Pese al aumento de costos, mejoran las perspectivas del sector porcino
Según Jorge Brunori, referente en porcicultura del INTA Marcos Juárez, la suba del precio del capón impactó positivamente. De todas formas, gran parte de los productores todavía están con rentabilidad negativa
Como a todos las actividades ganaderas la crisis cambiaria, que comenzó algunos meses atrás, golpeó fuerte a la producción porcina. Así lo reflejó este medio en la cobertura de la Jornada de la Cadena Porcina concretada en Oncativo en julio pasado, que sirvió como caja de resonancia del momento que atravesaba ese sector en la región. Aunque el escenario continúa siendo muy duro, la suba del precio del capón (categoría de cerdo que comercializan los criaderos) comenzó a modificar las perspectivas. De todas formas, tal como explicó a PUNTAL VILLA MARIA Jorge Brunori, referente en porcicultura del INTA Marcos Juárez, existe una gran variabilidad entre los productores a partir de la eficiencia que alcanzan las granjas y su capacidad para generar la alimentación, insumo fundamental.
Esa ambivalencia está presente en los indicadores sectoriales. Los datos de la Secretaría de Agroindustria, correspondientes a julio, muestran que a pesar del impacto cambiario la actividad continúa en crecimiento, traccionada por el segmento más concentrado. Precisamente ese sector -minoritario en cantidad pero de gran peso en la producción global- estaría captando alrededor de $36 por kilo vivo, lo que les permitiría tener rentabilidad. Diferente es la situación de los más pequeños que reciben unos $31 por kilo, lejos de la línea de flotación.
“De hace dos meses a esta parte ocurrieron dos cosas. Una, que sigue complicando cada vez más la cuestión, es la devaluación. El dólar a $40 impacta en los insumos dolarizados y en el precio de la soja, que ya está pisando los $10.000; y el maíz ya superó los $5.000. A eso se agrega que estamos entrando en un período de escasez del cereal por la sequía del año pasado, a cinco meses de la nueva cosecha. El aspecto positivo es el precio del capón, que comenzó a moverse. Hace un par de meses rondaba los $28 y hoy, aunque hay un gran abanico de precios, se ubica entre $31 y $36. Con el precio máximo la rentabilidad del sector empieza a acomodarse. Los establecimientos con gran eficiencia estarían con valores positivos, aunque para el promedio de los productores el aumento del capón alivia un poco la situación pero siguen atravesando un mal momento”, sostuvo el médico veterinario.
Si bien indicó que por ahora el mercado está convalidando esos precios, subrayó que hay muchas variables a tener en cuenta.
“Hay que ver a qué valores se estabilizará la moneda norteamericana, hasta cuánto puede subir el capón sin perder competitividad en la góndola y, fundamentalmente, esperar la nueva cosecha para que los precios agrícolas, más allá de la devaluación, se acomoden un poco. En esos parámetros se juega el escenario de acá a los próximos 6 meses”, dijo.
Añadió que “es bueno que se haya mejorado el precio, pero quien compra el grano y todavía no logró escala porque tiene que asociarse y cuenta con 40 o 50 madres, está en una situación complicada. En ese abanico toma el precio más bajo. Pero una mejoría hubo; si la mayor parte de los productores pudiera vender entre $35 y $36 estaríamos mejor que dos meses atrás, siempre y cuando el peso no se siga devaluando”.
En el actual contexto, los pequeños y medianos productores que se asociaron de distinta manera para lograr una negociación diferenciada por volumen, ya sea para compra de insumos o venta de cerdos, se distinguen claramente de los casos mencionados precedentemente.
Cabe señalar que el organismo nacional viene pregonando desde hace muchos años la importancia de avanzar en procesos asociativos para mantenerse en el sistema. Brunori recordó que “en la época de esplendor del sector, cuando por las retenciones teníamos un maíz barato, seguíamos insistiendo con eso. Ahora vemos que cambiaron las reglas de juego y una gran parte de los productores no entraron en el proceso. Y si era difícil en esos momentos ahora, con la angustia de perder plata e incluso el propio criadero, es todavía más complicado”.
Igualmente, destacó que “hay productores que comenzaron a asociarse de distinta forma y se fueron consolidando; incluso algunos agregaron valor a través de carnicerías. Todos vieron lo positivo del asociativismo para estos momentos, ya que sirve para soportar las crisis”.
Siguiendo el razonamiento, el profesional subrayó que luego de 10 años de fuerte rentabilidad “no puede ser que en solo dos estemos hablando de perder un 20 o 30 por ciento de los productores. Eso es porque no estábamos preparados. El escenario anterior, con bajos precios de los granos por las retenciones, generó un cierto letargo; no se pensó mucho en eficiencia o en asociarse; se veía como una necesidad pero no como algo imprescindible para seguir produciendo. Ahora ese sector, que es bastante grande dentro del contexto socioproductivo de la actividad, está en crisis”.
“Además nosotros también decíamos –añadió- que la pequeña y mediana escala productiva en Argentina se concibe generando sus propios granos, no comprándolos, porque en ese caso se parecería a un productor de Europa. Hoy quien entró con maíz y soja muy baratos por las retenciones está en un estado desesperante. Por eso planificar el negocio, transformar granos en carne y buscar escala por vía asociativa si no tiene capacidad de inversión, son herramientas necesarias que no todos incorporaron”.
La gran devaluación del peso impactó fuerte en los costos de producción pero también tiene su correlato positivo en la importación de carne de cerdo, que obviamente se verá afectada por el valor de la moneda norteamericana. Pero más allá que por cuestiones cambiarias tal situación se modifique, Brunori destacó el papel de la Mesa Nacional de Producción Porcina para lograr condiciones de igualdad en la comercialización de productos, especialmente en lo que respecta a la venta como cortes frescos de productos que llegan congelados.
“La conformación de la Mesa es una de las mejores noticias que tuvo el sector, porque están todos los actores representados. Viene haciendo un trabajo importante en ese punto, ejerciendo mucha presión. En el gobierno hay una disputa en torno a la viabilidad del descongelado, porque la interpretación de la Secretaría es que de alguna manera estaría permitido, aunque la ley se opone claramente. La Mesa trabajó sobre el tema y se está dando una discusión en la que también intervienen provincias y municipios”.
En ese sentido, expresó que “muchos intendentes entendieron que esto es un riesgo para la salud pública y tomaron medidas, como en Río Cuarto, que están trabajando en una diferenciación en los supermercados para la carne extranjera congelada y la producida acá. Hay una lucha cuerpo a cuerpo que está teniendo efectos”.
Pablo Correa. Redacción Puntal Villa María.
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Esa ambivalencia está presente en los indicadores sectoriales. Los datos de la Secretaría de Agroindustria, correspondientes a julio, muestran que a pesar del impacto cambiario la actividad continúa en crecimiento, traccionada por el segmento más concentrado. Precisamente ese sector -minoritario en cantidad pero de gran peso en la producción global- estaría captando alrededor de $36 por kilo vivo, lo que les permitiría tener rentabilidad. Diferente es la situación de los más pequeños que reciben unos $31 por kilo, lejos de la línea de flotación.
“De hace dos meses a esta parte ocurrieron dos cosas. Una, que sigue complicando cada vez más la cuestión, es la devaluación. El dólar a $40 impacta en los insumos dolarizados y en el precio de la soja, que ya está pisando los $10.000; y el maíz ya superó los $5.000. A eso se agrega que estamos entrando en un período de escasez del cereal por la sequía del año pasado, a cinco meses de la nueva cosecha. El aspecto positivo es el precio del capón, que comenzó a moverse. Hace un par de meses rondaba los $28 y hoy, aunque hay un gran abanico de precios, se ubica entre $31 y $36. Con el precio máximo la rentabilidad del sector empieza a acomodarse. Los establecimientos con gran eficiencia estarían con valores positivos, aunque para el promedio de los productores el aumento del capón alivia un poco la situación pero siguen atravesando un mal momento”, sostuvo el médico veterinario.
Si bien indicó que por ahora el mercado está convalidando esos precios, subrayó que hay muchas variables a tener en cuenta.
“Hay que ver a qué valores se estabilizará la moneda norteamericana, hasta cuánto puede subir el capón sin perder competitividad en la góndola y, fundamentalmente, esperar la nueva cosecha para que los precios agrícolas, más allá de la devaluación, se acomoden un poco. En esos parámetros se juega el escenario de acá a los próximos 6 meses”, dijo.
Añadió que “es bueno que se haya mejorado el precio, pero quien compra el grano y todavía no logró escala porque tiene que asociarse y cuenta con 40 o 50 madres, está en una situación complicada. En ese abanico toma el precio más bajo. Pero una mejoría hubo; si la mayor parte de los productores pudiera vender entre $35 y $36 estaríamos mejor que dos meses atrás, siempre y cuando el peso no se siga devaluando”.
En el actual contexto, los pequeños y medianos productores que se asociaron de distinta manera para lograr una negociación diferenciada por volumen, ya sea para compra de insumos o venta de cerdos, se distinguen claramente de los casos mencionados precedentemente.
Cabe señalar que el organismo nacional viene pregonando desde hace muchos años la importancia de avanzar en procesos asociativos para mantenerse en el sistema. Brunori recordó que “en la época de esplendor del sector, cuando por las retenciones teníamos un maíz barato, seguíamos insistiendo con eso. Ahora vemos que cambiaron las reglas de juego y una gran parte de los productores no entraron en el proceso. Y si era difícil en esos momentos ahora, con la angustia de perder plata e incluso el propio criadero, es todavía más complicado”.
Igualmente, destacó que “hay productores que comenzaron a asociarse de distinta forma y se fueron consolidando; incluso algunos agregaron valor a través de carnicerías. Todos vieron lo positivo del asociativismo para estos momentos, ya que sirve para soportar las crisis”.
Siguiendo el razonamiento, el profesional subrayó que luego de 10 años de fuerte rentabilidad “no puede ser que en solo dos estemos hablando de perder un 20 o 30 por ciento de los productores. Eso es porque no estábamos preparados. El escenario anterior, con bajos precios de los granos por las retenciones, generó un cierto letargo; no se pensó mucho en eficiencia o en asociarse; se veía como una necesidad pero no como algo imprescindible para seguir produciendo. Ahora ese sector, que es bastante grande dentro del contexto socioproductivo de la actividad, está en crisis”.
“Además nosotros también decíamos –añadió- que la pequeña y mediana escala productiva en Argentina se concibe generando sus propios granos, no comprándolos, porque en ese caso se parecería a un productor de Europa. Hoy quien entró con maíz y soja muy baratos por las retenciones está en un estado desesperante. Por eso planificar el negocio, transformar granos en carne y buscar escala por vía asociativa si no tiene capacidad de inversión, son herramientas necesarias que no todos incorporaron”.
La gran devaluación del peso impactó fuerte en los costos de producción pero también tiene su correlato positivo en la importación de carne de cerdo, que obviamente se verá afectada por el valor de la moneda norteamericana. Pero más allá que por cuestiones cambiarias tal situación se modifique, Brunori destacó el papel de la Mesa Nacional de Producción Porcina para lograr condiciones de igualdad en la comercialización de productos, especialmente en lo que respecta a la venta como cortes frescos de productos que llegan congelados.
“La conformación de la Mesa es una de las mejores noticias que tuvo el sector, porque están todos los actores representados. Viene haciendo un trabajo importante en ese punto, ejerciendo mucha presión. En el gobierno hay una disputa en torno a la viabilidad del descongelado, porque la interpretación de la Secretaría es que de alguna manera estaría permitido, aunque la ley se opone claramente. La Mesa trabajó sobre el tema y se está dando una discusión en la que también intervienen provincias y municipios”.
En ese sentido, expresó que “muchos intendentes entendieron que esto es un riesgo para la salud pública y tomaron medidas, como en Río Cuarto, que están trabajando en una diferenciación en los supermercados para la carne extranjera congelada y la producida acá. Hay una lucha cuerpo a cuerpo que está teniendo efectos”.
Pablo Correa. Redacción Puntal Villa María.