El pasado jueves a las 19.30, el doctor Lasa daba inicio a la presentación de su último libro “Qué es el peronismo -Una mirada transpolítica” en la sede de AMMA. A la misma hora en el espacio INCAA tenía lugar la segunda proyección de “Mochila de plomo”, del realizador local Darío Mascambroni.
Y llama la atención (o quizás, ya no tanto) que dos producciones locales de tan alto nivel hayan salido al ruedo la misma noche. Como si fuera natural que Villa María produjera ensayos filosóficos de interés internacional (una editorial italiana está interesada en el libro de Lasa) y películas para la competencia del Festival Internacional de Cine de Berlín (hacia allí fue “Mochila...”) y, por si esto fuera poco, se presentaran al unísono.
La otra cosa por demás llamativa es que, desde dos salas tan lujosas de la ciudad, se abordaran cuestiones que, cinematográfica o filosóficamente, tienen que ver con las clases menos favorecidas. Ya sean los chicos marginales de Villa Nueva (donde transcurre el film), como “los mandamientos filosóficos” para los “descamisados”; aquellos que sin leer a Giovanni Gentile adoraron a Perón hasta el paroxismo. Y este último dato, lejos de ser un desfasaje, es una constatación preciosa. La que viene a decirnos que la famosa “inclusión”, al menos en Villa María se practica con todas las letras.
Un día en la vida de Tomás
Con una gran sensibilidad para narrar “historias mínimas” y un ojo exquisito para llevarlo a la imagen, Darío Mascambroni logra, en “Mochila de plomo”, una primera media hora de película fantástica. Allí, Tomás (Facundo Underwood) un chico de doce años que asiste a la escuela del Trabajo, se queda libre por acumulación de faltas. La noche anterior vivió dos momentos traumáticos; vio a su madre salir de casa con un nuevo novio y, pocos minutos después, un amigo le trajo una pistola para que guarde. Es la que hay que devolverle, al otro día, a un conocido del barrio que sale de la cárcel. Se trata del hombre que, en circunstancias no muy claras, años atrás matara a su padre. Pero Tomás no guardará la pistola en la casa sino que la llevará durante todo el día en su mochila, incluso a la escuela, de la cual tendrá que volverse. Y así, deambulará por la calle, el río, la casa de su abuelo, la noche intempestiva del barrio. Y esa “bajada al Hades” será retratada en un tono que nada tiene para envidiarle al realismo simbólico de los directores iraníes. La película se vio por primera vez en la ciudad, por cuadruplicado; a las 17, 19, 21.30 y 21. A la última función asistió su director; Darío Mascambroni, que también se hizo presente en la proyección de ayer.
Con dos películas en su haber y una preocupación marcada por la relación padre-hijo, Mascambroni es una de las grandes promesas del nuevo cine argentino.
Fascismo “in salsa argentina”
Tal es el título con que el suplemento cultural italiano “Il sole 24 ore” tituló, hace dos semanas, el profuso comentario al libro de Carlos Daniel Lasa; el mismo que socializó el jueves en el “foyer” de AMMA (sede del SEA, en Lisandro de la Torre 76) ante unas 80 personas. Contrariamente a lo que pueda pensarse, la filosofía puede convocar pequeñas multitudes. Sobre todo cuando está escrita con la seriedad y compromiso de Lasa y, más aún, cuando el foco está puesto en un fenómeno tan controvertido como el “Peronismo”.
En su libro, Lasa sostiene la siguiente tesis: que el movimiento dirigido por Perón en el ‘46 generó “un nuevo tipo antropológico; el argentino”. Y que hoy, todos los demás partidos políticos al igual que los hombres de este país, están “configurados” por “la lógica peronista”. Pero ¿qué es ser “peronista” para Lasa? Nada más y nada menos que ser la consecuencia “in salsa criolla” del “actualismo” propuesto por Giovanni Gentile; el filósofo italiano que al leer a Marx a la luz de la cultura italiana, dio a luz la filosofía del Fascismo, esa en la cual se basó Benito Mussolini para dirigir los destinos de Italia durante dos décadas. Según Lasa, “al igual que el actualismo, el peronismo no reconoce categorías absolutas, ni dioses ni religión alguna. Sólo su voluntad de mantenerse en el poder. Y a única verdad es que, en un mundo puramente histórico, todo cambia. Y el líder es el único capaz de sintonizar esa razón histórica y prever el futuro. Luego, el líder se hace parecido a un Dios, identificándose con los destinos del pueblo. Y todo aquel que esté en contra del líder, está contra el pueblo”. La tesis de Lasa ha merecido el interés de una editorial italiana que quiere publicar el libro en el país de Mussolini, ese que fuera tan caro a Perón.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María
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La otra cosa por demás llamativa es que, desde dos salas tan lujosas de la ciudad, se abordaran cuestiones que, cinematográfica o filosóficamente, tienen que ver con las clases menos favorecidas. Ya sean los chicos marginales de Villa Nueva (donde transcurre el film), como “los mandamientos filosóficos” para los “descamisados”; aquellos que sin leer a Giovanni Gentile adoraron a Perón hasta el paroxismo. Y este último dato, lejos de ser un desfasaje, es una constatación preciosa. La que viene a decirnos que la famosa “inclusión”, al menos en Villa María se practica con todas las letras.
Un día en la vida de Tomás
Con una gran sensibilidad para narrar “historias mínimas” y un ojo exquisito para llevarlo a la imagen, Darío Mascambroni logra, en “Mochila de plomo”, una primera media hora de película fantástica. Allí, Tomás (Facundo Underwood) un chico de doce años que asiste a la escuela del Trabajo, se queda libre por acumulación de faltas. La noche anterior vivió dos momentos traumáticos; vio a su madre salir de casa con un nuevo novio y, pocos minutos después, un amigo le trajo una pistola para que guarde. Es la que hay que devolverle, al otro día, a un conocido del barrio que sale de la cárcel. Se trata del hombre que, en circunstancias no muy claras, años atrás matara a su padre. Pero Tomás no guardará la pistola en la casa sino que la llevará durante todo el día en su mochila, incluso a la escuela, de la cual tendrá que volverse. Y así, deambulará por la calle, el río, la casa de su abuelo, la noche intempestiva del barrio. Y esa “bajada al Hades” será retratada en un tono que nada tiene para envidiarle al realismo simbólico de los directores iraníes. La película se vio por primera vez en la ciudad, por cuadruplicado; a las 17, 19, 21.30 y 21. A la última función asistió su director; Darío Mascambroni, que también se hizo presente en la proyección de ayer.
Con dos películas en su haber y una preocupación marcada por la relación padre-hijo, Mascambroni es una de las grandes promesas del nuevo cine argentino.
Fascismo “in salsa argentina”
Tal es el título con que el suplemento cultural italiano “Il sole 24 ore” tituló, hace dos semanas, el profuso comentario al libro de Carlos Daniel Lasa; el mismo que socializó el jueves en el “foyer” de AMMA (sede del SEA, en Lisandro de la Torre 76) ante unas 80 personas. Contrariamente a lo que pueda pensarse, la filosofía puede convocar pequeñas multitudes. Sobre todo cuando está escrita con la seriedad y compromiso de Lasa y, más aún, cuando el foco está puesto en un fenómeno tan controvertido como el “Peronismo”.
En su libro, Lasa sostiene la siguiente tesis: que el movimiento dirigido por Perón en el ‘46 generó “un nuevo tipo antropológico; el argentino”. Y que hoy, todos los demás partidos políticos al igual que los hombres de este país, están “configurados” por “la lógica peronista”. Pero ¿qué es ser “peronista” para Lasa? Nada más y nada menos que ser la consecuencia “in salsa criolla” del “actualismo” propuesto por Giovanni Gentile; el filósofo italiano que al leer a Marx a la luz de la cultura italiana, dio a luz la filosofía del Fascismo, esa en la cual se basó Benito Mussolini para dirigir los destinos de Italia durante dos décadas. Según Lasa, “al igual que el actualismo, el peronismo no reconoce categorías absolutas, ni dioses ni religión alguna. Sólo su voluntad de mantenerse en el poder. Y a única verdad es que, en un mundo puramente histórico, todo cambia. Y el líder es el único capaz de sintonizar esa razón histórica y prever el futuro. Luego, el líder se hace parecido a un Dios, identificándose con los destinos del pueblo. Y todo aquel que esté en contra del líder, está contra el pueblo”. La tesis de Lasa ha merecido el interés de una editorial italiana que quiere publicar el libro en el país de Mussolini, ese que fuera tan caro a Perón.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María


