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Las últimas horas de Walsh, en un corto que hace camino hacia el Oscar

Julio Miguel Azamor es el guionista del film que ya ha recibido premios en los principales festivales de todo el mundo. En diálogo con Puntal relató cómo fue el proceso de investigación y la dura labor de la animación, que incluyó más de 12 mil ilustraciones

El cortometraje argentino “Un oscuro día de injusticia”, que recrea las últimas horas del escritor Rodolfo Walsh, está en la carrera por los premios Oscar. Se trata de una producción hecha completamente animada, con miles de ilustraciones en blanco y negro que demuestran con dramatismo cómo fue la muerte del escritor momentos después de escribir su histórica carta abierta a la Junta Militar.

El film fue hecho a partir de una idea original de Julio Miguel Azamor, quien hizo el guión junto con Daniela Fiore. Ella, en tanto, codirige el corto con el hijo del escritor, el dibujante también llamado Julio Azamor. Luego de recibir numerosos reconocimientos en todo el mundo, incluido en el Festival de Cine de La Habana, “Un oscuro día de injusticia” entró en parte de las selecciones del premio norteamericano y ahora espera quedar entre las 20 que quieren llegar a la nómina final.

En diálogo con Puntal, el guionista Julio Azamor explicó cómo fue el camino del corto hasta su realización. “En 2007, cuando se cumplieron 30 años de la muerte de Rodolfo Walsh, en la esquina de San Juan y Entre Ríos en Buenos Aires, el 25 de marzo de 1977, el Museo del Cine, donde yo trabajaba editaba una revista titulada ‘La Mirada Cautiva’, dedicada al cine y los medios. Era una publicación que yo había fundado a fines de los 90. Allí dedicamos un dossier a Walsh, con dos o tres notas diferentes. Para esa oportunidad, escribí un artículo titulado ‘El caso de los muertos sin sepultura’, sobre la versión cinematográfica de Operación Masacre”, dijo Azamor.

Recordó que la película se filmó en Buenos Aires en 1974, de manera semi-clandestina. “Y yo entrevisté a tres miembros del equipo: Miguel Pérez, el montajista; Abelardo Kuschnir, sonidista; y Hugo Álvarez, un actor que además ayudó en la producción”, sostuvo el escritor, quien agregó: “Finalmente, para cerrar ese artículo, que también hablaba del género de nuevo periodismo, escribí una especie de cuento que narraba el último día de Rodolfo”.

- ¿Cómo reconstruyeron esas últimas horas de Walsh?

- Él vivía en una casa en San Vicente, provincia de Buenos Aires, con su última mujer, Lilia Ferreyra. Según lo que ella contaba, y algunas crónicas, se pudo reconstruir aquel último día. Se levantó temprano, había terminado de escribir la famosa “Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar” y quería distribuirla personalmente echando copias en los buzones de Buenos Aires, destinados a los medios de comunicación. Seguramente no se la iban a publicar, pero él había fundado una agencia clandestina de noticias que se dedicaba a difundir información que los medios no reflejaban. Además, él tenía una cita con un compañero montonero, Walsh era oficial montonero, de inteligencia, no era combatiente. Desde la estación Constitución, cuando se despidió de Lilia, hizo un llamado por teléfono y confirmó la cita con su compañero, pero era una cita envenenada, pues su compañero había caído y lo había vendido. Cuando terminó de entregar las cartas, caminaba por Entre Ríos y según parece lo interceptaron allí. Él iba con su “disfraz” de jubilado, con un sombrero de paja y una guayabera, para disimular, y llevaba una pistola calibre .22, con el sólo objetivo de tirar y que lo mataran, no quería caer vivo.

Azamor señaló que un detenido en la Escuela Mecánica de la Armada, que dio testimonio mucho tiempo después, lo vio llegar en una camilla, ensangrentado, prácticamente muerto. “Rodolfo llevaba en su portafolio la escritura de su casa de San Vicente, que se la habían dado antes de tomar el tren, por eso los militares sabían que vivía allí y la allanaron, la ametrallaron”, dijo el guionista, quien completó: “Lilia por suerte no estaba y se salvó, pero al llegar el día siguiente vio todo destruido y que se habían llevado todos los papeles de Walsh, entre ellos el último cuento que había terminado aquel verano, titulado: ‘Juan se iba por el río’. El detenido en la Esma encontró una serie de papeles, entre ellos el cuento, y lo leyó”.

- ¿Cómo decidieron llevar el cuento al cine?

- En el 2015, Julio y Daniela se quisieron presentar al concurso Animate, del Incaa, un certamen que brindaba un dinero para financiar un corto animado. Les propuse adaptar el cuento y les gustó la idea, estábamos muy cerca de la fecha de cierre del concurso y en dos días hice un preguión, que ajustamos con Daniela llevándolo a las necesidades de animación, pues con estos recursos se pueden hacer efectos que con actores serían muy caros. En 2018 estuvo listo el proyecto, pero para ese entonces ya estaba la gestión de Macri y la ampliación de presupuesto que pedimos no nos la dieron nunca, aunque estuviera firmada. Incluso el Gobierno no mandó el corto al Festival de Mar del Plata, ni al Bafici, pero fuimos invitados a Cannes, donde comenzamos un interesante recorrido por festivales.

- El corto ya ha recibido reconocimientos en todo el mundo.

- Sí, en total ganamos 12 premios con el corto, entre ellos el Festival de La Habana, y ahora está nominado a los Premios Cóndor, de la Academia de Cine de Argentina. El último festival que ganó fue en Chile a fines del 2020, un certamen que habilitaba a los ganadores a presentar la película a la selección de los Oscar, por lo que mandamos el corto y quedó preseleccionada. Ahora habrá otra selección de la que quedarán sólo 20 títulos y de estos, saldrá la selección final de 3 o 4 películas de todo el mundo.

- Más allá de esta oportunidad, el recorrido que hizo fue destacado, ¿se imaginaban esta repercusión en su inicio?

- Realmente no, ahora a la película la auspician el CELS y Madres de Plaza de Mayo. En lo que a mí respecta, que como guionista hace rato cumplí mi rol, luego fue todo labor del resto del equipo, estoy muy contento porque Rodolfo está presente en este momento de la historia argentina. En un momento de tanta división en la sociedad, me pone feliz que esté el compañero Walsh.

- ¿Cómo vivió el proceso de creación del corto?

- Fue un año y medio de trabajo, que lo hicieron en el estudio en la parte de delante de mi casa. Fue un contacto constante, con unas pocas consultas y con un gran trabajo. La animación es cara, hay que pensar que se trata de una película que compite por el Oscar que fue hecha sólo con 500 mil pesos argentinos. Está hecha toda con dibujos, en casa tengo una pila interminable de hojas A4 con los dibujos de la película (por su parte, Azamor hijo, dibujante y director del corto, indicaría en diálogo con Puntal que usaron más de 12 mil ilustraciones).

- La estética del corto, con el uso de la luz y sombras y en blancos y negros, puede remitir a la historieta de los 70, con los trabajos de Alberto Breccia que daban vida a los guiones de Héctor Oesterheld. ¿Lo pensaron en esta línea?

- La decisión de hacerlo en blanco y negro fue de mi hijo, que eligió esta estética inspirada en su propia experiencia de historietista. Estos nombres también tienen su historia, con Oesterheld desaparecido con sus hijas, y Francisco Solano López (dibujante de “El Eternauta”), se exilió a tiempo, se fue a España.

- Más allá de que no era el objetivo, ¿genera expectativa la posibilidad del Oscar?

- Sí, por supuesto, pero sabemos que no es un camino fácil. El día 5 de febrero se conoce la lista de los 20 cortos que luego darán la nómina final. Luego se hace la última selección para la entrega del 9 de abril.