reunirse con el gobernador Martín Llaryora ni con la diputada Natalia de la Sota. La visita, que combina participación gremial con acuerdos académicos, se produjo en un territorio históricamente esquivo para el kirchnerismo y donde Javier Milei obtuvo un fuerte apoyo electoral.

El eje central de la gira es el 61° Congreso Nacional de la Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina (FATSA), celebrado en La Falda. Kicillof participó del encuentro junto a Héctor Daer, referente de la CGT, en un gesto que apunta a consolidar vínculos con el sindicalismo organizado de cara al ciclo electoral que se avecina.

La elección del escenario no es casual. El congreso de FATSA reúne a delegados de todo el país y le ofrece al gobernador bonaerense una plataforma nacional sin los costos de una foto partidaria con actores locales con quienes las diferencias son notorias. El sindicalismo cordobés, por su parte, observa la visita con cautela y evalúa hasta dónde está dispuesto a comprometerse públicamente con una figura que arrastra las tensiones propias del kirchnerismo en la provincia.

Además de la actividad gremial, Kicillof firmó acuerdos con la Universidad Tecnológica Nacional, lo que le permite proyectar una imagen de gestión por encima de la disputa interna del Partido Justicialista. La combinación de sindicalismo y academia busca ampliar su base de interlocutores más allá del núcleo duro del peronismo.

La decisión de no reunirse con Llaryora ni con De la Sota no pasó inadvertida. Las tensiones entre el kirchnerismo y el peronismo cordobés tienen historia larga, y la visita del gobernador bonaerense no hizo más que subrayarlas. Kicillof evitó cualquier escena que pudiera interpretarse como una disputa abierta, pero también esquivó los gestos de unidad que el peronismo provincial podría haber reclamado.

Con miras a 2027, la gira cordobesa forma parte de un movimiento más amplio para construir presencia nacional. Córdoba es una de las provincias donde el desafío es mayor: el peronismo local tiene sus propias lógicas, alejadas de las de La Plata, y moverse en ese terreno sin ceder ni confrontar fue el equilibrio que Kicillof intentó sostener durante toda la visita.