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Gastón Zárate: "El vocero y los policías armaron todo para meterme preso

Contó que los policías cordobeses Sosa y Orozco presionaban a los operarios para que se hicieran cargo del crimen. "Terminaron apretando a Curiotti y él me acusó a mí", señaló. También dijo que fue testigo de una acalorada discusión entre Macarrón y su esposa

A los 28 años, Gastón Zárate fue llevado por única vez en su vida a la cárcel.

Eran los primeros días de febrero de 2007. Las horas previas Zárate las había pasado en un escondite hasta que decidió entregarse a la Justicia, seguro de su inocencia.

Pero en los Tribunales no le dieron opción. Lo alojaron de inmediato en una celda del Pabellón número 2.

Alguien ahí adentro le comentó que podía llegar a pasar entre ocho meses y dos años encerrado hasta que su caso se aclarara en un juicio. Para sobrellevar la angustia, Zárate tomó ansiolíticos sin sospechar que su estadía en la cárcel se limitaría a unas pocas horas.

Fuera de los muros de la Avenida Sabattini al 2700, en el centro de la ciudad, una ruidosa multitud se congregaba en las calles de Río Cuarto para exigir su liberación.

La enardecida pueblada empezó a replicarse en vivo en las pantallas de todo el país. Dentro de la cárcel también se vio a través de los televisores que algunos presos tienen en sus celdas.

Esa es la imagen que retiene Gastón Zárate hoy, a los 42 años y a la vuelta de su vía crucis judicial.

El “perejilazo”no sólo tuvo imagen, también tuvo sonido para él. Recordó que el resto de los presos hacía tronar las rejas para sumarse al reclamo. Pero él adormecido por la medicación apenas entendía de qué iba todo el bullicio.

Unas horas después, un guardiacárcel le pidió que recogiera sus cosas porque se volvía a su casa.

“Yo no había llevado nada, así que no tenía ninguna cosa para guardar”, agregó.

Con algunos kilos más que aquella versión que apareció en todos los medios del país y con el rostro endurecido, el “Perejil” como lo bautizaron de una vez y para siempre, declaró ayer en el juicio por el crimen de Nora Dalmasso.

Esta vez lo hizo como testigo no como imputado y responsabilizó a Daniel Lacase, el vocero de Marcelo Macarrón, de haber sido el que pergeñó la acusación que terminó con su detención.

“El vocero de él -dijo apuntando con la mirada al viudo- y los policías Rafael Sosa y Orozco fueron los que armaron todo para meterme preso a mí y así dejar tapado lo que pasó”, sentenció frente a los jueces técnicos Vaudagna, García y Echenique Esteve, y a los jurados populares.

Contó que los días previos a la detención, Sosa y Orozco lo asediaban en su casa con la urgencia de que alguno de los operarios se hiciera cargo del crimen.

-“Uno de ustedes va a tener que ir preso”, me decían los policías. Y terminaron apretando a Carlitos Curiotti, un muchacho con problemas que era muy amigo mío, hasta que Curiotti terminó acusándome a mí -relató el testigo.

En relación a Lacase, dijo que estaba al tanto de las visitas que los policías le hacían a su domicilio, porque los uniformados “dejaban abierto el celular y del otro lado de la línea escuchaba Lacase”.

También señaló al vocero de Macarrón como el idéologo del plan para desviar la investigación, y el encargado de colocar una escalera nueva en la escena del crimen para inculpar al pintor. “La escalera con la que trabajábamos no estaba porque la habían llevado ese viernes, pero Lacase se encargó de comprar una parecida para armar todo”, dijo primero en la sala y, luego, frente a un nutrido grupo de periodistas.

En la improvisada conferencia de prensa el testigo agregó un dato que no dijo en su declaración formal. Contó que, días antes del crimen, vio a Miguel Rohrer en una visita que le hizo a la dueña de casa. “Estaban tomando café, en un momento que Macarrón no se encontraba”, deslizó.

Uno de los tramos que más incomodó a Macarrón fue cuando Zárate recreó una fuerte discusión que se habría producido entre la pareja, pocos días antes de que él viajara a Punta del Este. Dijo que mientras descansaba en la planta superior oyó cómo Nora Dalmasso increpaba a su esposo y él le respondía que lo tenía cansado y que pronto se acabaría todo.

Esas palabras motivaron una nueva intervención del acusado: con la de ayer, es la cuarta vez que sale a desmentir a un testigo.

Alejandro Fara