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El "diablo" con cinco estrellas

Pablo Vicario manifestó que "los títulos son inolvidables, mucho más el de 1996, porque fue el primero de Yrigoyen". Sin embargo, afirmó: "El torneo Argentino B en el que goleamos dos veces a Sportivo Belgrano fue algo histórico"

“Tuve la suerte de vivir esa hermosa etapa del club de mi pueblo, en el que se ganó el primer título, al año siguiente otro, y después afrontar un Argentino B histórico. Viajar por el país con esos amigos del club, un grupo bárbaro, fue tan inigualable como revolucionario”.

Pablo Vicario es uno de los principales héroes del primer campeonato de Hipólito Yrigoyen, pero además el único que logró las tres primeras estrellas en el “diablo rojo” de Tío Pujio.

A ellas le agrega un par de títulos con Acción Juvenil de General Deheza en la Liga Riocuartense, y esencialmente participaciones recordadas en torneos superiores.

Hijo de Oscar, dirigente histórico de Yrigoyen, hermano mayor de Germán, el DT más laureado de los últimos años en la Liga, Pablo afirma que hoy su lugar en el fútbol “es acompañando a Santiago”.

Su hijo (19 años), fruto de su amor con su señora María Angélica, juega de delantero en Yrigoyen. “La Escuelita de Fútbol del pueblo me permitió no sufrir tanto dejar el fútbol, aunque nada es igual a estar adentro de una cancha. Hasta 2016 fue un placer trabajar con los niños del pueblo, y ver a muchos salir campeón en Primera, y hoy compartir con otros mi trabajo en Saputo, es una gran satisfacción. La idea era formarlos como jugadores y para la vida”.

La Escuelita de Fútbol fue un mojón en la historia del pueblo, porque no sólo que era sin cargo para los niños, sino que tenía inserta mucho más que la tarea de enseñar fútbol y educar, sino también contener y hasta alimentar, sueños del pibe que “fueron como los míos cuando fui chico”.

Antes de contar su gran historia como futbolistas resalta que “en la empresa estoy en la parte de logística, coordino todo l que es distribución en mercado interno, y trabajo en mi casa, como lo hacía en la fábrica. Es un cambio, pero se pudo continuar trabajando normal, y se comparte con la familia”.

Como buen “diablo”, hizo estragos

Pablo Vicario es reconocido en el fútbol unánimemente como mejor compañero. Esa imagen como persona fue el mejor premio que tuvo.

Aunque como jugador, tenía todo lo que necesitaba un volante. Marca, entrega, despliegue, quite, precisión en los pases, creatividad y hasta llegada al gol aunque con humildad agrega que “no hice muchos goles, pero algunos fueron importantes”.

Insistió en que “mi familia es muy futbolera, y mi mamá y mis hermanas se tuvieron que adaptar. Para mi papá la panadería y el fútbol son esenciales. Hoy sin fútbol anda trepando por las paredes de la panadería. Extraña demasiado”.

El primer título fue inolvidable para nosotros, pero para la memoria de los futboleros, el equipo de Yrigoyen que jugó el torneo Argentino B fue histórico El primer título fue inolvidable para nosotros, pero para la memoria de los futboleros, el equipo de Yrigoyen que jugó el torneo Argentino B fue histórico

Recalcó que “un club de pueblo llegó a ocupar un lugar al que sólo Alumni había llegado. Ese verano del 98 ocupamos su lugar”.

“Jugábamos en Plaza Ocampo, y la prensa hablaba de nuestra participación todo el tiempo. Ojalá Yrigoyen vuelva a vivir algo similar, porque fue muy lindo”, dijo.

Insiste en que “pasaron los años, y se acuerdan. Nadie vivía del fútbol en ese plantel, pero le dimos importancia como si lo fuéramos”.

Explicó que “nos propusimos estar a la altura. Nos tocó una zona complicada, y aunque veníamos de ganar los títulos del 96 y 97, era inédito para Yrigoyen llegar a jugar ese torneo con Sportivo Belgrano, el campeón de Río Cuarto (Roncedo) y un histórico equipo de Huracán de Laboulaye”.

Dos palizas a los “gringos del Este”

Vicario dijo que “resultó todo inolvidable desde el debut en San Francisco, donde goleamos 5-2 a Sportivo Belgrano, que tenía como refuerzos a ‘Tano’ Spalina y Daniel Primo. Ese día empezamos perdiendo. Lo más loco es que en Plaza Ocampo le volvimos a ganar 3-1, y con un hombre menos desde el primer tiempo”.

Sostuvo que “cada vez que nos juntamos vuelven los recuerdos de cada viaje, y cada partido. Debuté en el 93, año en el que el club había llegado a semifinales de un Provincial. Luego jugué semifinal en 94, final en el 95, hasta que la ganamos en el 96 contra Colón, al año siguiente volvimos a ganar el título ante Alem, y en el ‘98 afrontar este torneo superior. Fue todo rápido y aunque no tuve la suerte de jugar a un nivel profesional, esta competencia nos marcó”.

Prepararse para otro nivel

Resaltó que “veníamos de ganarle una final del campeonato Clausura 97 a Alem, y luego vencimos en el duelo por la plaza al Argentino B a Colón. Estábamos con un envión importante”.

Remarca que “trabajamos en una pretemporada con tiempo y en diferentes lugares como el predio de Atilra o el Parque de Villa Nueva, el Polideportivo de Villa María, y vinieron refuerzos importantes”.

Estima que “no era un equipo profesional, pero tenía jugadores como Fabián Rimunda, Alberto Ortiz, Diego Marín, Osvaldo Gómez, Fabián Ponce, que se sumaban a Adrián López, Marcelo Escudero, ‘Beto’ Arena, ‘Pingüino’ Dequino, Bizzarri, Gardiol. Fue algo increíble ese campeonato”.

Consideró que “a ese triunfo con Sportivo Belgrano en el debut no lo soñó nadie. Fue 5-2, viajamos en colectivo de dos pisos, que no eran habituales, todos con la misma ropa de calle, y estuvimos a la altura del partido y del torneo”.

Y al respecto agregó: “La cabeza funcionaba de otra manera. La motivación era grande. No nos importó que Sportivo Belgrano nos hiciera un gol, y que la cancha estuviera llena. Lo pasamos por arriba y cada contra era un gol”.

Insiste que “no sólo fue el 5-2, sino que en la segunda rueda lo echan a Dequino en el inicio del partido, y le ganamos 3-1”.

Destacó que “fue una sorpresa. La gente de Villa María nos iba a ver, ya que ese Sportivo había dejado afuera del torneo Argentino B a Alumni. Representábamos a una zona importante, pero los candidatos eran Sportivo y Roncedo, que representaba a Córdoba y Río IV”.

Curiosamente “los dos candidatos quedaron afuera. Ganamos la zona, y el otro clasificado fue Huracán de Laboulaye, que nos ganó 3-0 en Plaza Ocampo, y en Laboulaye le ganamos 3-0 nosotros”.

Recuerda que “Spalina y Primo, que eran refuerzos de Sportivo, se van a Américo Tesorieri de La Rioja, y los eliminamos en esa segunda fase, en la que también jugó un equipo de Chilecito”.

La Rioja marca a fuego la campaña

La situación económica marca a fuego a Yrigoyen, porque ser amateur y tener que jugar “un miércoles en Chilecito en pleno enero. Llegamos a las 7 de la mañana y paramos en una pensión de techo de lata. Dormimos la siesta y luego empatamos en una cancha fea”.

“La mayoría trabajaba. Volvimos a Tío Pujio, y al domingo siguiente jugamos en La Rioja”, recordó.

Aclaró que “fue una cosa de locos. Salimos a las 6, porque a esa hora salían los chicos de laburar. Jugábamos, y teníamos que volver para que los chicos llegaran”.

Resalta que “ganamos en La Rioja, y hasta nos dimos el gusto de recorrer el centro. Bomprezzi con Escurra y Dequino pararon el tránsito en el centro y bailaban con una pareja de recién casados. Fue un festival. Les ganamos en la Plaza”.

Los recursos igual se acababan, y pese a ganar la Segunda fase, en la Tercera el plantel había perdido varias piezas. “La historia terminó con Unión de Villa Krause y Newbery de Villa Mercedes. Ya viajábamos en autos particulares y en una traffic. Javier Carassai jugaba en Newbery, y Núñez en Unión. Bajo la lluvia perdimos en la Plaza. No fue nadie. No había un peso y se terminó el sueño, pero hicimos historia con un equipo que aún hoy recuerda todo Tío Pujio”.