Policiales | denuncia

Denuncia que vendió una moto y le pagaron con un cheque sin fondos

Hugo Omar Gili tiene 68 años, es comerciante y el 20 de marzo concretó el negocio: se firmó un boleto de compra-venta, él entregó la motocicleta y recibió un talón por el monto de 35 mil pesos, que nunca pudo cobrar
 
Vive en Colombia al 800, en el barrio Roque Sáenz Peña. Llegamos a media mañana de un jueves. El ingreso de su casa es el almacén. Hugo Omar Gili tiene 68 años y nos lleva a lo que, tal vez, sea el comedor. Es una sala pequeña. La mesa, de madera, ocupa gran parte del espacio. Saca la documentación de un folio y la desparrama.

—Esa moto. Después te explico —dice señalando una impresión en la que se observa el vehículo.

No se sabe exactamente cuándo, pero pone en venta una Suzuki modelo ‘98 amarilla y negra.

—Me llama una señora por teléfono y me dice que tenía un cheque de 35 mil pesos —cuenta y aclara que él la quería vender por 40 mil. 

Sin embargo, quería concretar otro negocio. Entonces, accede. 

Lo que figura en el boleto de compra-venta podría resumirse así: Gili se reúne con Maira Amado el 20 de marzo pasado y concreta la venta por el monto mencionado anteriormente. Ella, según consta, está domiciliada en Vélez Sarsfield al 1931, en la localidad de Las Varillas. Con respecto a la forma de pago, se detalla que se realiza “con un cheque de pago diferido La Calera con fecha 6 de marzo del 2019 a pagar el 30 de abril del 2019, cheque a nombre de Pucheta, Fabián”. En la última cláusula se añade: “El comprador se hace cargo de todo gasto en general y, si el cheque tuviese problema, se devuelve la moto”. En la parte inferior, las firmas, documento y número de teléfono de las partes.

—Ella estaba ahí, él ahí y yo acá —recuerda.

La mujer, de acuerdo con el testimonio de Gili, estaba con un hombre que probó el rodado por algunas de las calles del barrio.

—Todo mentira. Todo mentira. El cheque era bueno, lo averigüé. Pero cuando llegó la fecha, no tenía fondos. Para la Policía pasa a ser estafa eso, ¿no es cierto?

***

Desde Las Varillas hay unos 45 kilómetros hasta El Fortín, una localidad del departamento San Justo ubicada en el centro-este de la provincia. 

Cuando el cheque rebota, Gili hace algunas averiguaciones a través de Facebook y se entera de que los compradores eran de allí.

—La llamó y me dice: “Me separé de mi marido, estoy en Santa Fe, haga lo que quiera, denúncieme” y me cortó. La llamé de nuevo dos o tres veces y no me contestó más.

El hombre habla con su cuñado y su cuñado le cuenta que tiene un primo en El Fortín, que trabaja como secretario del intendente y que es encargado de una estación de servicio a la que, al parecer, habría ido a cargar nafta el hombre en dos o tres ocasiones.

Gili decide viajar e ir a la vivienda del presunto estafador: le recomiendan que, al llegar, vaya a la Policía y pida que lo acompañen. Va, pregunta y le explican que, para hacerlo, debe haber, previamente, una denuncia. “Bueno, entonces voy yo”, les responde. “Mire, si usted va y ellos llaman, lo tenemos que detener”, le contestan los funcionarios policiales.

Gili insiste y les dice que no tiene mala intención.

Gili insiste y bromea.

“Cualquier cosa desconecte el teléfono por un ratito”, dice y se va.

***

Se dirige, junto a su hijo, su sobrino y otra persona más, a la estación de servicio. Pregunta dónde queda la casa del hombre. Le dicen. Y parte.

—Estaban los empleados municipales juntando basura en la casa de él. Vamos a esperar que se vayan. Entonces doy una vuelta— relata Gili.

Da una vuelta. Pero aparecen efectivos de la localidad y de un pueblo vecino. 

—Nos tenían con las Ithacas en el suelo.

Habla con los miembros de la fuerza. Y regresa. En el camino, se detiene a tomar un café. Su esposa se comunica: “Che, recién llamó el de la moto y preguntó si estabas”.

Gili llama a la Policía. Le dicen que haga la denuncia, que vaya a Tribunales. Entonces va a la Unidad Judicial de Villa María.

—No me querían tomar la denuncia.

Sin embargo, tiempo después, pudo radicarla. Eso fue hace, aproximadamente, dos meses, cuando advirtió que, además, el hombre había puesto en venta la moto.

—Ahí te das cuenta que sabía que el cheque era robado o, no sé, mal habido.

Habrá más llamados. Gili no sabrá qué hacer. Irá a la Defensoría del Pueblo. Le dirán que no pueden hacer nada, excepto ver en qué instancia está la denuncia. Corroborarán que la denuncia todavía está en la Policía.

—Más de treinta días debe haber estado en un mostrador.

Volverá a la Unidad Judicial para solicitar que modifiquen un dato mal puesto en la denuncia. Y, al tener que realizar ese cambio, se la romperán y le harán una nueva: y, por ende, con una fecha nueva.

—Fijate la fecha. El 14 de mayo. ¿Cuánto hace? Estamos en julio. Hará un mes y algo. Pero me cambiaron la fecha porque me hicieron esta hoja nueva. La otra era de veinte días antes. ¿Me entendés?

***

Sobre la mesa, entre la documentación, está el cheque con el que quiso concretar el negocio que tenía planificado.

—Compré otra moto y entregué el cheque y plata. Cuando me rebotó el cheque, el tipo me apuró y apuró.

El cheque no tenía fondos. Llegaron a un acuerdo: le pagó 13 mil pesos ese día y la suma restante la entregó treinta días después.

Gili muestra los papeles. E insiste con uno: la captura de Facebook en la que se vende una moto, una Suzuki. La suya.



Franco Gerarduzzi.  Redacción Puntal Villa María

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