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Con más demandas, comedores sienten el aumento de la pobreza

En todo el país, el porcentaje de ciudadanos en esa condición alcanza el 35,4%. Referentes barriales de la ciudad aseguran que no sólo hay pedidos de alimentos, sino también de ropa, calzados, medicamentos y útiles escolares

Los datos de pobreza difundidos por el Indec son más que elocuentes. En el primer semestre de 2019 llegó a 35,4% de las personas, el 25,4% de los hogares de la Argentina. La indigencia, en tanto, trepó al 7,7%.

Villa María no es ajena a la realidad nacional. El impacto de la crisis y el incremento de la pobreza se siente con fuerza en los comedores comunitarios. La demanda va en aumento y no sólo en alimentos, sino también en calzados, vestimenta y medicamentos. 

Así lo señalan tres referentes barriales consultados por este diario. Juan López, presidente de la asociación civil “Protegidos por María” de barrio San Martín; Liliana Costabello, responsable de la copa de leche “Un rayito de esperanza” de Las Playas; y Marisa Sánchez, encargada del comedor “Caritas Felices” de La Calera.

Los tres coinciden en que la demanda aumentó en los últimos años. La crisis profundizó esta     realidad. López contó que asisten cada mes a 500 chicos. A cada uno les otorgan dos kilos de leche y dos de harina, aunque en el último mes “se agregaron otros 40”, lamentó.

Un Rayito de Esperanza pasó de un número “estable” de 35 a 50 en el último tiempo; y Caritas Felices  superó el centenar de niños que cenan en el lugar. Incluso todos remarcan que personas mayores se acercan para pedir ayudar. “Hay dos parejas que van todas las noches”, comentó Sánchez.

Del mismo modo, López señaló que de manera permanente “tocan la puerta para pedir azúcar, yerba o leche”. Mientras que Costabello indicó que la demanda supera lo alimenticio. “Implica calzados, ropa, útiles y hasta fotocopias”.

“La pobreza excluye, y más se profundiza y más se excluye, pero no sólo de alimentos, sino también de acceso a los bienes culturales. El hambre no es sólo falta de comida, sino también no leer, no escuchar música, no tener libros. Se pierde la ciudadanía infantil”, recalcó.

Otros aspectos

Sánchez, en tanto, marcó dos aspectos de la actual coyuntura. Por un lado, el alimento. “Ahora vienen los domingos por la mañana a pedir un paquete de fideos, cosa que antes no sucedía. En el comedor por suerte no nos falta comida, pero la ayuda no es la misma que en otros momentos propio de la situación económica”.

Por otro lado, el aumento de la violencia contra los menores. “La verdad que me preocupa muchísimo, voy a tocar todas las puertas para que me escuchen. Duele mucho ver lo que pasa en muchos hogares y que nadie haga nada”, relató.

López, por su parte, mencionó otra problemática que afecta a sectores vulnerables, como la adicción al juego. “Muchos pierden todo en el tragamonedas”, advirtió. 

Sin embargo, también hay experiencias que permiten afrontar esta realidad. Al menos, un paliativo para decenas de familias. Costabello contó que a partir de una huerta comunitaria, que los chicos cuidan todos los días, “les ayuda para que sus familias tengan para cocinar a la noche”. 

El Estado local también colabora con varios merenderos para enfrentar esta demanda. En el mes de mayo, el intendente Martín Gill suscribió un convenio con comedores comunitarios agrupados bajo la denominación Unidad de Organizaciones (UO), conformada por siete entidades, para proveerlos regularmente de alimentos para su acción diaria.



Martín Alanis.  Redacción Puntal

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