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Un regreso que nunca ocurrió: el dolor de la familia del playero atropellado y el reclamo de justicia

La familia de Cristian Ludueña reconstruye las últimas horas del trabajador y exige que el conductor que lo embistió enfrente una acusación más grave en la Justicia. Mientras avanza la investigación, el dolor convive con un pedido claro: que la muerte del playero no quede impune

 

La madrugada del 28 de febrero quedó marcada como una herida abierta para la familia de Cristian Ludueña. Tenía 50 años, trabajaba desde hacía casi dos décadas en una estación de servicio y volvía a su casa en moto después de terminar su turno cuando un automóvil lo embistió de frente. Desde entonces, su nombre resuena entre lágrimas, recuerdos y un pedido que se repite con fuerza: justicia.

La tragedia ocurrió alrededor de las 0.30 sobre avenida Juan B. Justo, en la zona norte de la ciudad de Córdoba, a la altura aproximada del 8400. Cristian había salido de trabajar y regresaba a su casa, como lo hacía tantas otras noches, después de cumplir su jornada en la estación de servicio donde era encargado de playa.

Para su familia, ese recorrido cotidiano terminó en una escena imposible de asimilar.

Gladys, su esposa, lo recuerda como un hombre sencillo, lleno de vida y profundamente comprometido con su familia. “Era una persona siempre positiva, una persona que se hacía querer. Era muy alegre, sin filtro, tal cual era. Sobre todo, era un muy buen padre”, dijo en diálogo con Puntal.

Cristian era padre de cinco hijos, cuatro mujeres y un varón, cuyas edades van desde los 34 hasta los 16 años. Para todos ellos, la pérdida dejó un vacío difícil de nombrar.

Durante más de 18 años Ludueña trabajó en la misma estación de servicio. Su vida estaba atravesada por la rutina del trabajo nocturno, el esfuerzo cotidiano y la responsabilidad de sostener a su familia.

“Toda una vida cumpliendo horarios, trabajando y siendo responsable”, resumió Gladys.

Pero aquella madrugada el regreso a casa se transformó en tragedia.

Según explicó el abogado de la familia a Puntal, Gregorio Martínez, el hecho ocurrió cuando un Volkswagen Gol que circulaba en sentido contrario impactó de frente contra la moto que conducía Ludueña. El vehículo era manejado por Marcelo Baigorri, de 42 años.

“El automóvil venía circulando por la contramano desde varias cuadras y a una altísima velocidad”, detalló el letrado. De acuerdo con los primeros indicios de la investigación, el velocímetro del vehículo quedó clavado en 140 kilómetros por hora tras el impacto.

La violencia del choque fue tal que el automóvil continuó desplazándose cerca de 150 metros hasta terminar incrustado en una baranda cercana al colegio ubicado sobre esa misma avenida.

Para la familia, una de las imágenes más difíciles de procesar es la reconstrucción de los últimos segundos del accidente. Según las filmaciones que ya forman parte del expediente, Ludueña intentó frenar su moto al advertir el peligro.

“En el video se ve que mi marido en todo momento intentaba frenar. Se prenden las luces del freno, él intenta detenerse”, explicó Gladys. “Pero esta persona ni siquiera atinó a frenar ni a tirarse a un costado. Nada”.

Esa escena, repetida una y otra vez en la memoria de los familiares, alimenta la indignación.

“Mi marido estaba tratando de evitar el choque siendo la víctima”, lamentó.

El conductor del automóvil fue identificado en el lugar y posteriormente quedó detenido. Según explicó Martínez, primero fue trasladado a un hospital por un golpe en la cabeza y luego quedó privado de su libertad.

La causa, por ahora, se encuentra en una etapa inicial de investigación y está caratulada como homicidio culposo. Sin embargo, la querella buscará que la calificación cambie.

“Entendemos que de mínima corresponde la figura de homicidio culposo agravado”, señaló el abogado que contempla agravantes como la conducción a velocidad excesiva o bajo efectos de alcohol o drogas.

Pero la estrategia judicial de la familia va más allá. Martínez adelantó que solicitarán que el hecho sea investigado como homicidio doloso bajo la figura de dolo eventual, lo que implicaría considerar que el conductor pudo haber previsto el resultado fatal de su conducta.

“Las imágenes muestran que el vehículo circulaba en contramano y sin ningún tipo de maniobra de frenado o intento de evasión”, sostuvo.

En el interior del automóvil también se encontraron botellas, un dato que para la familia refuerza las sospechas sobre el estado en que conducía el automovilista.

A la conmoción por la muerte de Cristian se sumó otro golpe inesperado para quienes compartían su rutina laboral. Un encargado de la estación de servicio, que atravesaba problemas de salud, falleció poco después de enterarse de la noticia.

“Para ellos el trabajo era como una segunda familia”, explicó Gladys. “Compartían muchas cosas, se conocían mucho”.

Mientras la investigación avanza, la familia intenta atravesar el duelo aferrándose a los recuerdos de un hombre que, dicen, vivía para su trabajo y para sus hijos.

Las palabras se repiten como una certeza dolorosa: Cristian Ludueña estaba haciendo lo mismo que había hecho durante años. Volver a casa después de trabajar. Pero esa noche el camino se cruzó con un auto que venía en contramano y a toda velocidad.

Desde entonces, para su familia, cada día empieza con la misma pregunta: por qué. Y termina con el mismo reclamo: que la muerte de Cristian no quede impune.