Lejos de cuestionar la figura del Diez, Simonetti centró su análisis en las condiciones estructurales de cada disciplina y en el nivel de complejidad que enfrenta el polista en competencia.
“Maradona juega con una pelota grande, con los dos pies sobre una gramilla perfecta”, explicó, antes de contraponer ese escenario con el contexto del polo profesional.
La complejidad del alto handicap
Para el empresario, el desafío que asume Cambiaso es incomparable. “Juega arriba de cuatro patas, en un campo con irregularidades, por eso muchas veces la pelota se lleva en el aire para que no pique”, detalló.
A esa dificultad se suman la velocidad del juego, que puede superar los 40 kilómetros por hora, y el manejo de un taco de casi dos metros, que exige precisión absoluta en cada acción.
Simonetti también subrayó el componente estratégico del deporte, al recordar que un jugador puede utilizar entre cinco y seis caballos por partido, los cuales deben administrarse y rotarse de acuerdo con la intensidad del encuentro.
“Es una locura, tenés que ser una computadora”, sostuvo, en alusión a la cantidad de decisiones simultáneas que el polista debe tomar mientras coordina cuerpo, caballo y juego.
Comparación sin desmerecer
En contraste, el fundador de La Martina describió al fútbol como un entorno más estable para el despliegue individual. “Maradona tiene sus piernas, el pasto, una pelota y diez compañeros que lo cubren”, señaló.
La afirmación no buscó minimizar la grandeza del ídolo argentino, sino destacar la complejidad técnica y mental que, a su entender, convierte al polo en una disciplina de máxima exigencia.
La opinión de Simonetti reavivó una discusión eterna: cómo medir el talento entre deportes tan distintos. Para él, el contexto, el riesgo y la dificultad operativa inclinan la balanza hacia Cambiaso, en un debate que promete seguir abierto.