Actualmente ese cereal cuenta con una carga del 8,5% pero bajará un cuarto de punto por mes desde inicios de 2027. Hasta entonces mantendrá ese nivel impositivo.
Pero si eso pasara a ser cero, los efectos económicos se multiplicarían. El primer dato que aporta Fada es que la cosecha, que las bolsas actualmente ubican entre 68 y 70 millones de toneladas, cuando aún falta recolectar al menos la mitad de las hectáreas implantadas, podría crecer en 32 millones de toneladas adicionales, lo que representaría casi un 45% de incremento en volumen. Sólo eso implicaría una necesidad adicional de más de un millón de viajes de camión.
Pero, con un esquema libre de retenciones y mayores incentivos a la transformación industrial, el complejo maicero podría sumar 15.000 millones de dólares adicionales en generación de valor y crear 127.000 nuevos empleos privados.
Eso, a su vez, dejaría 19 millones de toneladas de granos adicionales para la exportación con un saldo extra de 4.200 millones de dólares.
Pero extendiendo la mirada a los últimos 3 años, si los recursos captados por las retenciones hubieran permanecido dentro de la cadena maicera, se podrían haber impulsado inversiones estratégicas para transformar el maíz en energía, proteínas animales y alimentos con mayor valor agregado.
El trabajo enumera, por ejemplo, que se podrían haber construido otras 15 plantas de bioetanol, ampliando la producción de combustibles renovables y la demanda interna de maíz; 8 plantas de biogás, destinadas a generar energía a partir de residuos agroindustriales y ganaderos; 6 molinos harineros, fortaleciendo la industrialización local y la elaboración de alimentos; 30 criaderos de cerdos y hasta 6 frigoríficos porcinos, agregando capacidad de procesamiento.