Uno de los reclamos que se escucharon en las marchas por el Día Internacional de la Mujer, especialmente por parte de los grupos de estudiantes, ha sido la necesidad de la plena vigencia de la Ley de Educación Sexual Integral.
Asimismo, uno de los momentos más aplaudidos del discurso del presidente Alberto Fernández el domingo primero de marzo ante la Asamblea Legislativa -y más comentado en redes de mujeres, que llorábamos frente a la pantalla- fue sin duda alguna el anuncio de que enviará un proyecto de ley para la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo.
Cuestión central
Esa enorme satisfacción por el reconocimiento de un reclamo histórico podría equipararse a la sentida frente a los fundamentos, también explicitados en ese discurso, para dar cabal cumplimiento a la Ley de Educación Sexual Integral. No solamente porque el lema de las movilizaciones en las calles, de los centros de estudiantes, de los sindicatos docentes ha sido "educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir". También porque se presenta en el contexto de un gobierno político comprometido con la igualdad de género en sentido pleno y esa perspectiva recupera y fortalece el sentido que orienta a la Educación Sexual Integral.
La ESI es un gran proyecto ético de justicia social e igualdad, que excede la prevención del embarazo, de la transmisión de infecciones o del aborto.
La igualdad y la justicia social requieren que se profundice la transformación cultural contra los sesgos machistas en todos los planos de nuestra vida social. Y las escuelas en todos los niveles, desde la escuela infantil hasta la universidad, son espacios en los que se reproducen esas desigualdades y el padecimiento, o se producen esas transformaciones.
Así se evidencia ya en las denuncias frente al Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos aires: en el 80 por ciento de los casos, los niños, niñas y adolescentes denunciantes habían tenido ESI en sus escuelas.
Temores infundados
A veces por desconocimiento, a veces por haber tenido una educación plagada de tabúes, se sospecha que la ESI puede dañar a niños/as y jóvenes, que promueve experiencias de manera anticipada o que distorsiona valores consagrados. Nada más lejos de un proyecto de justicia social e igualdad que el Presidente de la Nación se ha comprometido a fortalecer.
En esa dirección, en el ámbito del Ministerio nacional se ha creado una Dirección Nacional de Derechos Humanos, Género y Educación Sexual Integral, y la ESI vuelve a tener centralidad en las políticas educativas.
Trabajo interdisciplinario
Sin embargo, sabemos que el sector educación necesita fuertes vinculaciones con otras áreas de gobierno para dar cabal cumplimiento a ese proyecto.
En el gobierno nacional de Alberto Fernández está presente esa perspectiva de la "integralidad" en todas las carteras para que no queden en soledad los/as docentes con la cantidad de temáticas que afloran cuando se habla de sujetos y experiencias reales.
De este modo, en los ministerios de Salud, Desarrollo Social y Justicia, y sobre todo en Mujeres, Géneros y Diversidad, tienen tarea en el gran proyecto de la igualdad de género. De eso trata el compromiso enunciado en el discurso del primero de marzo.
* Exdecana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde desde hace un año sedicta la primera diplomatura en Educación Sexual Integral (ESI).
Graciela Morgade * Subsecretaria de Participación y Democratización Educativa
Comentá esta nota
Cuestión central
Esa enorme satisfacción por el reconocimiento de un reclamo histórico podría equipararse a la sentida frente a los fundamentos, también explicitados en ese discurso, para dar cabal cumplimiento a la Ley de Educación Sexual Integral. No solamente porque el lema de las movilizaciones en las calles, de los centros de estudiantes, de los sindicatos docentes ha sido "educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir". También porque se presenta en el contexto de un gobierno político comprometido con la igualdad de género en sentido pleno y esa perspectiva recupera y fortalece el sentido que orienta a la Educación Sexual Integral.
La ESI es un gran proyecto ético de justicia social e igualdad, que excede la prevención del embarazo, de la transmisión de infecciones o del aborto.
La igualdad y la justicia social requieren que se profundice la transformación cultural contra los sesgos machistas en todos los planos de nuestra vida social. Y las escuelas en todos los niveles, desde la escuela infantil hasta la universidad, son espacios en los que se reproducen esas desigualdades y el padecimiento, o se producen esas transformaciones.
Así se evidencia ya en las denuncias frente al Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos aires: en el 80 por ciento de los casos, los niños, niñas y adolescentes denunciantes habían tenido ESI en sus escuelas.
Temores infundados
A veces por desconocimiento, a veces por haber tenido una educación plagada de tabúes, se sospecha que la ESI puede dañar a niños/as y jóvenes, que promueve experiencias de manera anticipada o que distorsiona valores consagrados. Nada más lejos de un proyecto de justicia social e igualdad que el Presidente de la Nación se ha comprometido a fortalecer.
En esa dirección, en el ámbito del Ministerio nacional se ha creado una Dirección Nacional de Derechos Humanos, Género y Educación Sexual Integral, y la ESI vuelve a tener centralidad en las políticas educativas.
Trabajo interdisciplinario
Sin embargo, sabemos que el sector educación necesita fuertes vinculaciones con otras áreas de gobierno para dar cabal cumplimiento a ese proyecto.
En el gobierno nacional de Alberto Fernández está presente esa perspectiva de la "integralidad" en todas las carteras para que no queden en soledad los/as docentes con la cantidad de temáticas que afloran cuando se habla de sujetos y experiencias reales.
De este modo, en los ministerios de Salud, Desarrollo Social y Justicia, y sobre todo en Mujeres, Géneros y Diversidad, tienen tarea en el gran proyecto de la igualdad de género. De eso trata el compromiso enunciado en el discurso del primero de marzo.
* Exdecana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde desde hace un año sedicta la primera diplomatura en Educación Sexual Integral (ESI).
Graciela Morgade * Subsecretaria de Participación y Democratización Educativa

