Villa María | Cultura

“Villa María tiene todo para ser una ciudad referente en museos”

Hace siete meses que Paulo Petricorena fundó el Museo del Coleccionista, el último que se abrió en la ciudad. Combinando la arqueología con la filatelia y las atracciones populares, reabre el miércoles en Independencia 127
 
Las vitrinas de Paulo concentran lo recopilado por él mismo durante más de 20 años de coleccionismo arqueológico: una buena porción de la cultura aborigen argentina resumida en puntas de flechas, boleadoras, lanzas y cuchillos de piedra araucanos. Todas escrupulosamente ordenadas, clasificadas y magníficamente exhibidas. 

Y es que “desde que decidimos con mi mujer la creación del museo, tuvimos la idea de hacerlo dinámico. Por eso investigamos y vimos por internet los más modernos del mundo”. 

Y agregó: “No queríamos que este fuera un sitio anquilosado sino un lugar al que te den ganas de volver. Y por eso, además de la parte clásica consagrada a la arqueología, pusimos la parte moderna con todo tipo de coleccionismos. Desde monedas, medallas y estampillas hasta revistas y estribos, botellas y herraduras, cámaras de fotos y mates, cajas de fósforos y libros, figuritas y juguetes. Este es un lugar no sólo para grandes sino también para chicos”.

Humano y moderno 

-Llegaste a la ciudad hace tres años. ¿En cuánto tiempo armaste el museo?


-Precisamente fuimos juntando con mi mujer todas esas cosas que te digo durante todo ese tiempo.  Hasta que por fin pudimos inaugurar el 5 de mayo pasado acá en calle Salta. La idea era combinar el museo con la compraventa y el paseo cultural. 

-¿Recibiste algún tipo de ayuda oficial?

-No. Todo lo que ves fue hecho a pulmón y poniendo de nuestro bolsillo. Diseñamos los estantes y los fabricamos. Yo salgo a comprar material por todos lados. 

-¿Es caro mantener un museo?

-Sí, es una apuesta a lo grande; y de hecho ya me fundí dos veces. Pero nadie me saca de la cabeza la idea de tener museo propio en mi casa. Y menos todavía la idea de hacerlo crecer. 

-Comprás y vendés pero también canjeás. Eso es inédito en un museo, ¿no?

-Sí. Pero la parte clásica no se toca. Las piezas arqueológicas son parte de la colección permanente. Lo curioso es que junté unas 200 piezas de los aborígenes durante veinte años y acá en Villa María en apenas seis meses me regalaron 40. Por eso están en esa vitrina, con el nombre de cada donante. Acá compramos, vendemos y canjeamos y también vamos a buscar a casas que tienen cosas para tirar. La compra venta tiene esa función social, de ser una intermediaria entre las cosas que la gente está por tirar y lo que buscan los coleccionistas. 

-Llama la atención los precios accesibles que manejás.

-Es que nunca me interesó ganarle demasiado a las cosas. Lo que a mí me interesa es que el cliente vuelva, que se enganche con una colección y sienta que la puede hacer crecer. Hace poco, en una feria de Bell Ville un chico me compró un clasificador con estampillas a cien pesos. Cuando se iba le pregunté: “¿Coleccionás estampillas?”. Y él, mostrándome el clasificador, me dijo: “No, pero acabo de empezar”. Fue una de las cosas más lindas que me pasaron.

Villa María, una ciudad que no tiene techo

-¿Cómo está el coleccionismo en la ciudad?


-Te podría decir que goza de muy buena salud y que hay mucha más gente de la que uno piensa. Sólo que muchos se han volcado a colecciones no tradicionales. Algunos vienen a ver el museo y cuando pasan a la compraventa se dan cuenta que les encantan las botellas viejas, que tienen 20 en la casa y acá consiguen un par más. Hay muchos que juntan cajas de fósforos o sobrecitos de azúcar. Otros quieren herraduras para decorar el quincho. 

-Sin embargo, durante un tiempo hubo un bajón de la filatelia y la numismática.

-Sí. Hubo mucha gente que dejó de coleccionar en la ciudad, precisamente, porque no tenía a dónde comprar. Cuando te entusiasmaste con billetes y monedas y ves que la colección se te estanca, se terminó el coleccionismo. Pero habiendo un lugar donde la gente se junta y ves novedades, eso te cambia todo. Ahora está internet, que es muy importante. Pero más importante es el contacto humano y poder intercambiar no sólo colecciones sino charlas, opiniones, experiencia humana.

-Sos un asidio concurrente al Centro Filatélico.

-Sí. Y allá veo chicos que han empezado con la Filatelia o la Numismática también; generalmente, guiados por sus padres o por algún mayor. Es difícil que te guste la pesca si nunca te llevaron a pescar. Y en el coleccionismo siempre tiene que haber alguien que te guíe.

-¿Y cómo ves los museos de la ciudad?

-Siempre pensé que Villa María tiene todo para ser una ciudad referente en museos. Y mucho tiene que ver su situación geográfica, la de ser el centro del país. Hoy acá hay nueve pero tendría que haber veinte o treinta. Si los abrieran con el concepto adecuado, estoy seguro que todos se llenarían. 

-¿De villamarienses?

-No sólo de villamarienses. Es muchísima la gente que pasa por acá. Desde el que viene por trabajo o por salud al hombre que acompaña a su esposa a ver un pariente. Para toda esa gente falta más oferta museística y cultural. Había una ciudad en Europa por la que no pasaba nadie hasta que desde el municipio decidieron convertirla en “ciudad de la museología”. Y ahora todos los autos se desvían hasta allá. Y con Villa María podría pasar lo mismo. Me parece que los museos de la ciudad debieran estar mejor aprovechados.

Reinauguración y después 

-El miércoles tu museo empieza a funcionar en Independencia 127. En cierto modo es una “reinauguración”, ¿no?


-Sí, totalmente. Y además una ampliación física y conceptual del Museo del Coleccionista porque nos vamos a una casa inmensa. 

-¿Y cómo definirías ese concepto?

-Nuestra idea de museo es que vos vengas no sólo a apreciar piezas arqueológicas sino a un lugar de amigos y de encuentro. Queremos poner mesas y un servicio de café. Y que puedas quedarte horas y llevarte a la mesa el libro que quieras examinar o el objeto que sea. Y que en la parte de la compraventa puedas encontrar desde un botón hasta una montura de caballo o una máquina de coser. Con mi mujer, que es villamariense, pensamos ponernos ese museo en las sierras, cuando me quedé sin trabajo en una empresa de Río Cuarto. Pero luego decidimos venirnos acá. Y fue una decisión muy acertada.

-¿Pensás que tu museo ya es patrimonio de la ciudad?

-Totalmente. Nosotros tenemos un proyecto mucho más grande, como te dije. Y queremos que la gente se lo apropie, que vengan escuelas a ver las piezas arqueológicas. Y sería un sueño poder trabajar mancomunadamente con el Municipio y con los demás museos. Queremos que la gente sienta que el Museo del Coleccionista es tan parte de la ciudad como lo soy yo mismo, que me apropié de Villa María y queme siento tan agradecido con esta ciudad.



Iván Wielikosielek  Redacción Puntal Villa María

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