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Nora nunca se defendió y la habrían abusado mientras la ahorcaban

Durante horas se leyó la acusación contra Macarrón. Sostiene que el viudo contrató a un sicario para que mate a su esposa y "sexualice" la escena para simular una relación consentida. Lo describe como un "nuevo rico" que nunca aceptaría una división de bienes

La orden habría sido eliminar a la dueña de casa mientras descansaba en el coqueto chalet de la Villa Golf, y sexualizar la escena. Dejar a la vista un frasco de vaselina, y las piernas de la mujer en posición de rana. No forzar la entrada ni llevarse el reloj Rolex o los siete anillos de oro que estaban al alcance de cualquiera que entrara a robar en la vivienda de la Calle 5 número 627.

¿Quién ejecutó esa orden? Eso es (y acaso será) un completo enigma, pero la persona que habría planificado el crimen y a cambio habría prometido dinero, para el fiscal de instrucción Luis Pizarro, tiene nombre y apellido: Marcelo Macarrón.

Por eso, más de 15 años después, al traumatólogo riocuartense de 62 años empezó a rendir cuentas ante el tribunal de la Cámara Primera del Crimen integrado por los jueces Daniel Vaudagna, Natacha García y Gustavo Echenique Esteve, y 24 jurados populares.

Después de tantas dilaciones, de policías y curiosos que contaminaron la escena del crimen, de investigadores que llegaban para embarrar más que para aclarar la pesquisa, arribaba por fin la hora de la justicia.

“Mamarracho”

Cuando el sol despuntaba, empezaron a desembarcar los móviles de prensa que llegaron desde Buenos Aires y de Córdoba Capital. A la hora señalada, las diez de la mañana del lunes, la explanada de ingreso de Tribunales era un hervidero de cámaras, micrófonos, y rumores: ¿viene solo?, ¿entra por el presoducto (el túnel por el que ingresan quienes llegan de la cárcel)?, ¿lo traen por la playa de estacionamiento?

Nada de eso.

Macarrón llegó en un vehículo que lo dejó por calle Balcarce en la entrada principal de Tribunales. Estaba acompañado de sus hijos Valentina y Facundo.

Alcanzaron a hacer unos pocos pasos hacia el ingreso cuando una nube de reporteros los rodeó. Entonces, se produjo la segunda sorpresa: en lugar del mutismo que mantuvo todos estos años, el acusado empezó a contestar preguntas en medio del scrum que apenas le permitía avanzar.

Eran respuestas breves pero cargadas de grueso calibre. “Pizarro es un mamarracho como fiscal, discúlpeme”, lanzó cuando le preguntaron por el funcionario que le imputó los delitos de homicidio calificado por el vínculo, por alevosía y por promesa de pago.

También dijo que iba a declarar frente a los jueces pero no en la primera jornada sino hoy. Así, aplazó 24 horas las expectativas por escuchar su versión de los hechos.

Algo le sonsacaron los cronistas.

-¿Sospecha de alguien?

-No, no sospecho de nadie.

Quien se explayó un poco más fue su hijo. Recién llegado de su destino diplomático en Bélgica, Facundo Macarrón acusó a Pizarro de haber dejado impune el crimen de su madre.

Por la tarde, junto a su hermana Valentina participaron de una reducida manifestación de personas que llegó a las puertas del polo juidicial para expresar su apoyo al traumatólogo.

Excesivo celo

La tensión y el nerviosismo también se trasladó a la sala de juzgamiento. Apenas ingresaron los periodistas que debieron resignar grabadores, máquinas de fotos y celulares como condición obligada para poder entrar, se generó una situación embarazosa cuando desde el tribunal se exigió a los cronistas que dejaran sus celulares en un recipiente de cartón y bajo custodia.

A esa altura ya todos habían apagado y guardado sus aparatos de telefonía.

Pero eso no bastó.

El excesivo celo del presidente del tribunal Daniel Vaudagna colocó a la prensa en la disyuntiva de acatar la escrupulosa orden o retirarse de la sala.

Cuando se le preguntó al juez a qué se debía el trato diferencial de este caso en relación con otros juicios de la misma naturaleza, el funcionario se limitó a invocar que se trataba de una condición fijada por el Tribunal Superior.

Entre el juramento que se tomó a los ciudadanos que cumplen el rol de jueces y la lectura de la acusación, no quedó tiempo para ningún otro acto procesal.

En esta oportunidad, el tribunal decidió que no sólo se leería en voz alta el hecho acusatorio -apenas dos páginas- sino la totalidad de la prueba recogida por el fiscal de instrución Pizarro.

Eran decenas y decenas de páginas.

Así, transcurrió la mañana y buena parte de la tarde del lunes con la minuciosa lectura que era retransmitida en las salas de prensa.

Tantos eran los folios de declaraciones y pericias que dos secretarias debieron alternarse para cumplir con la tarea.

“Nuevo rico”

Sin prueba directa, el fiscal basó toda la acusación en indicios que calificó de “unívocos”, es decir, que enlazados unos a otros como en un rompecabezas conducirían a Marcelo Macarrón como responsable de un crimen por encargo.

Para llegar a la conclusión de que fue el viudo quien orquestó la violenta muerte de su esposa de 52 años, Pizarro hizo el siguiente itinerario.

n Describió un matrimonio disfuncional donde las discusiones por dinero eran frecuentes. A eso se sumarían las infidelidades mutuas y testimonios de allegados que referían a una posible separación.

n Trazó un panorama financiero inusual con un crecimiento patrimonial exponencial en los últimos años, previos al crimen. Como muestra, recordó que en 1992 la empresa financiera Dinners colocó al traumatólogo en una lista de deudores incobrables, y años después apareció como propietario de valiosos inmuebles cuya adquisición no guardaba relación con los ingresos de un médico.

n Describió la personalidad de Macarrón como avaro y pijotero. Para eso se valió de las palabras que usó Alicia Cid, una exempleada judicial con la que el viudo habría mantenido una larga relación extramatrimonial. Así lo calificó Cid, como un “gringo pijotero”. En su testimonio recordó que nunca le hizo un obsequio y en una ocasión en la que acudió en busca de su ayuda porque se encontraba en serios aprietos económicos, recibió una irrisoria suma con la que apenas se podía comprar un café.

n De la escena del crimen el fiscal de instrucción dijo que fue preparada cuidadosamente para que apareciera como un episodio de infidelidad y de sexo consentido que derivó en el ahorcamiento con el lazo de la bata. Sin embargo, su conclusión fue que Nora fue sorprendida mientras descansaba la mañana del 25 de noviembre de 2006. Dijo que nunca pudo ejercer la mínima defensa y que, lejos de haber consentido una relación sexual, era abusada mientras la ahorcaban.

En la farragosa lectura de la acusación hubo otro episodio relatado por la presunta amante del viudo que no pasó desapercibido. La mujer dijo que pocos días después de la muerte de Nora, mantuvieron un encuentro íntimo y, en esa ocasión notó que Macarrón se encontraba apesadumbrado por la condición sexual de su hijo. “Estaba más preocupado por eso que por la muerte de su mujer, evocó.

Ni siquiera esa frase consiguió inmutar a Macarrón. Vestido con un traje azul y camisa al tono, permaneció calmo y en silencio.

Hoy tendrá ocasión de hablar. Adelantó que lo hará y lo más probable es que no se limite a negar su responsabilidad.

Será después de que el fiscal Julio Rivero y el abogado defensor Marcelo Brito hablen por primera vez frente al jurado popular y les expliquen su función y, además, qué es lo que buscan determinar en una audiencia que ayer empezó un largo recorrido.

Alejandro Fara.