En diálogo con este medio, la psicóloga Mara Martínez Tais afirmó que, desde su lugar en el consultorio, es más común ver parejas que posponen tener hijos que las que deciden no tenerlos directamente. Dijo que la elección de no tener descendencia “no suele ser una decisión de por vida” .
“Seguimos un patrón muy antiguo, de la época industrial, donde la mujer era percibida como ama de casa y cuidadora del hogar, y el varón como proveedor económico”, explicó Martínez Tais. Y agregó: “El mandato socio-cultural era que la mujer debía ser madre, y el hombre, padre. Aquellos patrones se han modificado y hoy hay personas que deciden no seguir con el mandato de la maternidad/paternidad y son respetados. No hay que buscar una causa de por qué no se es padre, porque no es algo negativo”.
Y dijo: “Siempre existieron personas que han decidido no ser padres. La diferencia está en que antes era mal visto y hoy es una decisión más entendible y respetable”.
Por otro lado, la psicóloga sostuvo que el deseo de tener un hijo se presenta, a veces, como una elección relativa a los ideales sociales y familiares de cada sujeto.
En este sentido comentó que aquellas parejas que en un momento decidieron no tener hijos, luego sí lo desean pero no tienen la posibilidad biológica porque pasaron la etapa de la fertilidad. Es entonces cuando comienzan a buscar otras posibilidades, porque “lo que hace a un padre o madre no es la sangre o el apellido, sino más bien quien ama, cuida, y disfruta de la relación con su hijo”.
Y añadió: “No necesariamente tenemos que tener descendencia para sentirnos realizados. Las nuevas generaciones tienden a comprender que no hace falta cumplir con los mandatos sociales, y empezaron a darse cuenta que aquella no es la única manera de satisfacerse y sentirse realizados. Y desde ese lugar buscan otras alternativas para potenciarse”.
Además dijo que no hay estudios en psicología que caractericen a las parejas que no quieran tener hijos porque esta decisión dependerá de “la historia vital de cada uno de los integrantes de la pareja” y aclaró que en educación sexual y reproductiva, “sería una gran equivocación entrar en generalizaciones”.
De mujeres y clases sociales
Según la socióloga Patricia Chiavassa es necesario diferenciar el fenómeno de la maternidad entre clases sociales, porque “los comportamientos frente a ella son distintos según el sector de donde provenga, en este caso, la mujer”.
“En los sectores medios es común el postergar la maternidad, y no necesariamente abandonarla”, sostuvo Chiavassa.
También aclaró que es verdad que hay un retraso en la maternidad a nivel mundial, pero que éste “está siempre relacionado al acceso particularmente de las mujeres al mundo del trabajo y al mundo de la educación —sobre todo de la educación superior—. Y bien sabemos que no es el mismo acceso para mujeres de sectores populares que para mujeres de clases medias o altas”.
Por otro lado contó que, a partir de la década del 80, se ha visto una reducción de la natalidad en los sectores medios en general, e incluso un achicamiento de la familia. Así indicó que aquello “tiene que ver con una búsqueda de ascenso social, que está muy relacionada con la educación”. Para ello, indicó que hay una planificación más estratégica de las maternidades y paternidades. Manifestó que, en general, se tiene en cuenta que a un gran número de hijos se reducen las posibilidades de proveer educación y demás servicios para todos, por lo que suele privilegiarse la cantidad de hijos en función de eso.
“Suele pasar que las mujeres de sectores medios y altos, se encuentran con el secundario finalizado, acceden a una educación superior y más tarde entran al mundo del trabajo. Y si bien las mujeres hemos logrado avances en lo laboral, sabemos que la maternidad puede ser un factor que nos deje fuera en nuestra carrera profesional”, dijo Chiavassa.
De esta manera, lo contrastó con el caso de los sectores populares, donde la realidad es otra. “Nos encontramos hoy con que hay altos índices de embarazo adolescente, y esto no necesariamente tiene que ver con la falta de acceso a la educación sexual integral o de acceso a los métodos de anticoncepción. Puede tener que ver con la proyección de vida, de las trayectorias familiares e, incluso, hasta barriales, donde la maternidad cobra un valor y un sentido muy diferente al que puede tener en los sectores medios”, explicó.
“En algunas clases sociales hay un aceleramiento de la maternidad y, en otras, tal vez se posterga”, sintetizó la licenciada.
Asimismo dijo que “la maternidad sigue siendo un horizonte para las mujeres en general”, y aclaró que es cierto que, con los debates públicos y mediáticos -como lo fue por ejemplo el de despenalización del aborto- “se empieza a poner en discusión el hegemónico de feminidad, que era el mujer=madre, se abre otro tipo de debate y también se ponen en cuestionamiento las paternidades”. Y añadió: “Pero hasta el momento podemos seguir diciendo que lo hegemónico de feminidad está todavía asociado a la maternidad”.
Chiavassa también enfatizó en que las modificaciones con respecto al lugar de las mujeres frente a la maternidad “no son muchas”. Explicó que siguen siendo las mujeres las principales cuidadoras de los hijos, del hogar, de los enfermos y de ancianos.
“Eso lo demuestran las encuestas del uso del tiempo del cuidado de los hijos y del cuidado en general. Las mujeres le dedican entre 6 y 8 veces más de tiempo a esas tareas que los hombres. Siguen siendo las mujeres las principales encargadas de las tareas domésticas y de cuidado. Los hombres han ampliado su participación, que antes era prácticamente nula, a una participación menor, pero todavía están en modificación estos patrones”, comentó.
Y concluyó: “Son las mujeres las que atan su vida a sus hijos. Así ha sido históricamente y aún no se ven modificaciones en eso. Se empiezan a ver nuevos comportamientos y nuevas actitudes disidentes. Sin embargo, hoy estamos en un momento de transición, y creo que vamos hacia un camino de una sociedad igualitaria. Pero, en este momento, todavía no hay modificaciones sustanciales”.
Lara Martínez Bollo. Redacción Puntal Villa María.
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Y dijo: “Siempre existieron personas que han decidido no ser padres. La diferencia está en que antes era mal visto y hoy es una decisión más entendible y respetable”.
Por otro lado, la psicóloga sostuvo que el deseo de tener un hijo se presenta, a veces, como una elección relativa a los ideales sociales y familiares de cada sujeto.
En este sentido comentó que aquellas parejas que en un momento decidieron no tener hijos, luego sí lo desean pero no tienen la posibilidad biológica porque pasaron la etapa de la fertilidad. Es entonces cuando comienzan a buscar otras posibilidades, porque “lo que hace a un padre o madre no es la sangre o el apellido, sino más bien quien ama, cuida, y disfruta de la relación con su hijo”.
Y añadió: “No necesariamente tenemos que tener descendencia para sentirnos realizados. Las nuevas generaciones tienden a comprender que no hace falta cumplir con los mandatos sociales, y empezaron a darse cuenta que aquella no es la única manera de satisfacerse y sentirse realizados. Y desde ese lugar buscan otras alternativas para potenciarse”.
Además dijo que no hay estudios en psicología que caractericen a las parejas que no quieran tener hijos porque esta decisión dependerá de “la historia vital de cada uno de los integrantes de la pareja” y aclaró que en educación sexual y reproductiva, “sería una gran equivocación entrar en generalizaciones”.
De mujeres y clases sociales
Según la socióloga Patricia Chiavassa es necesario diferenciar el fenómeno de la maternidad entre clases sociales, porque “los comportamientos frente a ella son distintos según el sector de donde provenga, en este caso, la mujer”.
“En los sectores medios es común el postergar la maternidad, y no necesariamente abandonarla”, sostuvo Chiavassa.
También aclaró que es verdad que hay un retraso en la maternidad a nivel mundial, pero que éste “está siempre relacionado al acceso particularmente de las mujeres al mundo del trabajo y al mundo de la educación —sobre todo de la educación superior—. Y bien sabemos que no es el mismo acceso para mujeres de sectores populares que para mujeres de clases medias o altas”.
Por otro lado contó que, a partir de la década del 80, se ha visto una reducción de la natalidad en los sectores medios en general, e incluso un achicamiento de la familia. Así indicó que aquello “tiene que ver con una búsqueda de ascenso social, que está muy relacionada con la educación”. Para ello, indicó que hay una planificación más estratégica de las maternidades y paternidades. Manifestó que, en general, se tiene en cuenta que a un gran número de hijos se reducen las posibilidades de proveer educación y demás servicios para todos, por lo que suele privilegiarse la cantidad de hijos en función de eso.
“Suele pasar que las mujeres de sectores medios y altos, se encuentran con el secundario finalizado, acceden a una educación superior y más tarde entran al mundo del trabajo. Y si bien las mujeres hemos logrado avances en lo laboral, sabemos que la maternidad puede ser un factor que nos deje fuera en nuestra carrera profesional”, dijo Chiavassa.
De esta manera, lo contrastó con el caso de los sectores populares, donde la realidad es otra. “Nos encontramos hoy con que hay altos índices de embarazo adolescente, y esto no necesariamente tiene que ver con la falta de acceso a la educación sexual integral o de acceso a los métodos de anticoncepción. Puede tener que ver con la proyección de vida, de las trayectorias familiares e, incluso, hasta barriales, donde la maternidad cobra un valor y un sentido muy diferente al que puede tener en los sectores medios”, explicó.
“En algunas clases sociales hay un aceleramiento de la maternidad y, en otras, tal vez se posterga”, sintetizó la licenciada.
Asimismo dijo que “la maternidad sigue siendo un horizonte para las mujeres en general”, y aclaró que es cierto que, con los debates públicos y mediáticos -como lo fue por ejemplo el de despenalización del aborto- “se empieza a poner en discusión el hegemónico de feminidad, que era el mujer=madre, se abre otro tipo de debate y también se ponen en cuestionamiento las paternidades”. Y añadió: “Pero hasta el momento podemos seguir diciendo que lo hegemónico de feminidad está todavía asociado a la maternidad”.
Chiavassa también enfatizó en que las modificaciones con respecto al lugar de las mujeres frente a la maternidad “no son muchas”. Explicó que siguen siendo las mujeres las principales cuidadoras de los hijos, del hogar, de los enfermos y de ancianos.
“Eso lo demuestran las encuestas del uso del tiempo del cuidado de los hijos y del cuidado en general. Las mujeres le dedican entre 6 y 8 veces más de tiempo a esas tareas que los hombres. Siguen siendo las mujeres las principales encargadas de las tareas domésticas y de cuidado. Los hombres han ampliado su participación, que antes era prácticamente nula, a una participación menor, pero todavía están en modificación estos patrones”, comentó.
Y concluyó: “Son las mujeres las que atan su vida a sus hijos. Así ha sido históricamente y aún no se ven modificaciones en eso. Se empiezan a ver nuevos comportamientos y nuevas actitudes disidentes. Sin embargo, hoy estamos en un momento de transición, y creo que vamos hacia un camino de una sociedad igualitaria. Pero, en este momento, todavía no hay modificaciones sustanciales”.
Lara Martínez Bollo. Redacción Puntal Villa María.

