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“La gran apuesta de esta SADE ha sido por los escritores jóvenes”

Presidenta de la filial Villa María, Mónica Fornero presenta el sábado su primer libro, “Historias demoradas”. Habló de su gestión a cargo de una institución cincuentenaria
 
Un viaje en el tren o un viaje a Marte, la infancia en Carrilobo o la historia de un reloj de pared, una carta o un espejo, son motivos literarios de la vida vivida pero también de la vida imaginada por Mónica Fornero. Y su conjunto conforma estas “Historias demoradas” (Ediciones Pirca) su primer libro en solitario que se presenta el sábado a las 19.30 en el bar Taurus, de Vélez Sársfield al 1170.

Pero así como la vida inspira libros, los libros sirven para volver a la vida. Y la primera pregunta que le hago a Mónica es por qué esperó tanto para su ópera prima, siendo que hace tres años es directora de la SADE.

“Porque yo nunca fui de mostrar lo que produzco. Siempre tuve cierto pudor en publicar y soy de perfil muy bajo. Sin embargo, a los cuentos de este libro los vengo escribiendo desde hace diez años. Y llegó un día en que vi que tenía algo que me cerraba; un concepto que se volvió un libro. Y entonces decidí publicarlo”.

-¿Cuánto hay de real y cuánto de imaginado en tus cuentos?

-Un poco y un poco. En el preliminar del libro escribí “hay cuentos basados en hechos reales, algunos son fáciles de descubrir y otros prefiero que queden así, velados”.

-¿Cómo empezás con la literatura?

-Yo pasé la niñez en el campo en Carrilobo. Pero mi papá (Alcides Fornero, escritor también) era muy lector. Y entonces en los tiempos de la primaria me nutría de su biblioteca. Ahí leí la colección Billiken entera, sobre todo de libros de aventuras. También La Biblia, Doctor Shivago y los libritos de western que leía mi padre y que marcaron a una generación y también me marcaron a mí (risas).

-¿Y la escritura?

-Empezó en la adolescencia, con poemas para un amor imposible que por suerte nunca los leyó (risas). Luego, de a poco, la escritura se fue volviendo mi confesora cuando estaba mal. Y cuando hace más de veinte años lo asesinaron a mi esposo para robarle, empecé a establecer una relación más estrecha con la escritura y con el dolor. Digamos que ese hecho marcó mi vida entera pero también mi escritura...

-¿La escritura fue tu catarsis, tu duelo, tu coraza? 

-Todo junto. Pero luego, con el tiempo también se fue abriendo a otros sentimientos como la felicidad; que al principio no estaban contemplados. Poco a poco me fui alejando de la poesía y escribiendo más narrativa. Y me di cuenta que escribir un cuento tiene mucho más de trabajo que de inspiración. Por eso le puse tantos años a estos relatos. Y por cierto que por eso el libro se llama “Historias demoradas”...

-Estos cuentos son tu primer libro. Sin embargo, ya habías publicado otro en coautoría ¿no?

-Sí, se llamó “De poetas y de locas” y lo hicimos en 2014 con Mary Amaya, una señora con la que estuvimos juntas en la comisión “Verdad y Justicia” sobre crímenes impunes en Villa María. Ella falleció hace unos años. En rigor, estos cuentos son mi ópera prima. 

Por la renovación

-Hace un año que sos presidenta de la SADE ¿Cómo llegás a la institución?


-Por Eduardo Belloccio, que hace diez años me invitó a participar, porque él sabía que yo escribía y además lo conocía a mi papá, que había hecho talleres con Dolly Pagani.

-¿Y cómo definirías tu gestión?

-La gran apuesta de esta SADE ha sido en favor de los escritores jóvenes; por una renovación del staff. Hay mucha gente grande en esta institución y eso está muy bien. Pero me parecía que no estaba preparando su legado de cara al futuro, para los que vienen. Por eso lo primero que hice fue convocar lectura de escritores jóvenes. Hoy tenemos un secretario de 28 años, Gastón Baldi; y a Gonzalo Padilla que con 17 años tiene dos libros publicados y hace un programa de radio en la Medioteca con otra socia de SADE jovencísima, Julieta Pérez.

- ¿Y cómo lo tomaron los socios?

-Algunos me apoyaron muchísimo y otros miembros de mucha antigüedad se fueron de mal modo. Pensaron que invitar gente joven era negarles el reconocimiento que ellos creen que merecen. Y no fue para quitarles protagonismo a ellos sino como te decía antes, sólo una manera de pensar en el futuro. Pero cada uno lo puede tomar como quiera. 

-¿Cómo?

-A mí me suelen tachar de improlija y tienen razón. Debe ser porque planifico poco y no tengo  protocolo. A lo mejor eso molesta. Pero también es cierto que ese estilo acercó a otros; a muchos de mis compañeros de Comunicación en la Universidad, que empezaron a venir a las lecturas. Y también a muchos chicos que escriben y que se van sumando. Me gustaría que todos entiendan que la SADE no es solo un lugar para “viejos” como nosotros (risas) sino para todo el mundo. Y sobre todo, para que los más jóvenes hagan propuestas y tengan una participación activa.

-De hecho la tienen en el programa de radio, ¿no?

-Totalmente. Y además de participación tienen independencia. Porque yo jamás les dije a quiénes tienen que entrevistar. ¡De hecho a mí no me invitaron nunca! (risas). Sólo les pido que en el programa digan que son miembros jóvenes de SADE, porque es cierto. Y también que de vez en cuando se acuerden de los miembros añejos de la institución porque muchos necesitan y merecen reconocimiento. Más allá de que algunos se hayan enojado y se hayan ido...



Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

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