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“Perdí las dos piernas, pero encontré el verdadero sentido de la vida”

En 2007, Oscar Roera sufrió la amputación de sus miembros por una desmalezadora. “Creí estar condenado a la silla de ruedas”, dijo. Hoy en Coronel Moldes presentará su libro “Mi lugar”, en el que vuelca su historia pero además transmite un mensaje a otros que pasan por situaciones similares

Fue a fines de 2007 cuando Oscar Marcelo Roera sufrió un grave accidente laboral que le arrebató las dos piernas. Con 35 años y dos hijas pequeñas, este moldense creía que estaba condenado a vivir en una silla de ruedas, pero fueron hechos y personas que se le cruzaron en el camino los que lo ayudaron a superarse y a comenzar una nueva vida.

Hoy Oscar sabe que cada día es una oportunidad y que aquel accidente fue en realidad un golpe para darse cuenta de qué se trata la vida y hasta encontrar su lugar en ella. 

Trabajando en el campo con una desmalezadora sufrió un accidente. “Hacía todo el día que estaba renegando. Había una correa que patinaba; me aconsejaron pasarle un producto y me acerqué demasiado. Me cuidé los brazos, pero no las piernas”, admite.

Lo siguiente fue angustia, desorientación y espera. “Creí que estaba condenado a la silla de ruedas”, señala Oscar.

“Lloré, lloré mucho. Pero encontré la forma de salir. La ayuda de mis hijas (Daiana y Ailén), mi esposa (Fátima), toda la familia, fue primordial. Los primeros meses fueron muy difíciles”, comienza a decir Oscar, quien se prepara para esta tarde compartir su historia con todos los moldenses. Y lo hace a través de un libro que escribió contando su experiencia y que procura transmitir un mensaje de aliento a todos quienes sufren amputaciones. “Mi lugar” es el nombre elegido para su escrito de poco más de 90 páginas. 

“Lo titulé así porque tuvo que pasarme esto para darme cuenta de un montón de cosas, darles otro valor a las cosas, mi lugar era este y no el de antes”, asegura.

Acompañar a otros 

Tras el accidente, estuvo internado y asistido en el Hospital de Río Cuarto. Y en ese proceso de recuperación aparecieron personas que, con su aliento y esperanza, lo animaron a seguir.

“Estaba internado en el Hospital de Río Cuarto y me visitó Carlos Dalmasso, que también tiene amputadas las piernas. Lo hizo para darme aliento y así fue. Yo hasta ese momento ni sabía que existían piernas ortopédicas”, indica Oscar.

Luego llegó el tiempo de asumir la situación y buscar una salida. Y otros hechos y personitas fueron apareciendo.

“Yo comencé a usar internet, a buscar información y así di con una chica que estaba formando una ONG que se llama Amputados sin Fronteras (Asif) y me propone integrarla”, comenta. Inmediatamente, Oscar empatizó con historias de otros en su igual situación.

La nota de la escuela y una meta

En medio, una nota escolar que recibió  le inyectó toda la fortaleza que necesitaba. Su hija, Daiana, iba a recibir la bandera de su escuela. “Lloramos mucho con mi mujer en ese momento. Estábamos pasando un difícil momento psicológico y económico. Pero, no sé, generó algo en mí. Llamé a mi doctor y le pedí las piernas (ortopédicas)”, cuenta.

Es que su meta era asistir al acto de su hija y estar de pie acompañándola.

“Los médicos me dijeron que no estaba preparado aún. Pero les dije que las quería y que si ellos no me las ponían iba a buscar la forma de conseguirlas. Mis heridas aún no estaban sanadas”, precisa.

Oscar finalmente logró colocarse las prótesis y estar en el acto de su hija parado. “Lo hice sosteniéndome en un andador. Cuando me paré veía el mundo desde tres metros de altura”, dice.

Pero fueron ese hecho y ese día un volver a empezar. Este moldense nunca más dejó sus piernas, aún cuando los médicos aconsejaban volver a la silla de ruedas para permitir la cicatrización de las heridas.

“Por eso tardé como tres años que se me curaran bien las heridas”, añadió.

Tras aquel fatídico día su vida cambió para siempre, pero recalca: “Para mejor, encontré el verdadero sentido de la vida, mi lugar”.

“Mi lugar”

Sobre el libro que decidió escribir menciona que surgió primero como iniciativa de la ONG Asif, pero finalmente no se concretó. “La idea me quedó dando vueltas en la cabeza y empecé con una especie de carta que les escribí a mis hijas y esposa contándoles cómo había vivido lo que me pasó, lo que sentí. Porque la verdad hasta ese momento no se los había expresado. Y quienes la leyeron me incentivaron a escribir un libro. Le sumé otras cosas y testimonios de otros amputados y salió. Es un libro chico, no quiero aburrir con mi historia”, dice como al pasar.

En esta su nueva vida, Oscar escribe, atiende la ortopedia que tiene en Moldes, pero además junto con la ONG que integra visita mensualmente hospitales o lugares donde hay personas que sufrieron amputaciones. “Lo que hacemos es contarles cómo es el proceso  y qué se puede hacer. Es eso compartir y acompañar”, expresa.

Hoy a las 19, en la Casa de la Cultura “Agustín Tosco” y acompañado por su familia (sus dos hijas ya universitarias), Oscar presentará su libro. “Hice sólo 100 ejemplares. Mi idea es compartirla con los amputados y amigos. Pero se ha generado una gran movida, así que seguro tendré que imprimir más”, se entusiasma Oscar.



Patricia Rossia.  Redacción Puntal

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