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Covid-19 e inteligencia artificial, dos factores del nuevo orden: el Estado de Bienestar del siglo XXI

Mientras terminamos de erradicar en nuestra sociedad al Covid-19, debemos saber que hubo un antes y un después en la política. (Por Gustavo Rossi, presidente del Partido Laborista)

Cuando un país ingresa en una crisis generalizada como la pandemia del coronavirus, las primeras medidas deben apuntar a contener a los sectores más vulnerables de la sociedad. Es necesario para ello acallar el Ministerio de Economía y escuchar con más atención a los de Salud y Desarrollo Social. Toda medida debe estar despojadas de cualquier cuantificación de costos… y simplemente actuar, hay un bien mucho más preciado que cualquier variable económica: la vida de la población.

Si analizamos el contexto, es muy claro que entramos en una situación de guerra de características globales; ni la primera ni mucho menos la segunda guerra mundial tuvieron como teatro de operaciones a la totalidad del planeta; este enemigo invisible, sí, nos ataca por todos los frentes posibles con una letalidad que se está llevando a nuestros adultos mayores y personas con enfermedades prexistentes en forma estrepitosa.

Cuando el gobierno nacional tuvo que optar en “la sala de guerra” entre salud y economía, apostó como política de Estado a preservar la vida. Hoy nos toca evaluar a todos quienes asumimos un compromiso dirigencial plantear alternativas lógicas del cómo seguir. El Partido Laborista pretende responsablemente aportar ideas que permitan encontrar el camino por donde está la salida a la otra crisis, la financiera, la que nos llevara como país más tiempo en terapia intensiva y con respirador las 24 horas.

Mientras terminamos de erradicar en nuestra sociedad al Covid-19, debemos saber que hubo un antes y un después en la política. La pandemia puso en crisis también el statu quo en que nos veníamos manejando. Un nuevo orden deberá traer la consolidación de un Estado de Bienestar aggiornado al siglo XXI, en el cual la equidad sea la norma que marque todas las acciones sociales.

Ya los gobiernos deberán actuar como administradores de los fondos públicos y no como confiscadores de fondos privados. La excesiva carga impositiva a las pymes (56 por ciento) y a trabajadores asalariados (Ganancias, impuesto al trabajo), hacen inviable cualquier esquema de crecimiento sostenido como sociedad.

Las altas tasas sacan fuera del sistema a la gran mayoría de las pymes (créditos para la producción inaccesibles) y a un número mayor de trabajadores (créditos para viviendas inexistentes). Modificar este esquema bancario elitista y obligar desde el Congreso al Gobierno a levantar la presión impositiva a estándares de una lógica de justicia social, será una de las acciones a militar como laborismo. Así estaríamos ayudando por lo menos a calificar a estos sectores para la obtención de préstamos bancarios. Nunca se le pidió a la banca privada que actuara con políticas sociales, pero ¿cómo resulta posible que en otros países frente a créditos para viviendas o para la producción evalúen ellos mismos la factibilidad de precio-costo y adjudiquen a 30 años el préstamo, o meritúen la inversión y la proyección ganancial de la producción presunta y otorguen el crédito con plazo y tasa lógica y no usuraria? ¿Por qué este procedimiento lo puede realizar la misma banca privada en otros lugares del mundo y aquí no?

El Gobierno deberá salir como en toda crisis con un programa de asistencia económica y social para poner de pie nuevamente al país. La historia nos debe servir para tomar las experiencias de cómo fueron sorteadas las crisis: el “New Deal” para salir de la Depresión del 29, o el Plan Marshall en la Europa de la posguerra.

Mientras terminamos de erradicar en nuestra sociedad al Covid-19, debemos saber que hubo un antes y un después en la política. La pandemia puso en crisis también el statu quo en que nos veníamos manejando. Un nuevo orden deberá traer la consolidación de un Estado de Bienestar aggiornado al siglo XXI, en el cual la equidad sea la norma que marque todas las acciones sociales.

En nuestra Córdoba, sindicatos y empresarios del sector privado peticionaron en un trabajo conjunto por el rescate económico de las empresas. La consigna fue “Salvar las fuentes de trabajo”. Entendieron los buenos dirigentes de ambos sectores que no había espacio para la mezquindad y que los especuladores quedarían legalmente fuera del sistema al finalizar todo esto.

Cuando la cuarentena nos encerró en nuestras casas, la sociedad estaba comenzando a cambiar con la llegada de la inteligencia artificial, al final de la pandemia se habrá terminado de acentuar el cambio. Los valores, el mayor uso de la tecnología, los nuevos esquemas de trabajo home office, el ocio creativo del encierro, el sentido de sociedad, los objetivos de vida… nada será lo mismo. Y la política deberá estar preparada para transitar por este esquema de “Estado de Bienestar”, que deberá garantizar un nuevo sentido de equidad, un nuevo sentido de Justicia Social.

Mientras nos preparamos para el pico del coronavirus, sigamos diagramando políticas frente a la pandemia económica que hoy nos tiene en la puerta de la terapia intensiva. Pero mañana, la vida continuará y será otro amanecer… pero también otra sociedad. “Dios salve a la Argentina”.